Un ángel contra el sida: la mujer que acogió a decenas de enfermos sin conocerlos de nada
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ENTRE LOS AÑOS 80 Y 90

Un ángel contra el sida: la mujer que acogió a decenas de enfermos sin conocerlos de nada

Durante una década, decenas de enfermos acudieron a ella tras ser repudiados por sus familias y no tener a nadie que les cuidara en sus últimos días

placeholder Foto: Hot Springs, Arkansas (Fuente: iStock)
Hot Springs, Arkansas (Fuente: iStock)

En 1986, Ruth Coker Burks vivía en Hot Springs, una bonita ciudad del estado norteamericano de Arkansas, pero muy conservadora. Se había separado del padre de su hija, pero trabajaba como agente inmobiliaria y ganaba un buen sueldo a sus 26 años. Y entre su grupo de amigas había una enfermera a la que acudía a ver al hospital con frecuencia, por lo que también entabló amistad con otras profesionales sanitarias.

En una de sus visitas al hospital descubrió que había un paciente al que nadie se acercaba si no era por imperiosa necesidad. Incluso las enfermeras se jugaban quién debía llevarle la comida. Eso marcó la vida de Ruth: aquel hombre llamado Jimmy murió 13 horas después sujeto a su mano porque su familia le había repudiado por contraer el sida. Desde entonces, ya nada sería igual para ella.

Foto: Lady Di, saludando a un enfermo de sida. (Getty)

Ruth decidió hacerse con los restos de Jimmy y enterrarlos, pero se encontró de bruces con uno de los increíbles problemas a los que tuvieron que enfrentarse las familias con enfermos de sida: algunos cementerios no les permitían enterrar a sus seres queridos. Afortunadamente, ella disponía de un cementerio privado, así que decidió que Jimmy descansara eternamente acompañando a su propio padre.

Un ángel sin alas

Pocos días después, Ruth recibió la llamada de una monja: tenía un paciente para "su hospital". Le dijo que se había equivocado, pero no era así: su acto había pasado de boca en boca y comenzaron a llegarle llamadas para que se hiciera cargo de enfermos de sida. Pero no todos eran terminales, como Jimmy: en muchos casos tuvo que buscarles vivienda, darles de comer y ocuparse al cien por cien de ellos.

placeholder La medicina ha permitido controlar el sida y dar calidad de vida a los enfermos (EFE/Fernando Bizerra)
La medicina ha permitido controlar el sida y dar calidad de vida a los enfermos (EFE/Fernando Bizerra)

Las familias repudiaban a la gran mayoría de los enfermos y eran muchos los que regresaban a Hot Springs desde otras zonas más liberales del país y que, una vez allí, no tenían a donde ir. Ruth se acabó convirtiendo en ese ángel de la guarda al que acudir y, muy poco a poco, su red de voluntarios se fue ampliando y contó con una ayuda imprescindible para dar cobijo a los enfermos.

Ahora, 35 años después, Ruth reconoce a la BBC que "les proporcioné comida, les proporcioné todo lo que pude para que vivieran la mejor vida posible hasta que murieran". Pero, sobre todo, les dio esperanza: "Les di seguridad, les di amor, les di compañerismo. Les di esperanza y la esperanza era todo lo que estos hombres necesitaban, no falsas ilusiones".

"Les di seguridad, les di amor, les di compañerismo. Les di esperanza"

Ruth sufrió el rechazo de su comunidad; también su hija, que en todo un curso escolar solo recibió una invitación a un cumpleaños porque pensaban que podía contagiar a los niños. Pero eso no evitó que siguiera ayudando a quienes le pedían ayuda: lo hizo durante una década y, cuando los fármacos ayudaron a controlar la enfermedad, su trabajo se hizo innecesario. Hoy, Ruth Coker Burks tiene 61 años, vive en Florida y es uno de los mejores ejemplos de cómo dar la vida por los demás sin pedir nada a cambio.

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