De Prestes Maia a Liebig 34: la historia del movimiento okupa
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Más allá del 'squatting'

De Prestes Maia a Liebig 34: la historia del movimiento okupa

Lo que en nuestro país sigue siendo un problema grave sin una legislación clara, comenzó en los años 60 como un movimiento de marcado carácter político

placeholder Foto: Imágenes del interior de Tacheles en Berlín (Fuente: iStock)
Imágenes del interior de Tacheles en Berlín (Fuente: iStock)

Hubo un tiempo en que el ser humano era nómada, caminaba por el mundo como si le perteneciese y paraba a buscar refugio en cualquier lugar, porque el concepto de propiedad todavía no existía. Es poco probable que el movimiento hippie o los punks de Gran Bretaña quisiera emular a sus antepasados más prehistóricos, pero las semejanzas con ellos en términos de logística, estableciéndose de manera permanente en viviendas desocupadas allá por los años 60 y 70 respectivamente, son remarcables.

La okupación, ese movimiento social asociado en su mayor parte a los jóvenes, surgió como evolución del 'squatting' o allanamiento ilegal, que se ha dado tanto en países en desarrollo (en la India hay habitantes en las aceras y en Hong Kong existen barrios marginales en las azoteas de los edificios) como en los desarrollados (espacios libres y pueblos ocupados en Dinamarca, Inglaterra o Gales). En el caso del movimiento okupa, que propugna la ocupación de viviendas o locales de manera temporal o permanente, agrupa una gran variedad de ideologías y denuncia la dificultad de acceder a una vivienda.

No se podría decir exactamente que fuera una continuación difusa del movimiento libertario de Mayo del 68, pero por supuesto hay ciertas reminiscencias

Según las propias descripciones del término, podríamos decir entonces que la diferencia entre 'ocupar' y 'okupar' radica fundamentalmente en que el segundo concepto tiene un carácter político. De hecho, en países como Alemania se ha llegado a considerar un movimiento contracultural, volcado en construir una identidad colectiva. No se podría decir exactamente que fuera una continuación difusa del movimiento libertario de Mayo del 68, pero por supuesto hay ciertas reminiscencias.

La razón por la que se considera un movimiento social es porque la práctica de 'okupar' inmuebles abandonados era, al menos al principio, una forma de obtener espacios en los que potenciar los aspectos más radicales de nuevos movimientos sociales (ecologismo, pacifismo y feminismo, pero también autonomía estudiantil y obrera, antifascismo, solidaridad con presos, etc.), según datos de Injuve. Desde su perspectiva de análisis, optan por considerarlo en sus inicios más un movimiento urbano que un movimiento juvenil.

La práctica de 'okupar' inmuebles abandonados era, al menos al principio, una forma de obtener espacios en los que potenciar los aspectos más radicales de nuevos movimientos sociales

En toda Europa se ha producido este fenómeno, pues se extendió de unos países a otros, aunque la legislación para luchar contra él varía mucho. En ciudades como Ámsterdam o Berlín tuvo especial fuerza, y en otros países comenzó a cobrar importancia tras determinados movimientos sociales o revoluciones: en la antigua Checoslovaquia, por ejemplo, empezó cuando determinados activistas anarquistas y punks ocuparon casas abandonadas tras la Revolución del Terciopelo de 1989.

El movimiento comenzó a popularizarse en los 80 porque en aquella época proliferaban un gran número de viviendas que eran propiedad del Estado, y se encontraban abandonadas porque no había recursos suficientes para modernizarlas. En un primer momento comenzaron en ciudades como Berlín, Frankfurt o Hamburgo, y después el movimiento fue evolucionando. En Italia, por ejemplo, se dirigía a la ocupación de fábricas, viviendas o locales vacíos.

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Berlin, Tacheles.

Para el imaginario colectivo quedan casas okupadas que se han convertido en auténticos símbolos de ese movimiento la mítica Tacheles (en la foto de arriba), en Berlín es probablemente la más famosa de todas.

Prestes Maia en São Paulo

Antigua fábrica textil, ahora Prestes Maia es un edificio abandonado de 22 plantas donde habitan casi 500 familias y que se ha convertido en el mayor símbolo de la okupación en Latinoamérica.

