Así estafaron 200.000 euros a un británico con una boda falsa en Ucrania
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Así estafaron 200.000 euros a un británico con una boda falsa en Ucrania

Una historia surrealista en la que la buena voluntad del hombre fue la mejor arma que utilizó una trama de mujeres ucranianas para quedarse con su dinero

placeholder Foto: La estafa a James ascendió en total a 200.000 euros (Andreas Rønningen para Unsplash)
La estafa a James ascendió en total a 200.000 euros (Andreas Rønningen para Unsplash)

James es el nombre falso de alguien que tiene vergüenza por lo que le ha pasado. Tiene 52 años, es británico, colaboraba con una ONG en Ucrania y creyó haber encontrado el amor con una mujer 20 años más joven que él. Pero el día de su boda, el que estaba llamado a ser uno de los más felices de su vida, se convirtió en el comienzo de una pesadilla.

Este hombre llegó a la ciudad de Odessa como voluntario en 2015. Después de varios meses yendo y viniendo desde Reino Unido para compaginar su ayuda a la ONG con su trabajo, una de sus colaboradoras en Ucrania le sugirió tener una cita con Irina, una de sus amigas. Congeniaron inmediatamente, aunque ella ya le dio alguna pista de lo que buscaba: "Me contó que tuvo dos matrimonios anteriores y por qué no quería volver a casarse con un ucraniano".

Foto: La policía del condado de Gwinnett ha compartido la foto del estafador para intentar dar con su paradero

Comenzaron a tener citas: salidas a la ópera, cenas en restaurantes caros y un largo etcétera. Y con ellos siempre estaba Julia, una traductora que facturaba más de 100 euros diarios al británico por sus servicios… en un país donde el sueldo medio apenas alcanza los 500 euros mensuales. Pero James estaba enamorado y no iba a regatear por su felicidad.

El principio del fin

James confiesa a la BBC que, desde el primer día, Irina no quiso mantener relaciones con él ya que creía firmemente en no hacerlo antes del matrimonio. Él lo aceptó, pensando que esa decisión era fruto de una buena educación recibida… a pesar de que ya se había casado dos veces. En noviembre de 2016, solo 11 meses después de su primera cita, James e Irina celebraban una fiesta de compromiso. Iban a casarse al año siguiente.

placeholder Todo en la boda era falso, incluso los invitados (Kats Weil para Unsplash)
Todo en la boda era falso, incluso los invitados (Kats Weil para Unsplash)

James quería llevarse a Irina a Reino Unido, pero los obstáculos burocráticos eran importantes, así que decidió trasladarse a Ucrania. No se lo pensó dos veces: dejó su trabajo y vendió su casa para buscar un lugar donde vivir con su futura esposa en Odesa. Querían comprar una casa "porque le daba una especie de permanencia a la relación". Pero era el principio del fin.

Mandar su dinero a Ucrania no era fácil, por las leyes antiblanqueo que hay en este país. Así que Irina le ofreció una solución: hacer una transferencia a la cuenta de su amiga Kristina, que es una organizadora de bodas y que iba a encargarse de su enlace. Se lo pensó dos veces, pero finalmente accedió. Pero después, todo se torció: según Irina, el banco solo devolvería el dinero a James si él se casaba con Kristina. Lo que, supuestamente, era una formalidad que se resolvería 10 minutos después, se convirtió en una trampa.

La policía ucraniana investigó, pero no presentó cargos a pesar de las pruebas

Un investigador privado ucraniano al que James recurrió descubrió que tanto Irina como Julia ya estaban casadas. La traductora se separó de su marido tres semanas antes para poder estafar al británico y se volvió a casar con él cuando todo terminó. Pagó 160.000 euros por un apartamento que solo costaba 50.000; 16.000 euros por una boda falsa en la que todos los invitados conocían la verdad, excepto él. Incluso mandó 10.000 euros más a Irina cuando le dijo que estaba en un hospital enferma… al que por supuesto no podía ir porque no era su marido legal. En total, le estafaron unos 200.000 euros.

Incluso el día de su boda con Irina, con 60 invitados falsos, la supuesta madre de su mujer le echó algo en su bebida que terminó con sus huesos en el hospital. Hoy, cuatro años después de aquella estafa, James reconoce que "fui un estúpido" que se dejó engañar. Solo ha podido recuperar la titularidad de su apartamento, que fue compartida durante muchos meses con Kristina, aunque solo vale 50.000 euros. Y lo peor es que la policía ucraniana no ha hecho nada por él, a pesar de todas las pruebas que ha presentado. Estafado por amor.

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