Tutankhamón, Rocío Jurado y los giros del pericón: la historia del abanico
  1. Alma, Corazón, Vida
Del Antiguo Egipcio a las copleras

Tutankhamón, Rocío Jurado y los giros del pericón: la historia del abanico

Ni ventiladores ni aires acondicionados, de Egipto a las copleras, este histórico objeto ha sido herramienta para crear narrativa social al agitarlo para apaciguar el calor

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Fuente: Wikipedia

“En las ferias tan alegres de mi España
las mujeres lucen siempre su mantón
que adornan los visos de los abanicos
con aire y con salero picarón”, cantaba Lolita Sevilla ya en los sesenta.

El abanico es un símbolo folclórico, sin duda, pero sus orígenes se remontan mucho más atrás que los de la copla. Dicho género musical supo recoger el significado de este elemento y hacerlo parte indispensable de la narrativa que construyen sus letras, y no es extraño, de hecho, que la misma (también el flamenco) y el abanico se dieran la mano para agitarla al contar una historia: ambos transitan entre la violencia y la opresión hacia las mujeres a lo largo de los siglos, y ambos fueron herramientas que posibilitaron en una u otra medida la lucha contra el sistema patriarcal que encorsetaba su discurso y su existencia misma. Si la copla es un torrente de liberación y reivindicación que pasaba del rellano de las casas a los escenarios, el abanico ya había ventilado los códigos discursivos para que aquel torrente fluyera. Hoy en día siguen habiendo almas folclóricas todo el año, pero ahora que el calor aprieta, aparecen muchas más. Aunque existan el aire acondicionado y el ventilador, este antepasado cañí de las inventos que nos facilitan la vida en verano comprende arte, mucho significado y una gran utilidad más allá de las ferias, mucho más allá, porque su historia se remonta al Antiguo Egipcio.

El abanico, como Pastora Imperio, parece que no tiene edad (ya esta bailaora posaba con él como parte de su vestimenta a comienzos del siglo XX): es un objeto con más de 3.000 años que nació con el fin de cubrir la necesidad de generar corrientes de aire al agitarlo, según apunta un estudio del Museo Histórico Nacional de Chile; vamos, de aliviarnos el sofoco de las altas temperaturas. Pero en su primera etapa también fue utilizado para avivar el fuego y matar insectos. Desde sus comienzos ha estado dotado de diferentes significados y se ha constituido como un objeto con identidad propia como pocos otros han tenido nunca. Este utensilio ha llegado a convertirse en un artilugio de carácter social, cultural y artístico hasta nuestros días. Asimismo, se trata de uno de los primeros diseños de producto que experimentó la globalización transnacional como consecuencia de su pequeño tamaño y fácil uso. Vamos, que se volvió tan universal como Rocío Jurado, Lola Flores, Marifé de Triana, Concha Piquer y todas las copleras que lo abrían y cerraban con vehemencia arriba y abajo de los escenarios. Causante de cambios sociales desde el ámbito ceremonial, funcional o decorativo, el abanico siempre estuvo ahí.

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Rocío Jurado en una imagen promocional de su disco 'Tan solo una mujer'


Un abanico en la tumba de Tutankhamón

Su origen no está del todo claro, pero podría remontarse a las primeras civilizaciones de épocas prehistóricas. Por entonces eran hojas de loto, de plátano, de palmera, o incluso de vid las que se agitaban durante épocas calurosas. Así, fue pasando de civilización en civilización: egipcios, babilónicos, persas, griegos y romanos utilizaban este utilensilio tanto que lo reflejaron con frecuencia en sus obras, tanto pictóricas como literarias. De gran tamaño y fijos, comenzaron a fabricarse, en su mayoría a base de plumas, para mantener frescos a faraones y reyes y ya de paso estilizar las estancias. Es así como el sentido de clase desde la estética se apoderó de esta herramienta, porque aunque en la actualidad cualquiera puede tener un abanico a mano, esto no siempre fue así.