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Flickr/ Camilla Pastoreli.


Vrankrijk en Ámsterdam

Es, probablemente, la casa okupa con la historia más curiosa del mundo: después de llevar más de diez años en ella, fueron los propios okupas los que finalmente la compraron en 1992. Una buena decisión, teniendo en cuenta que la ocupación fue ilegalizada en el país en 2010.

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Flickr/ Fred Romero.

Liebig 34 en Berlín

La explicación de por qué surgieron tantas casas okupas en Berlín se la debemos a la caída del muro, pues con la desaparición de la República Democrática Alemana se creó un vacío legal para todas aquellas personas que se movían a otras zonas de la ciudad y se instalaban en casas que habían pertenecido al Estado. Liebig34 fue ocupada en 1990, y hasta hace muy poco sus propios ocupantes la describían como 'anarco-feminista queer'. En los 90 era un espacio para mujeres lesbianas y trans. En octubre del pasado año 2020 tuvieron que participar 1.500 agentes para desocuparla.

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'Liebig 34'/ EFE

La Carbonería

Un edificio que forma parte del patrimonio de la ciudad y quizá el más antiguo del Distrito del Ensanche de Barcelona (data de 1864)en el barrio de Sant Antoni, fue un centro okupa autogestionado desde 2008 hasta 2014. Aquel año, los mossos lo desalojaron y necesitaron una grúa para sacar a dos personas que se habían colgado de la fachada. Hoy, es historia.

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Flickr/ Juska Wendland.

¿Y qué pasa en España?

En nuestro país, aunque sigue siendo un problema grave, tuvo un gran auge en los años 60 y 70, pues en aquella época se produjo una enorme afluencia de población que viajaba del campo a las ciudades. Hasta 1996 no existía en España una figura legal que penalizase específicamente la ocupación de lugares abandonados e incluso se observaba con cierta tolerancia. Los procesos judiciales eran muy largos y acababan con órdenes de desalojo, o en algunas ocasiones incluso se daba la razón al okupa, considerando los años de abandono del edificio o el estado del mismo.

Allí donde surge la 'okupación' tienen que surgir también mecanismos judiciales que luchen contra ella, en defensa del derecho de la propiedad

Como es lógico, allí donde surge la 'okupación' u ocupación, como prefiramos llamarlo, tienen que surgir también mecanismos judiciales que la hagan frente, en defensa del derecho de la propiedad. Pero como decíamos al principio, en cada país la ley es muy diferente. En Alemania, por ejemplo y según recoge Europa Press, las viviendas pueden ser desalojadas 24 horas después de que el propietario lo sepa y tras presentar una denuncia ante la Policía.

En Francia, por otro lado, se han acelerado recientemente (concretamente en enero de este año) los procesos para desalojar a los okupas de todo tipo de viviendas (incluidas segundas residencias). En Países Bajos el fenómeno es mucho menor que en España debido principalmente a dos leyes: la de ocupación de inmuebles vacíos y la de alquiler temporal. Reino Unido, pese a no formar en la actualidad parte de la Unión Europea, se equipara a Francia o Alemania en cuanto a su legislación para luchar contra este fenómeno: solo con que exista una sospecha policial sobre una ocupación realizada ilegalmente es suficiente para llevar a cabo una intervención, sin necesidad de que haya orden judicial. Si hay denuncia por parte del propietario en los primeros 28 días el desalojo se lleva a cabo en 24 horas. La pena máxima que se contempla es de 51 semanas de cárcel y/o una multa de 5.000 libras.

Si los okupas logran entrar en tu casa en España, se debe solicitar una orden judicial de desalojo junto con una demanda. Los trámites suelen ser muy lentos

Pero 'Spain is different'. Aunque el punto dos del artículo de 18 de la Constitución Española señala que 'el domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito', todavía no existe en nuestro país una nueva legislación al respecto, el procedimiento judicial es largo: solo puede desocuparse la casa en caso de delito flagrante, lo que significa que solo se puede llevar a cabo si se está cometiendo la ocupación en ese momento. Sin embargo, si los okupas logran entrar, se debe solicitar una orden judicial de desalojo junto con una demanda y los trámites pueden ser muy lentos.

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