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La curiosa historia de la fotografía 'post mortem'
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La curiosa historia de la fotografía 'post mortem'

En los siglos XIX y XX se puso de moda la curiosa costumbre de fotografiar a los que habían fallecido, con motivo de recordar a los que se quedaban en la Tierra como habían sido

Foto: Fuente: Oakenroad/ Flickr.
Fuente: Oakenroad/ Flickr.

¡Di 'patata' que estás muerto! Por mucho que tratemos de acostumbrarnos a la idea de que algún día dejaremos este mundo y nuestros huesos se convertirán en polvo y cenizas, desapareceremos para siempre y no tendremos conciencia, no podemos. La muerte está ligada irremediablemente a la vida, pero nos cuesta dejar a aquellos que se van antes que nosotros y no podemos pensar en el vacío sin sentir miedo en el estómago.

Al fin y al cabo, lo que nos distingue de prácticamente todos los demás animales que habitan la Tierra, es justamente esa constancia de que somos finitos. El hombre evolucionó cuando comenzó a rendir honor a sus muertos, con la idea de no olvidarlos jamás y reunirse con ellos en una hipotética próxima vida.

En el Renacimiento los retratos de difuntos se conocían como 'memento mori' ('recuerda que morirás' en latín)

El arte, que también nos distingue del resto de animales y nos hace humanos, también ayudó a recordar a los que se marcharon: en el Renacimiento los retratos de difuntos se conocían como 'memento mori' ('recuerda que morirás' en latín). En contraposición a lo humano están los bodegones, que también nos recuerdan que nada de lo que está en la Tierra es eterno.

placeholder  Flickr/oakenroad.
Flickr/oakenroad.

Y en relación con todo esto está la fotografía post-mortem, una práctica que quizá a día de hoy puede sorprendernos: la de fotografiar a un fallecido reciente. La composición de retratos de muertos, especialmente de religiosos y niños, se generalizó en Europa desde el siglo XVI, los primeros porque consideraban que era una vanidad retratarse en vida, y en el caso de los segundos se hacía para preservar su imagen pura.

Curiosamente, aunque sabemos que los faraones egipcios se momificaban o que en la Antigua Roma se fabricaban máscaras mortuorias, las fotografías de muertos causan mucho más impacto, quizá porque son fallecidos más cercanos a nosotros en el tiempo (el XIX y principios del XX fueron los siglos donde se dio esta práctica), y los consideramos más humanos.

Sea como fuere, fueron especialmente populares en Europa y algunas zonas de América Latina. Los retratos mortuorios se hacían de distintas maneras, o bien fingiendo estar vivo (se les fotografiaba con los ojos abiertos), simulando estar dormido (por lo general se hacía con los niños, como si fueran a despertar de un dulce sueño) o sin simular nada, en el lecho de muerte o el féretro. Conforme avanzaba el tiempo, las prácticas mejoraron y algunas fueron cercanas incluso al fotoperiodismo.

Los retratos mortuorios se hacían de distintas maneras, fingiendo estar vivo (se fotografiaba con los ojos abiertos), simulando estar dormido...

La primera de las fotografías de este tipo está fechada en agosto de 1839, con la aparición del daguerrotipo, inventado en París por Louis Daguerre. Sirvió para democratizar la fotografía, pues los retratos habían sido históricamente 'cosa de ricos' y con su invento las familias con menos recursos pudieron también inmortalizar sus imágenes.

Así, comenzaron los fotógrafos profesionales a ofrecer sus servicios para acudir a domicilio y retratar a aquellos que habían pasado a mejor vida. Nos parece macabro, pero en realidad no era más que una forma de que los que se quedaban en la Tierra recordasen al fallecido como era. En nuestro país no fue menos, y muchos fotógrafos famosos retrataron estas escenas.

placeholder  Irónicamente, los vivos salen menos nítidos que los muertos. (Flickr/ oakenroad)
Irónicamente, los vivos salen menos nítidos que los muertos. (Flickr/ oakenroad)

Acostumbrados como estamos a fotografiarnos continuamente, especialmente desde que aparecieron los teléfonos inteligentes, quizá esta práctica pueda sonar morbosa y peculiar, pero al fin y al cabo no era más que un recuerdo que el familiar se permitía atesorar para la posteridad, con el fin de no olvidar a aquella persona que había sido importante para él en vida.

La primera de las fotografías de este tipo está fechada en agosto de 1839, con la aparición del daguerrotipo, inventado en París por Louis Daguerre

Quizá en aquellos momentos la muerte no era un tabú como ahora, y los seres humanos, con una esperanza de vida más baja que en la actualidad, no se engañaban pensando en su inmortalidad, sino que entendían perfectamente que desde el momento en que llegamos a la Tierra comenzamos a descomponernos lentamente como seres perecederos que somos.

Y, al fin y al cabo, el retrato, la fotografía o el bodegón no son más que eso: un intento de agarrar con las yemas de los dedos un instante determinado con el fin de convertirlo en eterno, intentando escapar del paso del tiempo, en pos de una inmortalidad digna de dioses que, a día de hoy, todavía no se nos ha concedido.

¡Di 'patata' que estás muerto! Por mucho que tratemos de acostumbrarnos a la idea de que algún día dejaremos este mundo y nuestros huesos se convertirán en polvo y cenizas, desapareceremos para siempre y no tendremos conciencia, no podemos. La muerte está ligada irremediablemente a la vida, pero nos cuesta dejar a aquellos que se van antes que nosotros y no podemos pensar en el vacío sin sentir miedo en el estómago.

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