La primera representación de la que se tiene constancia gráficamente aparece en la cabeza de maza egipcia que se encuentra en el Asmolean Museum, perteneciente a la Universidad de Oxford, Inglaterra. Según los arqueólogos, esta pieza perteneció a Narmer, que en torno al año 3100 a.C. unificó por primera vez el Alto y Bajo Egipto. También en Egipto fueron encontrados ejemplares de lo que pasarían a conocerse como “flabellums” en la tumba de Tutankhamón. Las civilizaciones incas y aztecas, en América, también habían desarrollado sus propios abanicos de forma similar.

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Fuente: iStock / Wikipedia

Más tarde, los fenicios y los griegos continuaron con aquella idea del “flabelo”, queda constancia de ello en sus escritos. Por ejemplo, Eurípides durante su tragedia 'Helena' (412 a.C) habla de un eunuco que abanicaba a la mujer de Menelao mientras dormía, para evitar que los insectos no la molestasen durante su sueño. Este uso se repitió a lo largo de la historia. Igualmente, el primer emperador del Imperio Romano, César Augusto (63 a.C- 14 d.C), tenía varios esclavos que iban armados de grandes abanicos para mitigarle el calor y espantarle las moscas.

Como las alas de un murciélago

El carácter de poder con que las primeras civilizaciones significaron a los flabelos llevó a estos hasta el núcleo de la religión, y pasaron a tener un papel importante dentro de la iglesia occidental: en la Edad Media, comenzaron a ser utilizados como acompañamiento de la silla gestatoria del papa en las ceremonias litúrgicas, cayendo en desuso después del Concilio Vaticano II. Por entonces, solo la monarquía y las cúpulas religiosas se lo podían permitir. Uno de los abanicos más relevantes desde el punto de vista histórico perteneció a la reina Teodolinda (S. VI), actualmente conservado en Francia, en la iglesia de San Juan Bautista de Monza. A este abanico se le atribuye la primera referencia de uso en la vida civil (aunque tampoco demasiado civil).

Por lo tanto, este utensilio no fue siempre tan español como dice la copla. La tradición del uso del abanico en China es milenaria, remontándose a los años del emperador Hsien Yuan en 2697 a.C. Según cuenta la leyenda, su invención es debida a la hija del mandarín Kan-Si durante un baile de máscaras, cuando, debido al calor, ésta agitó rápidamente su antifaz para darse aire y para que los hombres no vieran su cara. Este gesto fue imitado por todas las mujeres que estaban presentes en la fiesta y así surgió las primeras formas de un lenguaje que trascendería fronteras: “En el mundo no hay un arma tan certera ni un lenguaje tan sencillo de entender como el movimiento señorial y lento de un mágico abanico de mujer”, dice la canción.

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Fuente: Wikipedia


Pero aquellos "primeros" abanicos, aunque ya con diseños elaborados, seguían siendo muy similares en su estructura y forma a los más primitivos: abanicos fijos o de pantalla, imitaciones de los recursos que daba la naturaleza que, a partir de su relación con eventos ceremoniosos, estéticamente comenzaron a desarrollarse en diversas variantes de tamaño, forma, materiales y estilos de mangos. Fue en Japón donde un obrero creó el abanico plegable, el pariente más cercano al abanico actual. Ocurrió en el siglo VII, según cuenta la leyenda. Le puso de nombre “komori” (murciélago en japonés), porque según ha trascendido de boca en boca en el país, la idea surgió gracias a la casualidad del vuelo de un murciélago. En su transcurso dentro de la sociedad japonesa, comenzó a utilizarse en el teatro, donde pasó a denominarse “kabuki”. En aquellas funciones fue donde con los gestos de varillas y países (así se le conoce a la tela o panel del abanico pleglable) comenzó a gestarse un complejo sistema de movimientos de señas.

placeholder Retrato del gobernador japonés Ashikaga Takauji, abanico en mano, durante el período Muromachi, entre 1338 y 1573. Fuente: Wikipedia
Retrato del gobernador japonés Ashikaga Takauji, abanico en mano, durante el período Muromachi, entre 1338 y 1573. Fuente: Wikipedia
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Protagonista de los retratos del poder

