¿Te consideras muy perezoso? Cómo hacer de este pecado una virtud
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DEMASIADA 'PACHORRA'

¿Te consideras muy perezoso? Cómo hacer de este pecado una virtud

En vez de sentirnos siempre tan culpables y frustrados por dejarnos llevar por este pecado capital, nos convendría mucho más adaptar otro enfoque más beneficioso

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A estas alturas del verano, los que se han ido ya de vacaciones seguro que echan de menos aquellos días en los que no había nada que hacer, tan solo descansar y disfrutar del tiempo libre. Aquellos que todavía no se han ido, sin embargo, cuentan los días para silenciar las notificaciones del correo o viajar a un sitio remoto para desconectar de la rutina. Y los que se encuentren en estos momentos de camino o en mitad de su aventura vacacional, posiblemente se pregunten de vez en cuando si la vida no podría ser más fácil o, como mucho, más lenta y pausada. Más perezosa.

De todos los pecados capitales, el que menos nos gusta reconocer y el que sin duda más cometemos a diario es el de la pereza. En un mundo en el que se nos exige que no paremos de trabajar, de producir, de consumir y de llenar nuestro tiempo de ocio, la pereza se antoja como una facultad muy negativa que en algunos casos se tiende a ver como la responsable de tus fracasos profesionales o frustraciones personales. De ahí que tantos libros de autoayuda y 'coaching' intenten erradicarla de la faz de la tierra. Si no tienes trabajo es porque no te esfuerzas lo suficiente. Si actualmente estás en un empleo, pero te echan del mismo o te regañan, es porque no cumples con diligencia tus tareas.

"Se aprovechan de nuestra naturaleza perezosa para seducirnos con la 'fast food', un estilo de vida sedentario o con compras imprudentes"

Sea como sea, 'ser perezoso' es una de las cosas que nunca nadie pondría en su currículum, pues ningún jefe estaría dispuesto a tener a un vago entre su plantilla. Pero lo cierto es que una vez llega la hora de planear unas vacaciones de verano, muchas personas acaban valorando el hecho de aburrirse y pasar su tiempo libre no haciendo prácticamente nada. Los retiros rurales o las escapadas a un hotel a pie de playa prometen justamente eso mismo: por unos días al año intenta relajarte, no seguir horarios ni tener siquiera que preparar la comida que vas a comer, tan solo dedícate en cuerpo y alma a ese pecado que de tan demonizado se ha convertido en noble. Embriágate de pereza.

Vagos del mundo, uníos

"Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados" o "flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos". Estas son las dos definiciones que contempla la RAE sobre la pereza. Cuando podemos pensar que el pecado sea solo atribuible a nosotros, los humanos, lo cierto es que según las últimas investigaciones, diversos animales también tienen comportamientos perezosos. Y no, no solo estamos hablando únicamente de los folívoros, como el protagonista de grandes películas de animación. De acuerdo a las investigaciones recogidas en un artículo publicado en 'Psychology Today' por Thomas Rutledge, profesor de psiquiatría de la Universidad de San Diego, hay hasta pequeños insectos que asumen ciertos comportamientos perezosos.

"Si nos embarcamos en rutinas demasiado exigentes, lo más probable es que acabemos fallando y aumente la frustración"

Daniel Kahneman, autor de 'Thinking, Fast and Slow' y experto neurocientífico, asegura que la pereza no solo se percibe desde el exterior, es decir, no solo nos comportamos como unos vagos de puertas para fuera o a la hora de hacer una actividad, sino también de puertas para dentro, es decir, a nivel mental. Por ello, hay cerebros que son más holgazanes que otros, de ahí que muchos de ellos utilicen atajos mentales o se dejen llevar por los prejuicios y el desconocimiento en la vida cotidiana.

Otra de las dimensiones que tiene la pereza es el amplio mercado de consumidores que tiene. Servicios como el de la comida a domicilio o de compras por internet han aumentado mucho su oferta y demanda, lo que se puede atribuir a que cuando llegas a casa después de un día agotador lo último que te apetece es ponerte a cocinar o bajar al supermercado. Evidentemente, es un servicio rápido, fácil y medianamente barato (dependiendo de lo que compres o la calidad del servicio), pero eso no quiere decir que en los últimos años este tipo de industria de la pereza haya crecido exponencialmente. "Se aprovechan de nuestra naturaleza perezosa para seducirnos con la 'fast food', un estilo de vida sedentario, con compras imprudentes o discusiones en redes sociales", argumenta Rutledge. Y, como es lógico, si te lo sirven en bandeja una vez, es muy probable que quieras repetir, terminando atrapado en un círculo vicioso de la vagancia que no te deje levantarte del sofá para hacer nada ni ir a ningún sitio.

El punto medio

Hay que tener en cuenta que aquello que resulta fácil y rápido es mucho más cómodo que lo que conlleva esfuerzo, tiempo y dedicación. Esta puede ser una de las bases de por qué es tan sencillo dejarse llevar por la pereza, ya que siempre acabaremos decantándonos, aunque sea de forma inconsciente, por aquello que es más fácil de conseguir que lo más difícil. Entonces, como asegura el profesor de psiquiatría, "una de las tareas más importantes de la vida será identificar estrategias que mejor se adapten a nuestra naturaleza humana perezosa, simplificando al máximo la toma de decisiones que promuevan el bienestar físico y mental".

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Como siempre, la virtud está en el punto medio. Si nos embarcamos en rutinas demasiado exigentes, como por ejemplo llevar una dieta muy estricta o adoptar un hábito de ejercicio físico inasumible, lo más probable es que acabemos fallando en el intento y con ello aumenten nuestros niveles de frustración. De igual modo, si pasamos todo el día en el sofá o pedimos mucha comida basura a domicilio, nunca podremos quitarnos la vagancia de encima. Por ello, la clave pasa por conocerse a uno mismo, sus puntos fuertes y sus limitaciones, para actuar responsablemente y no exigirnos cosas que sabemos que no vamos a cumplir, pero tampoco caer en la resignación de quien se cree un holgazán de por vida.

"Criticarnos a nosotros mismos solo por ser perezosos no funciona", concluye Rutledge. "Un enfoque mucho más productivo sería cambiar de perspectiva y adoptar estrategias que minimicen el tiempo y el esfuerzo que hay que emplear para llevar una vida sana. Si las empresas se valen de nuestra pereza para obtener beneficio, imagínate todas las ventajas que podrías adquirir si implementas las técnicas adecuadas para ti mismo".

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