Cómo se fosilizarán en el futuro las ciudades: así nos estudiarán los futuros arqueólogos
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Los restos de nuestra civilización

Cómo se fosilizarán en el futuro las ciudades: así nos estudiarán los futuros arqueólogos

¿Habrá dentro de millones de años alguna civilización inteligente en nuestro planeta? Es difícil saberlo, pero si la hay, podrán conocer cómo éramos

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El ser humano lleva siglos buscando sin descanso esa ciudad mitológica que realmente nadie sabe si existió en algún momento: la Atlántida. En el imaginario colectivo es esa civilización demasiado avanzada para su época, que quizá por culpa de una catástrofe ambiental (¿un volcán al estilo Pompeya? ¿Un tsunami tal vez?), desapareció sin dejar rastro y está sumergida en las profundidades del océano, eternamente silenciosa, esperando que alguien la descubra de nuevo.

En el futuro, muchas de las ciudades que conocemos serán como la Atlántida. Los expertos llevan años alertando de que ciudades como Venecia desaparecerán en un tiempo no muy lejano. De hecho, un estudio realizado por ENEA prevé que la ciudad italiana se hundirá bajo las aguas en un siglo aproximado, porque el Mediterráneo aumentará unos 140 centímetros antes de 2100. Y no será la única. De aquí a unos años, todos habremos desaparecido, y las civilizaciones del futuro serán las que tengan que buscarnos entre restos arqueológicos.

El problema es que la Atlántida no tenía, hasta donde sabemos, grandes estructuras y rascacielos que parecen más complicados de hundirse o fosilizarse. Un reciente artículo publicado en 'BBC' señala que edificios, como la enorme Torre de Shanghái, también notarán irremediablemente el paso del tiempo. Tras varios millones de años sumergida, conforme el mar vaya haciéndose con la ciudad, los sedimentos deformarán sus capas y algunos de los pilotes de cimentación se fracturarán, retorciéndose y compactándose con las raíces fósiles de algún inmenso árbol desaparecido hace mucho tiempo.

El explorador futuro podrá recrear una imagen de la vida del siglo XXI con un detalle asombroso, siempre que pueda utilizar las mismas técnicas que los geólogos de hoy en día

El vidrio de los parabrisas y los escaparates se oscurecerá, la ciudad se comprimirá en una capa de estratos. La Torre de Shanghái se convertirá en una anomalía geológica tachonada profundamente enterrada, en algunos casos a miles de metros de profundidad. Pero no hay que olvidar que la geología nunca se detiene. Después de otros cien millones de años, a medida que comiencen a formarse nuevas cadenas montañosas, la capa de escombros compactados que una vez fue la Torre de Shanghái quizá pueda ser empujada hacia arriba y revelada.

¿Qué pasará entonces?

¿Habrá dentro de tanto tiempo alguna civilización inteligente en nuestro planeta, que sea testigo de esa aparición? Es difícil saberlo, pero si la hay, podrán conocer cómo éramos. Según explica Roma Agrawal en su libro 'Built', las ciudades y sus estructuras tienen historia, cuentan cosas acerca de las personas que vivieron en ellas. El explorador futuro, ya sea una forma de vida evolucionada de este planeta o un visitante de otro mundo, podrá recrear una imagen de la vida del siglo XXI con un detalle asombroso, siempre que pueda utilizar las mismas técnicas que los geólogos de hoy en día.

Las bicicletas fosilizadas o las botas de goma indicarán que éramos bípedos. Un teclado fosilizado podrá sugerir la forma de nuestras manos. Las gafas o los audífonos cómo percibíamos el mundo. Una dentadura postiza, un casco, una silla de ruedas o incluso un maniquí aportará información sobre nuestros cuerpos. Pero por ejemplo, arqueológicamente hablando, la ropa no servirá de mucho pues históricamente no ha sido muy resistente (si no contamos el plástico, claro).

Las bicicletas fosilizadas o las botas de goma indicarán que éramos bípedos. Un teclado fosilizado podrá sugerir la forma de nuestras manos. Las gafas o los audífonos cómo percibíamos el mundo

Nuestros cuerpos serán recordados, y también nuestras mentes. La escala y complejidad de nuestras ciudades fósiles testificarán que éramos seres sociales y también que nuestro medio de locomoción preferido no era siempre nuestras piernas. Volviendo a Shanghái, cuenta con 300 kilómetros de línea de metro debajo. Protegido contra la erosión, es posible que se conserven tramos enteros de vía, incluso un vagón de tren. Las longitudes conservadas de los túneles de carreteras, con bordillos, sistemas de ventilación y el cableado de vidrio y cobre de la iluminación eléctrica, darán pistas sobre la red de 50 millones de kilómetros de largo que una vez envolvió el planeta.

Los vertederos hablarán de nosotros

Pero si realmente quieren conocernos bien, las civilizaciones futuras tendrán que trasladarse a los vertederos. Probablemente ellos cuenten más historias que las propias ciudades. Revestidos con neopreno duradero, se llenan con bolsas de plástico individuales llenas de desechos, creando un doble sello contra la influencia corrosiva de la luz ultravioleta, el oxígeno, el agua y los lixiviados químicos. Por cada ciudad reliquia habrá una ciudad en la sombra, inmensos basureros fósiles marcados con todo lo que descartamos.

El futuro registro de nuestras rocas testificará que no todos tuvimos el mismo impacto, y también darán pistas sobre la desigualdad global

Y nuestros restos fósiles también hablarán mal de nosotros. El futuro registro de nuestras rocas testificará que no todos tuvimos el mismo impacto, y también darán pistas sobre la desigualdad global. También hablarán del impacto que tuvimos en las generaciones aún por nacer, que se verán (o vieron) obligadas a vivir con las consecuencias de nuestra adicción al carbono. Nosotros seremos los que tengamos la última palabra sobre la historia que queremos que cuenten nuestros restos arqueológicos.

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