Pero a Europa el abanico plegable no llegaría hasta el siglo XV a través de la sociedad portuguesa. Debido a las largas rutas comerciales que comenzaron a producirse desde los puertos de Portugal hasta Oriente. El “abanillo”, como aparece reflejado en escritos de la época refiriéndose ya a abanicos plegables, apareció en la península: Así, en el viaje que María de Portugal realiza a España en 1543 para casarse con Felipe II, se relaciona un "abanillo" que según el investigador Pastor Cerezo, probablemente ya fuera similar a los que conocemos en la actualidad. No obstante, ya existían en la península abanicos fijos un siglo atrás, en el siglo XIV. En la Crónica de Pedro IV de Aragón se cita esta herramienta como oficio de los nobles que acompañaban al rey. “Tenía en la mano on pedazo de Terciopelo Blanco hecho como aventalle con que algunas veces se hacía ayre y se ataba el rostro. Paresció a todos muy hermosa y no nada empachada…”, puede leerse en este texto recogido en el Códice 4.013 de la Biblioteca Nacional.

Durante una época, existieron una serie de abanicos denominados abanicos de bandera, realizados con hojas de palmeras o fibras vegetales entretejidas, y deben su nombre a la similitud de sus formas con las banderas con mástil. Aunque no tuvieron mucha trascendencia en España, en Italia sí fueron de gran popularidad durante los siglos XIV, XV y XVI. Es por ello que es habitual verlos en pinturas de autores como Tiziano, Veronés y otros pintores italianos de la época, según señala Cerezo. Pero de una u otra forma el abanico ha sido objeto retratado en las cortes y en el pueblo: Velázquez, Goya, Zuloaga, Klimt, Manet, Sorolla, Modigliani... y un sinfín de artistas plasmaron el accesorio más codiciado; y a su vez, sus obras también fueron plasmadas en los países (tela) cada vez más detallados y cargados de abalorios de los abanicos.

placeholder Abanicos representativos de distintos períodos de la historia y su estética (Fuente: Museo Lázaro Galdiano / Universidad Autónoma de Barcelona)
Abanicos representativos de distintos períodos de la historia y su estética (Fuente: Museo Lázaro Galdiano / Universidad Autónoma de Barcelona)

Es en el siglo XVII cuando se afianza su uso de manera similar a la actual. El artesano francés Eugenio Prost se instaló por aquellos años en nuestro país, bajo la protección del conde de Floridablanca, y fue el máximo productor de abanicos, superando incluso a Italia y Francia. Por aquellos años del Renacimiento, Isabel I de Inglaterra decía a sus damas que “una reina solo puede aceptar un regalo: el abanico”. Desde que Catalina de Médicis lo introdujera en Francia, las reinas europeas comenzaron a coleccionarlos hasta alcanzar cifras impensables. El abanico progresaba así como un artículo de lujo por los materiales (en su mayoría de origen animal: marfil, nácar, carey... Aunque también a partir de maderas preciosas) que inicialmente se empleaban en su realización. Pero poco a poco, esta herramienta fue haciéndose popular, sobre todo en zonas geográficas donde el calor es muy notable: de ahí que en España fuese el sur y la costa mediterránea la zona donde más proliferó.

placeholder Retratos de Isabel I e Isabel II (Fuente: Wikipedia / Biblioteca Miguel de Cervantes)
Retratos de Isabel I e Isabel II (Fuente: Wikipedia / Biblioteca Miguel de Cervantes)

De herramienta contra el patriarcado a objeto estereotipado

Con su popularidad se produjo su delimitación a las mujeres. Hasta el siglo XVII había sido usado sin distinción de género, y es entonces cuando pasa a formar parte también de las clases sociales más humildes, dejando de ser un objeto solo para la burguesía y los nobles. No obstante, las diferencias entre clases sociales siguió quedando patente en los materiales en los que se realizaban según fueran para personas adineradas o no. De la misma forma, quedó considerado como un accesorio para las damas. Una pieza de cierta reivindicación que irónicamente acompañaba el sinfín de piezas que sostenían en su cuerpo las mujeres como vestimenta.

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Fuente: iStock

Como explica Cerezo, a partir de su uso es ceremonias y festejos, este objeto había desarrollado un nuevo comportamiento entre las mujeres de la época. “Tener un abanico no era tan relevante como el hecho de saber manejarlo correctamente y dotarlo de vida propia. Es entonces cuando a partir de determinados gestos se comienza a desarrollar un propio lenguaje, asentándose en las siguientes décadas por España y resto de Europa”. Este nuevo lenguaje representaba una nueva forma de empoderamiento en respuesta a las escasas libertades de expresión que tenían las mujeres debido al estricto sistema patriarcal por el que se regía el mundo.

