Ohaguro, la belleza de tener los dientes negros (que quizás vuelva)
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Ohaguro, la belleza de tener los dientes negros (que quizás vuelva)

Se consideraba beneficioso para la salud, porque prevenía el deterioro de los dientes. Adolescentes, mujeres en edad casadera, samuráis o nobles fueron 'fans' de esta práctica

placeholder Foto:  'Ennegrecido de dientes' de Utagawa Kunisada.
'Ennegrecido de dientes' de Utagawa Kunisada.

Aunque en Occidente uno de los símbolos de la belleza es poseer unos dientes blancos como perlas, hace un tiempo que se puso de moda en algunas redes sociales como TikTok ennegrecerse los dientes con carbón, aunque tenía truco: se suponía que dicho elemento, según aseguraban muchos influencers que lo habían probado, servía justamente para blanquear las piezas dentales e incluso se llegó a comercializar en forma de jabón o pastillas.

Ahora bien, aunque de primeras eso de ver a la gente con los dientes completamente negros asustaba un poco, lo cierto es que en la historia de la humanidad ha existido una moda así. Al fin y al cabo, la historia del ser humano es diversa y larga, y es normal que de vez en cuando hayan existido ciertas modas que puedan captar nuestra atención por extravagantes. En concreto, se conoce a esa idea de ennegrecer los dientes como 'Ohaguro', y surgió en Japón hacia el siglo X, durante los periodos Edo y Heian principalmente.

Durante los periodos Edo y Heian mujeres casadas, samuráis o aristócratas ennegrecían sus dientes con una solución de limadura de hierro y vinagre

Para ello utilizaban una solución de limadura de hierro y vinagre llamada 'kanemizu', y se trataba de una tradición que practicaban especialmente las mujeres casadas y algunos hombres, miembros de la aristocracia o samuráis. Se creía que era beneficioso para la salud, pues prevenía el deterioro de los dientes, y según algunas teorías (su origen no está del todo claro), podía tener que ver con el hecho de que los objetos negros se consideraban de gran belleza, aunque otros apuntan al hecho de que los dientes son la única parte del esqueleto que se encuentra a la vista y, por ello mismo, podían considerarse tabú. De cualquier forma, en algunas zonas de China y el sudeste asiático también se realizaba dicha práctica.

Lo que comenzó en un principio como un rito de madurez entre las chicas adolescentes de la nobleza del periodo Heian, fue imitado después por mujeres de todas las clases sociales. Tiempo después, casi todos los nobles que alcanzaban la mayoría de edad se teñían los dientes, así como los samuráis que pasaban su periodo de iniciación. Incluso llegó a hacerlo la Familia Imperial hasta el final del periodo Edo. Las primeras referencias escritas aparecen en el 'Genji Monogatari', que data del siglo XI, y en 'La princesa que amaba los insectos' del siglo XII. En el último se habla de la protagonista y de su repugnante aspecto al tener las cejas sin depilar por completo como 'orugas peludas' y los dientes sin teñir como 'orugas de piel'.

placeholder  'Geisha ennegreciéndose los dientes a la 1 de la madrugada' de  Tsukioka Yoshitoshi
'Geisha ennegreciéndose los dientes a la 1 de la madrugada' de Tsukioka Yoshitoshi

También llegó a considerarse aceptable entre las geishas, aunque nunca entre los marginados o los más pobres. Durante el periodo Muromachi, en la celebración de los matrimonios había una figura específica que se encargaba de ennegrecer los dientes de la novia. Lo cierto es que la práctica fue cayendo en el desuso con el paso de los siglos debido al fuerte olor que producía y lo complicado de su preparación, hasta el punto de que solo lo usaban las mujeres que iban a casarse, las prostitutas o las geishas. En 1870 el gobierno prohibió la práctica en hombres y cuando tres años después apareció la emperatriz Shōken en público con los dientes blancos, muchas mujeres fueron abandonándola. La posterior occidentalización del país llevó a que el ohaguro quedara exclusivamente para el teatro kabuki o las maiko.

¿Cómo se aplicaba?

Se usaban diversos recipientes y herramientas: el mimidarai (un cuenco con asas) sobre el que se colocaba la watashigane (una bandeja en la que se ponían los elementos en los que se aplicaba el tinte). Los elementos pequeños (la cajita con polvo, el 'haguro-tsugi' con el que se administraba el tinte o incluso un pequeño cuenco para realizar gárgaras después) se guardaban en un estuche más grande (haguro-bako). Los dientes se frotaban cuidadosamente con la cáscara de una granada, y debía aplicarse como mucho dos días después desde que se había hecho por primera vez, pues así se conseguía o mantenía el negro lacado deseado. De lo contrario se perdía ese brillo y acababa con una tonalidad grisácea que no gustaba.

En Tailandia, cuando en el siglo XIX el rey Mongkut perdió su dentadura la sustituyó por una artificial tallada en madera de color rojo oscuro

La práctica fue tan extendida que surgieron muchas leyendas e historias al respecto. En Yoshiwara, en Edo (ahora Tokio), que era donde se encontraba el principal barrio rojo del país hacia el siglo XVII, existía un pequeño pozo de agua al que llamaban el 'Canal de los dientes negros' por la abundancia de prostitutas con dientes teñidos que paseaban por sus alrededores.

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Retrato de joven del norte de Vietnam con los dientes ennegrecidos, hacia 1905.

Y, como decíamos al principio, en otras zonas de Asia la práctica también fue muy extendida. En Tailandia, por ejemplo, cuando en el siglo XIX el rey Mongkut perdió su dentadura la sustituyó por una artificial tallada en madera de color rojo oscuro. En India, la famosísima reina Rani Padmini fue protagonista (o quizá sus dientes) de unos versos del épico poema 'Padmavat' de Malik Muhammad Jayasi: "Con misi oscurecidos sus blancos dientes / como diamantes en un pedestal centellean". Puede parecernos raro, pero probablemente las próximas generaciones vean con horror muchas de las tendencias actuales. Al fin y al cabo, la moda es tan fea que tiene que cambiar cada seis meses.

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