Por qué ya no podemos disfrutar tanto de las 'small talks' como antes de la pandemia
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Por qué ya no podemos disfrutar tanto de las 'small talks' como antes de la pandemia

Con el paso de la pandemia, los síntomas de ansiedad social se disparan entre la población, haciendo que ya no disfrutemos tanto del trato con meros conocidos. ¿Qué hacer al respecto?

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Si hubo algo que perdimos con la llegada del coronavirus a nuestras vidas, entre otras muchas cosas, eso fue el placer cotidiano de hablar por hablar con meros conocidos o gente con la que compartíamos algún tipo de espacio en cierto momento del día a día. Las 'small talks' o conversaciones de ascensor (en su acepción más españolizada) consistían simplemente en comentar el sueño que tenías, las ganas de coger vacaciones o el estado de la meteorología. Y nada más arrancar la pandemia y ante la necesidad y obligación de guardar confinamiento estricto, todos esos instantes tan fugaces como impersonales se desvanecieron de la noche a la mañana. Entonces, nos enfocamos en las videollamadas para seguir socializando con nuestros seres queridos, pero toda esa larga lista de simples conocidos desapareció de nuestra día a día, al igual que esos diálogos planos en los que no había nada importante que decir.

Hay que tener en cuenta que ese grupo de gente que, estableciendo una metáfora de corte futbolístico podrían formar parte de 'la segunda división de nuestra vida social', lo conformaban precisamente las personas que estaban a la retaguardia de nuestros amigos y familiares, aquellos que a lo mejor de haber seguido coincidiendo en el tiempo, ya fuera en oficinas, conciertos, fiestas o teatros, tal vez podrían haber 'ascendido a primera', y por tanto haberles hecho un hueco más grande en nuestra vida.

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Ahora que hemos retomado de forma progresiva la socialización tradicional, así como sus tiempos y espacios, es posible que hayamos notado una disminución del gusto por la conversación ligera o, al menos, nuestra capacidad para sacar el máximo provecho de esos breves encuentros se haya resentido un poco. No en vano el miedo al contagio sigue siendo alto, pues la pandemia todavía no ha terminado, y muchas personas a pesar de tener ya la pauta completa de la vacuna siguen sintiendo recelo cada vez que pisan un pie fuera de su casa o entran en contacto con un conocido o amigo. Por otro lado, los síntomas de trastornos mentales relacionados con la ansiedad o la depresión siguen haciendo mella en la población, lo que a su vez diezma las habilidades sociales de estas personas.

"Este tipo de miedo a las multitudes o a salir a la calle responde a una sensación de falta de control sobre el entorno"

"Hay algo a lo que llamamos mimetismo social, que es lo que hacemos cuando estamos cara a cara con la gente", asevera Tara Well, profesora de psicología en la Barnard College y especializada en percepción y cognición. "Mientras hablamos, tendemos a reflejar gestos y a modular nuestras voces en sincronía. Dependemos de la retroalimentación del cara a cara para encontrar formas de regular nuestras emociones y medir cómo nos sentimos para obtener esa misma retroalimentación de la otra persona y que así sepa que todo va bien".

¿Es posible que de tanto vernos los rostros con mascarillas o a través de una pantalla de ordenador hayamos perdido las ganas de entablar una conversación cara a cara sin más y disfrutar de ella? Well, que en una interesante entrevista para el medio de comunicación 'Vox' ha hablado de ello, está completamente de acuerdo con esta suposición. "Muchas de nuestras conversaciones durante la pandemia eran muy pesadas, ya que hablábamos de traumas personales y eventos que nos cambiaron la vida, o como mínimo de cosas superficiales con la finalidad de intentar distraernos", asegura. "Podías interactuar con personas en redes sociales o por chat, pero eso no tenía nada que ver con ese tipo de reuniones informales y relajantes. O estar en una fiesta y conocer a alguien de repente". En definitiva, "hubo menos tiempo para toparse con personas".

Síntomas agorafóbicos

La experta asegura que los síntomas de graves trastornos mentales como la agorafobia se han disparado entre la población a raíz de haber vivido la pandemia de coronavirus. "Este tipo de miedo a las multitudes o a salir a la calle responde a una sensación de falta de control sobre el entorno", define. "Los seres humanos somos muy sensibles a las amenazas, y también somos curiosos por naturaleza. Todos hemos pasado por un período de tiempo en el que hemos sentido episodios de ansiedad. Así que ahora estamos en situaciones sociales en las que nuestro campo visual ha cambiado. Entonces pensamos 'wow', como si fuera aterrador y curioso al mismo tiempo".

"Hay que seguir saliendo e interactuando con la gente, aunque te sientas un poco incómodo, para vencer a estos sentimientos negativos"

Una de las consecuencias naturales de vivir en pandemia es que afianzamos mucho más los lazos fuertes que ya teníamos, mientras que otros que no lo eran tanto se fueron desgastando. Esto también se traduce en un curioso efecto de nuestra percepción temporal: todo lo que ocurrió antes de la pandemia parece mucho más difuminado o más lejano, lo que también afecta a las conexiones que teníamos antes con meros conocidos. Sin tener la ocasión de profundizar en sus personalidades y sentimientos, podemos sentir que perdimos la oportunidad de haberles conocido más, lo que en muchos casos desbaratará la tentativa de hacerlo ahora.

Foto: El gran abrazo de Los Lobos tras ganar el bote millonario. (Atresmedia)

Por otro lado, el contacto físico, al igual que el hecho de ver a un rostro conocido o de alguien a quien apreciamos, producía un chute de dopamina y oxitocina en nuestro organismo en cada encuentro o abrazo. Desgraciadamente, nos tuvimos que acostumbrar a la ausencia de estos momentos de conexión social, lo que puede habernos pasado factura psicológica, haciéndonos caer en la impresión de que ya no disfrutamos tanto con esos encuentros ni mucho menos sabemos desenvolvernos bien en ellos. Al no sentir con tanta asiduidad esa descarga hormonal ínfima (pero efectiva), nuestro cuerpo y nuestra mente se han podido ir olvidando de ese tipo de placer social. Aunque evidentemente, cada persona es un mundo y unas podrán sentir esto con mucha frecuencia mientras que otras nada. De ahí también la tremenda euforia desatada con el fin del estado de alarma o de la obligación de llevar mascarilla, que en más de un núcleo familiar o de amigos se ha cebado con algún que otro rebrote.

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¿Qué hacer para que esos sentimientos de agorafobia y miedo social no se cronifiquen y poder disfrutar de las 'small talks' como antes? "La clave es ir de poco en poco y salir al público", recomienda Well. "Las personas que sufren de ansiedad social severa tendrán más dificultades para adaptarse al mundo después de la pandemia", pero para todos aquellos en los que este padecimiento no está tan desarrollado, "hay que seguir saliendo e interactuando con la gente, aunque te sientas un poco incómodo". Obviamente respetando las medidas de seguridad para no llevarnos sustos o ponernos mucho en riesgo. "Y también saliendo de nuestra zona de confort, justo lo contrario a lo que se nos pidió con el inicio de la pandemia".

Por tanto, tal vez convenga forzar un poco esos encuentros ligeros con meros conocidos. Tal vez, a medida que pasemos más y más minutos en sociedad, nuestro miedo e inseguridad se irán despejando. En caso contrario, te recomendamos que te pongas en contacto con algún profesional de la psicología para que te ayude.

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