La historia de por qué dejamos de usar sombreros
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nos lo quitamos ante ti

La historia de por qué dejamos de usar sombreros

Eran una prenda obligada hasta principios del siglo XX, cuando se produjo una gran convulsión política y social y la moda también se vio afectada

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La pintora Maruja Mallo contó en una ocasión, tras volver del exilio, una curiosa anécdota: paseaba ella por la Puerta del Sol allá por los años 20 junto a Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca, y ambas mujeres no llevaban sombrero: "Nos apedrearon llamándonos de todo". La curiosa historia sirvió para apodar tiempo después a aquellas artistas nacidas entre 1898 y 1914 como 'Las sinsombrero', pues pasear sin la prenda suponía un acto de rebeldía y transgresión que en la actualidad, acostumbrados en general a no llevar sombrero, nos parece inimaginable.

placeholder Reproducción fotográfica de Las Sinsombrero (David Navas Cañedo).
Reproducción fotográfica de Las Sinsombrero (David Navas Cañedo).

Y al fin y al cabo, si echamos un vistazo a fotografías de principios del siglo pasado probablemente lo primero en lo que nos fijaremos es en los sombreros. ¿Cuándo dejaron de usarse como prenda obligatoria y por qué?

Una prenda obligatoria

Su historia viene de largo. En las primeras civilizaciones de la humanidad ya se encuentran sombreros, por ejemplo, en Frigia y Anatolia se utilizaba el frigio, una especie de capucha cónica que los griegos también usaron y servía para simbolizar que aquel que lo portara había sido un esclavo y se le había otorgado la libertad. En Grecia también se usaban otros sombreros como el píleo (de filtro) o el pétaso (un sombrero redondo). En general era una prenda usada por el campesinado porque servía para proteger de la lluvia y el sol, aunque en cada cultura han sido diferentes y característicos y en tiempos de Carlos VIII comenzó a usarse en las ciudades y a popularizarse.

En general era una prenda usada por el campesinado porque servía para proteger de la lluvia y el sol

Del bicornio de Napoleón Bonaparte al bombín, pasando por el deerstalker (el que llevaba Sherlock Holmes) o el gat coreano y el sombrero de cloché de las flappers, ha habido multitud de sombreros a lo largo del tiempo. Aunque como decíamos están asociados a todas las culturas, los sombreros han tenido especial importancia en la cultura occidental durante siglos, pero fue en algún momento del siglo XX cuando dejaron de utilizarse, y de hecho lo transgresor ahora es usarlos.

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Según cuenta aquí la experta en historia de la moda, Karolina Żebrowska: "Fue un siglo revolucionario para la moda en muchos sentidos, pues la ropa pasó de ser hecha a mano y producida meticulosamente a fabricarse mediante producciones masivas y minimalistas, y muchas prendas se perdieron por el camino, como los sombreros". Según explica, el punto de inflexión fue la Primera Guerra Mundial. En una época en la que las mujeres tenían que trabajar como enfermeras atendiendo a soldados heridos, en el campo o en fábricas, los sombreros parecían poco prácticos. A pesar de ello, no se dejaron de utilizar en aquel momento, más bien al contrario: algunos de los diseños más 'locos' surgieron en esa época.

Durante la II Guerra Mundial era difícil ocuparse de la apariencia, pero incluso en ese tiempo la gente hacía sombreros de las cosas más insospechadas, desde libros a sábanas viejas

Los años 20 en Europa, en los que las reglas formales sobre cómo vestir comenzaron a relajarse, fueron el momento perfecto para que la gente optara por quitarse de vez en cuando el sombrero, que aunque seguía utilizándose (especialmente por las clases altas) ya no se veía como una obligación. Sorprendentemente, en los años 30 se retrocedió un poco y aparecieron nuevos modelos, y en los años 40 llegó la Segunda Guerra Mundial y con ella nuevos cambios sociales: "Bombardeos, ocupaciones, evacuaciones masivas, racionamientos... es difícil ocuparse de la apariencia en un momento así, pero incluso en ese tiempo la gente hacía sombreros de las cosas más insospechadas, desde libros a sábanas viejas", cuenta Karolina. Es decir, aunque no se veían como una prenda obligatoria, seguían usándose.

Pero fue en esa época cuando cada vez más jóvenes optaron por no llevar nada adornando su cabeza. "En algunos países ocupados por los nazis utilizar sombreros o ropa muy elaborada y costosa no solo contrastaba con los que menos tenían, sino que parecía significar que la persona estaba colaborando con los ocupantes", señala la experta. "Tras la guerra surgieron dos posturas, por un lado se podían volver a usar prendas a las que había sido imposible acceder durante la contienda. Por otro, por lo menos en Occidente, se llegó a la conclusión de que los sombreros no eran una cuestión de vida o muerte y se podía vivir sin ellos". En los países comunistas, los sombreros comenzaron a verse como un símbolo del enemigo capitalista, y fueron menospreciados en los primeros tiempos.

En los 60 comenzaron a ser menospreciados, pues se consideraban excesivamente refinados y clásicos, más propios de gente mayor

Si volviéramos a echar un vistazo a las fotografías antiguas, esta vez de los años 50, probablemente veríamos sombreros, pero muchos menos que en aquellas de principios de siglo. Además los modelos eran cada vez más sencillos y en algunas ocasiones se elegían simples tocados. De hecho, comenzó a ser bastante común ver gente con la cabeza al descubierto, o en otras palabras, estos accesorios habían pasado de ser obligatorios a una prenda socialmente aceptada pero no requerida.

Los años 60 marcaron un antes y un después para la moda. No solo figuras tan reconocidas como los Beatles o Elvis renegaron del uso del sombrero, sino que también el marketing comenzó a centrarse en los jóvenes, y los sombreros ya no entraban dentro de ese target, pues se consideraban excesivamente refinados y clásicos, más propios de gente mayor. Desde entonces, los diseñadores han intentado una y otra vez ponerlos de moda, pero el concepto realmente no ha cuajado, más allá de algún caso concreto y una pequeña parte de la población a la que suele considerarse más extravagante. En otras palabras, si un grupo de artistas jóvenes pasearan por Sol con la intención de transgredir un poco, deberían ponerse un sombrero para hacerlo, aunque en las circunstancias actuales es poco probable que llamaran la atención. Pero nos quitamos el sombrero por ellos.

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