El misterio del meteorito que impactó en Siberia destruyendo un millón de árboles
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"185 VECES MAYOR QUE HIROSHIMA"

El misterio del meteorito que impactó en Siberia destruyendo un millón de árboles

Hace más de 110 años una luz muy intensa brotó del cielo en la región de Tunguska. Los científicos todavía no han dado con una explicación definitiva

placeholder Foto: Árboles calcinados del bosque de Tunguska. (Fotografía de 1927, Wikipedia)
Árboles calcinados del bosque de Tunguska. (Fotografía de 1927, Wikipedia)

30 de junio de 1908. En la remota región de Siberia, una potente luz emergida del cielo inunda la mañana. A docenas de kilómetros, un testigo afirma haber creído por momentos que su camisa se quemaba a causa de semejante estallido. Menos de un minuto después, las ventanas de las casas colindantes estallan en mil pedazos. La potencia energética de aquel extraño suceso es tal que varias personas alrededor de un diámetro de más de 60 kilómetros caen al suelo, de bruces. ¿Qué acaba de pasar?

Aunque el hecho histórico del que vamos a hablar sucedió en una época en la que no había smartphones ni ningún otro dispositivo digital, el fenómeno que acabamos de describir se hizo lo suficientemente viral como para dedicar años y años de estudio en investigaciones de todo el mundo para explicarlo. "El cielo se dividió en dos, y en lo alto del bosque, toda la bóveda celeste parecía estar recubierta de fuego", asegura un testigo en un reportaje de la 'BBC' sobre el caso. Según datos de la NASA, los científicos estimaron que la energía liberada fue 185 veces mayor que la bomba atómica de Hiroshima de 1945.

Semejante explosión debería haber esparcido al suelo montones de escombros rocosos que nunca nadie ha encontrado

Mucho se ha especulado sobre las causas de tal incidente. Las explicaciones iniciales apuntaban en un inicio a erupciones volcánicas y accidentes mineros, pero dichas afirmaciones no quedaron respaldadas. Otras fuentes apuntaron, como es lógico, a la actividad paranormal y más concretamente a los ovnis. Y aunque los más conspiranoicos miraban a galaxias lejanas, la misma revista 'Nature' lanzó la hipótesis en 1973 de que se trataba de un enorme agujero negro que colisionó contra la Tierra. Esta teoría fue desmontada por la propia revista tan solo unos meses después.

Finalmente, la explicación científica más aceptada es que se trató de un asteroide o cometa rocoso que al entrar en la atmósfera terrestre se desintegró con una explosión que abarcó de unos 5 a 10 kilómetros sobre el suelo. Esta es la versión de Vladimir Pariev, coautor de un reciente estudio sobre el suceso, que fue bautizado como Tunguska, a 'Live Science'. Sin embargo, tal explosión debería haber esparcido al suelo montones de escombros rocosos que nunca nadie ha encontrado. "Por comparar, en febrero de 2013 también cayó un meteorito sobre la región de Chelyabinsk, en Rusia, y se encontraron fragmentos a las pocas semanas", asevera Pariev.

¿Un efecto rebote?

Las últimas hipótesis, publicadas en marzo de este año, apuntan a que el meteorito de Tunguska estaba hecho de hierro en lugar de roca. De este modo, en vez de chocar contra la corteza terrestre, debió acercarse lo suficiente como para generar una poderosa onda de choque que le librase de la fuerza de gravedad del planeta, escapando sin fragmentarse. Para demostrarlo, los científicos calcularon las rutas de meteoritos utilizando modelos informáticos. Así, hicieron simulaciones con objetos hechos de roca, hielo o hierro, acercándolos en una trayectoria que los llevó a permanecer a una distancia de 10 a 15 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra.

Solo los asteroides de hierro de más de 100 metros de diámetro pueden sobrevivir sin fragmentarse en muchas piezas separadas

Los cálculos de los científicos demostraron que los cuerpos hechos de roca y hielo tendían a desintegrarse por completo debido a las enormes presiones generadas por su paso a través de las altitudes troposféricas. "Solo los asteroides de hierro de más de 100 metros de diámetro pueden sobrevivir sin agrietarse ni fragmentarse en muchas piezas separadas", valoraron. De este modo, estimaron que el meteorito de Tunguska medía probablemente entre 100 y 200 metros de diámetro, y que atravesó la atmósfera terrestre a unos 72.000 kilómetros hora.

Por ello, la investigación concluye que el objeto espacial rico en hierro podría haber entrado en la atmósfera de manera muy superficial, en un ángulo de unos 9 a 12 grados tangentes sobre la superficie. Luego, habría viajado por toda la atmósfera, creando una onda de choque a una altitud de alrededor de 10 a 15 kilómetros sobre el suelo, lo suficiente como para ser capaz de aplanar árboles durante cientos de kilómetros y quemar parte de la superficie. Pero debido a la masa y al impulso del meteorito, este no se rompió: salió de la atmósfera y regresó al espacio.

Foto:  El lago "Novosibirsk Maldivas”. (Redes sociales)

Lógicamente, esto solo es una hipótesis que también viene refutada por otros científicos. Es el caso de Mark Boslough, profesor de investigación en la Universidad de Nuevo México, quien en una conversación sobre el caso con 'Live Science' apunta a que si un objeto de ese tamaño y con esa masa se desliza por la atmósfera sin explotar, la onda de energía del choque resultante sería muchísimo más débil que la onda expansiva de una explosión como la que parecía haber arrasado el bosque de Siberia.

"Un objeto que sobrevivió a tal tránsito a través de la atmósfera no podría haber descendido lo suficientemente cerca de la superficie como para que un boom sónico hiciera todo ese daño observado sobre el terreno de Tunguska", asegura Boslough. "Además, los testimonios de los testigos presenciales en el momento de suceso apuntan a que "un objeto descendía hacia el suelo antes de explotar". Sea como sea, y a pesar de que hayan pasado más de 110 años desde el incidente, todavía no hay una conclusión firme sobre la explicación del suceso.

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