Se fue a una isla a pasar el fin de semana y, 18 meses después, no puede salir de allí
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EN LA POLINESIA FRANCESA

Se fue a una isla a pasar el fin de semana y, 18 meses después, no puede salir de allí

Una joven británica que se fue de viaje a Tonga para un par de días vio cómo las fronteras se cerraron nada más llegar y no ha podido volver desde entonces

Foto: Zoe lleva casi 18 meses en Tonga sin poder salir (Instagram/tongadiaries)
Zoe lleva casi 18 meses en Tonga sin poder salir (Instagram/tongadiaries)

Zoe Stephens es una joven británica de 27 años que estuvo viviendo en China durante durante dos años hasta 2019. Después, decidió conocer buena parte de Asia, así que se quedó varios meses viajando por el continente hasta que, en marzo de 2020, todos los telediarios hablaban solo de coronavirus. Entonces, decidió coger un vuelo para llegar a la Polinesia y conocer Tonga.

Este país de apenas 100.000 habitantes se encuentra en el Pacífico Sur y está formado por más de 170 islas. Pero lo que estaba destinado a ser un viaje de fin de semana para conocer esa cultura se ha convertido en una estancia de ya casi 18 meses. Porque Tonga es uno de los pocos países del mundo que no ha registrado ni un solo caso de covid-19.

Esta británica explica a la CNN que, "probablemente, soy una de las pocas personas en el mundo que nunca antes ha tenido que usar una mascarilla. No he utilizado una durante toda esta pandemia. Creo que será bastante extraño ir a un mundo donde tanta gente las usa". En todo este tiempo ha estado viviendo en la playa, cuidando de la casa de una familia que no podía regresar por las restricciones de viajes existentes.

Aburrimiento en el paraíso

Durante estos meses, Zoe ha aprovechado para comenzar un máster online en comunicaciones internacionales. Pero, aunque vivir en una playa polinesia libre de covid-19 puede parecer idílico, para ella no lo es tanto: "No hay mucha gente que pueda identificarse con el hecho de estar atrapada en una isla sin tus amigos o tu familia, en un país al que no has llegado deliberadamente".

Las primeras semanas fueron muy duras, porque coincidieron con un confinamiento estricto: "Fue muy, muy intenso. Únicamente podías salir de casa una vez a la semana para ir a comprar comida y te apuntaban la matrícula del coche y el nombre. Todo en el país estaba cerrado. Tiendas, restaurantes, todo, excepto una o dos tiendas".

Después, las cosas se relajaron aunque el país siguió cerrado al exterior. Quiso volver a China varias veces para retomar su vida, pero fue imposible, así que ahora se dedica a pasear a sus perros por la playa, estudiar por internet y "mantenerme ocupada. Me divierto con los amigos yendo a uno de los tres bares o comiendo en uno de los pocos restaurantes, algo así, y luego vuelvo a casa. Es muy, muy aburrido".

Además de practicar paddle boarding y esnórquel, Zoe reconoce que "lo más difícil de estar atrapada aquí durante casi un año y medio fue aceptar que no iba a ir a ningún sitio a corto plazo". De hecho, apenas se llevó cosas para el viaje, ya que iba a estar solo unos días, por lo que se ha quedado sin sus gafas y su Kindle, algo que le ha pasado factura porque hasta hace meses ninguna librería de Tonga estuvo abierta.

Zoe tiene previsto regresar al Reino Unido a finales de agosto, aunque no tiene claro que pueda hacerlo finalmente. Reconoce que "irme será muy, muy agridulce, por supuesto, porque he empezado a construir una vida aquí", pero también tiene claro que "aquí nada es real. La gente dice: 'cómo puedes dejar una isla paradisíaca'. Y yo digo, 'es genial aquí, pero no es mi vida real'. No es lo que elegí hacer. No elegí estar aquí. Es increíble, pero no lo quiero".

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