Grasas trans: ¿son realmente tan peligrosas como dicen?
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Grasas trans: ¿son realmente tan peligrosas como dicen?

La respuesta es sí. Detrás de ese apetitoso pastel o de esa tentadora pizza, se esconden ácidos grasos trans que aumentan el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular

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A menudo, tendemos a agrupar los alimentos en ‘buenos’ y ‘malos’, pero con esta clasificación siempre hay polémica en el seno de la comunidad científica. Mientras se ha estado debatiendo el papel de las grasas saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas, hay otro tipo de grasas sobre las que no hay discusión. Hablamos de los ácidos grasos trans, sobre los que hay unanimidad a la hora de apuntar que son perjudiciales para la salud, y por ello desde hace años se está regulando su uso en distintos países del mundo.

Así, el pasado 2 de abril fue la fecha marcada por la Unión Europea para poner en marcha la nueva legislación que limita el uso de grasas trans en los alimentos a un máximo de dos gramos por cada 100 gramos de grasa. Era una antigua reclamación de los expertos en salud cardiovascular, ya que cada vez son más los estudios que sugieren que su consumo se relaciona con enfermedades como infarto, ictus, aumento del colesterol malo e hipertensión, así como con obesidad, diabetes e incluso cáncer.

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Pero ¿qué son las grasas trans y qué alimentos las contienen? “Son un tipo de grasa alimentaria que está presente en aquellos alimentos que cuentan entre sus ingredientes con grasas parcialmente hidrogenadas”, explica Marta Barrena, nutricionista del complejo hospitalario Ruber Juan Bravo y del Centro Médico Quirónsalud Tres Cantos. Se obtienen cuando el aceite líquido se transforma en una grasa sólida añadiendo hidrógenos. Este proceso se llama hidrogenación y sirve para incrementar el tiempo de vida útil de los alimentos, así como para potenciar el sabor y mejorar la textura. Es decir, explica la especialista, “lo que sucede en este proceso es que parte de las grasas poliinsaturadas se transforman en grasas saturadas”.

Alimentos ultraprocesados

De esta forma se modifica el aspecto físico de los aceites, que pasan de líquido a estado sólido. Así se obtienen grasas y aceites para freír que son muy útiles para la industria alimentaria, puesto que ayudan a mejorar la perdurabilidad, el sabor y la textura de los productos. “Y aunque algunos alimentos, como las carnes de cerdo y de cordero, así como la mantequilla y la leche, contienen de manera natural cantidades pequeñas de estas grasas hidrogenadas, la mayoría de las grasas trans de nuestra alimentación proviene de alimentos procesados preparados con aceites vegetales parcialmente hidrogenados”.

Se encuentran principalmente en alimentos procesados, como son los productos de bollería y pastelería, 'fast-food' o comida rápida, 'snacks'… Además, si nos fijamos, podemos comprobar que todos los alimentos que contienen este tipo de grasas también son ricos en azúcar, harinas refinadas y sal, por lo que, lo miremos por donde lo miremos, se trata de alimentos perjudiciales para nuestro organismo, sobre todo si se consumen de forma habitual.

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Como decíamos, hay consenso científico en el hecho de que debemos evitar su consumo: no solo no son en absoluto necesarias, sino que tienen un efecto nocivo para nuestra salud. De hecho, son las principales causantes del sobrepeso y obesidad, así como de comorbilidades asociadas como la hipercolesterolemia.

Está demostrado, continúa la especialista, “que aumentan el colesterol total, el colesterol LDL (conocido como colesterol malo) y los triglicéridos, mientras que disminuyen el colesterol HDL (conocido como colesterol bueno). Es decir, un consumo frecuente de este tipo de grasas trans aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares”.

Una de las cosas que podemos hacer para evitar o reducir su consumo es leer el etiquetado de los alimentos que vienen envasados. “La mejor forma para identificar si un producto contiene o no grasa trans”, concluye nuestra nutricionista, “es leer la información que ofrece la etiqueta del producto. En la lista de ingredientes es donde se indica si el producto tiene grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas (indicativo de que el producto podría contener grasas trans)”.

Finalmente, hay que destacar que una alimentación correcta, variada y completa, una dieta equilibrada cuyo modelo más reconocido es la dieta mediterránea, permite por un lado que nuestro cuerpo funcione con normalidad (que cubra nuestras necesidades biológicas básicas) y, por otro, previene o al menos reduce el riesgo de padecer ciertas alteraciones o enfermedades a corto y largo plazo.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para practicar deporte que mejore nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con el Centro Médico Quirónsalud Tres Cantos

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