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La isla caribeña asediada por ratas que aloja ahora especies en peligro crítico
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Un proyecto iniciado hace 5 años

La isla caribeña asediada por ratas que aloja ahora especies en peligro crítico

“Me di cuenta de que eran árboles y arbustos nuevos. No solo estaba la vegetación que se recuperó, sino que era otra que estaba floreciendo por primera vez”

Foto: La ‘nueva’ isla sirve de hogar para una gran variedad de reptiles, poblaciones de aves y lagartijas (Twitter)
La ‘nueva’ isla sirve de hogar para una gran variedad de reptiles, poblaciones de aves y lagartijas (Twitter)

En 2016 dio comienzo un proyecto que algunos veían demasiado ambicioso: un grupo de ambientalistas barajó la opción de controlar a los miles de ratas negras invasoras y un rebaño de cabras salvajes de la isla de Redonda del Caribe, en Antigua y Barbuda. Cinco años después, esta idea de transformar un terreno desértico en un paraíso ecológico es una realidad.

La ‘nueva’ isla de Redonda sirve de hogar para una gran variedad de reptiles, poblaciones de aves y lagartijas, que están rodeadas de nueva vegetación. Aunque este proyecto comenzó en 2016, no fue hasta hace 18 meses cuando los ambientalistas fueron al lugar a ver con sus propios ojos el fruto del duro trabajo.

Shanna Challenger, de la organización Environmental Awareness Group (EAG), ha contado a BBC lo que supuso su visita: “Fue un contraste tan marcado respecto a la primera vez que vi Redonda, en un 2016 en el que estaba literalmente desmoronándose en el mar”. A medida que se acercaba en el helicóptero, la especialista fue contando los círculos verdes de la isla.

Control de ratas y cabras

“Me di cuenta de que eran árboles y arbustos nuevos. No solo la vegetación que se recuperó, sino que estaba otra floreciendo por primera vez”, recordó Challenger. Una de las consecuencias de la aparición de esta vegetación fue el cambio de ubicación que realizaron de las cabras de cuernos. Este rebaño había arrasado con casi todas las plantas de Redonda, hasta el punto de que se estaban muriendo de hambre.

Para controlar a las cabras, que desconocían el contacto con los seres humanos, los ambientalistas las acorralaron y trasladaron en helicóptero. Una vez subidas al vehículo, fueron enviadas a dueños que estaban interesados en criarlas por sus genes resistentes a la sequía.

Por su parte, los roedores llegaron en el siglo XIX y seguían una dieta a base de reptiles y huevos de aves. Controlar las ratas fue una tarea más ardua, en la que los especialistas distribuyeron cebos en las grietas y huecos de la isla. Había trampas de todo tipo, algunas llevaban mantequilla o chocolate, “para asegurarnos de atrapar a las más quisquillosas”, explicó Challenger.

No se podía ir sin pisar huevos

Ahora, las presas víctimas de la plaga de ratas y el rebaño de cabras “campan a sus anchas por la isla. Que haya vegetación significa que hay más insectos para comer, y su población se ha expandido muchísimo. Te pasan por encima, literalmente”. De entre las especies, se han ido recuperando algunos animales en peligro crítico de extinción, como unas aves llamadas piqueteros pardos.

Por su parte, Helena Jeffery-Brown, del Ministerio de Medioambiente del gobierno de Antigua y Barbuda, ha contado que “históricamente” no se podía pasear en Redonda sin tropezar con huevos de pájaro. Sin embargo, la cosa ha cambiado: “Poco a poco estamos devolviendo a la isla a su estado original. Estoy extremadamente feliz con lo que hemos logrado”.

En 2016 dio comienzo un proyecto que algunos veían demasiado ambicioso: un grupo de ambientalistas barajó la opción de controlar a los miles de ratas negras invasoras y un rebaño de cabras salvajes de la isla de Redonda del Caribe, en Antigua y Barbuda. Cinco años después, esta idea de transformar un terreno desértico en un paraíso ecológico es una realidad.

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