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Fotograma de la película Maria Antonieta dirigida por Sofia Coppola

En España, y más concretamente en Andalucía, se utilizó hasta finales del siglo XIX un código secreto de comunicación basado en el abanico. Este lenguaje se basaba en la colocación del abanico en cuatro direcciones con cinco posiciones distintas en cada una de las cuatro, representando las letras del alfabeto. Por aquellos años nacieron en España los llamados abanicos de pericón, de grandes dimensiones (este es el estilo del abanico con el que aparece Rocío Jurado en una de sus imágenes de disco más emblemáticas, mostrada arriba) pero flexibles y realizados con la técnica de encaje de bolillos en un principio, luego con telas e incluso papel, se utilizaron sobre todo en el mundo de la danza, el flamenco y el teatro. Así, Federico García Lorca lo describe en su tragicomedia teatral "Don Cristóbal y la Señá Rosita", estrenada en 1937. Efectivamente, no lo inventaron los componentes de Locomía.

El lenguaje del abanico se estudia

Actualmente existe lo que se conoce como campiología, un área de estudio del lenguaje, en concreto del lenguaje del abanico, en función de la orientación de este y la forma en que es sujetado. Porque aunque se trata de un lenguaje universal, en cada región tiene una variante. En España, solo perdura una escuela-taller mundial de abanicos situada en Cádiz, el Ciclo Formativo de Grado Medio de Abaniquería en la Escuela de Arte de la capital gaditana, mientras la industria artesana que aún resiste a la industrialización masiva y los bajos costes de la fabricación en cadena de este elemento se concentra en Valencia. Uno de los museos que más abanicos reúne para su muestra es el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla, ciudad donde la cultura del abanico comenzó en España. De hecho, allí se ha hallado recientemente un abanico romano o flabellum dentro del sarcófago de una mujer enterrada en la ciudad de Itálica, una pieza única en el mundo. También el Museo Lázaro Galdiano y el Museo del Traje de Madrid cuentan con una amplia colección de abanicos de diferentes siglos de historia.

De aquella industria artesana cada vez queda menos, pero lo cierto es que mientras en el pasado fueron los maestros abaniqueros italianos y franceses los que acabaron superando paulatinamente la factura inicial española, debido al minucioso trabajo y a las medidas protectoras de sus gobiernos, en la actualidad, sin embargo, estos países ya hace tiempo que dejaron de fabricar abanicos, y España aún perdura la artesanía abaniquera, que intenta mantener el carácter de esta pieza que narra historias en sí misma como un libro plegado: en su fabricación intervienen una combinación de varias técnicas, a cada cual más compleja. Antiguamente el proceso era puramente artesanal, llegando a pasar hasta por veinte o veinticinco manos de artesanos diferentes entre aparejadores, aserradores, encofiadores, sacadores de molde, tintoreros, chapadores, bruñidores, claveteadores, orladores y un largo etcétera. La ventaja de esta diversidad artesanal es que los talleres podían estar ubicados en diferentes puntos geográficos, así los abanicos eran el resultado de la sinergia del trabajo de muchas personas, lo que lo convertía en un producto que ya desde su fabricación construía relato.

Aunque ya no tengan que facilitar la vida de las mujeres más allá del verano (atrás van quedando aquellos tiempos en los que tuvieron que aprender a echar mano de los abanicos para poder, simplemente, comunicarse), como accesorios mantienen todavía en la actualidad una gran carga estereotípica, también su carácter histórico. Para lo primero, pedagogía, y para lo segundo, memoria. Como la copla, el abanico nunca queda en el olvido porque las altas temperaturas siempre vuelven, y aunque por segundo año consecutivo no se celebren ferias en España, el legado del abanico deja claro que, siendo hoy identitario del pueblo, salir a la calle en estos tiempos con uno no está de más, sin necesidad de que lo muevas como Lola Flores, aunque por qué no.

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