¿Por qué Singapur le tiene tanta manía a los chicles? Mucho cuidado si te comes uno allí
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¿Por qué Singapur le tiene tanta manía a los chicles? Mucho cuidado si te comes uno allí

La campaña 'Keep Singapore Clean' que comenzó en los años 60 ha provocado que sus ciudadanos haya tenido muy presente la importancia de la higiene en tiempos de COVID

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Fuente: iStock.

La República de Singapur, formada por 63 islas, suele llamar la atención de medios de comunicación y ciudadanos de a pie por las miles de historias que se cuentan sobre ella. Ha conseguido en poco tiempo convertirse en una de las principales ciudades globales y uno de los centros neurálgicos del comercio mundial, por lo que es especialmente cara para vivir.

Entre sus logros se encuentra el hecho de que sus estudiantes siempre aparecen en los primeros puestos de los 'rankings' de matemáticas y ciencias. También fue muy aplaudida su actuación al principio de la pandemia, aunque llamó bastante la atención: se abogó en un principio por no confinar a la población, aunque con el incremento de casos tuvieron que retractarse, además repartieron dos máscaras y medio litro de desinfectante de base alcohólica a todos y cada uno de los ciudadanos. Al fin y al cabo, ya pasaron el SARS y el MERS, por lo que el coronavirus les pilló con "los deberes hechos" y se controlaron muchos edificios con cámaras térmicas, obligando a rellenar formularios a todo aquel que visitaba una zona no habitual.

Fue en 1992 cuando el Gobierno de la ciudad-estado dictó una ley que prohibía la importación, fabricación o venta de chicle

Por otra parte, Singapur también es famosa por su pulcritud y limpieza absolutas. En la otra cara de la moneda sobre la República, la oscura, de la que también se habla de castigos físicos, latigazos o de la prohibición absoluta de comer chicle en sus calles. Lo cierto es que la obsesión con la limpieza de Singapur viene de lejos, concretamente de hace 50 años. El primer ministro Lee Kuan Yew inició la campaña 'Keep Singapore Clean', alegando en 1968 aquello de "Seremos la ciudad más limpia y verde del sur de Asia", y para ello se realizaron concursos en oficinas, fábricas, tiendas, escuelas e incluso vehículos para ver quién era el más limpio. Se desarrollaron sistemas adecuados de alcantarillado y medidas para el control de enfermedades. La campaña 'Use your hands' de 1976 consiguió que estudiantes, padres, maestros o directores limpiaran las escuelas en los fines de semana. El objetivo era conseguir una economía más fuerte gracias al turismo.

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El coronavirus ha provocado que la limpieza, de nuevo, sea un tema fundamental. Además del litro y medio de desinfectante, fue probablemente la costumbre de los ciudadanos a la limpieza lo que consiguió que países de todo el mundo alabaran su actuación. Como explica Tai Ji Choong, Director de la División de Limpieza Pública de la Agencia Nacional de Medio Ambiente de Singapur en un reciente artículo publicado en 'BBC': "El personal estaba equipado con habilidades y conocimientos actualizados en técnicas de desinfección, manejo de desinfectantes, procedimientos de seguridad y el uso correcto de equipo de protección personal para hacer frente a un brote de enfermedades infecciosas, lo que resultó fundamental cuando nos notificaron del primer caso de Covid-19 el año pasado".

Foto: Kranji War Cemetery (Singapur). Fuente: iStock

La limpieza es, en la actualidad, más importante que nunca, mientras nos bombardean continuamente con mensajes sobre la importancia de desinfectar los lugares y lavarnos las manos. Cuando Singapur comenzó a enriquecerse se hizo más fácil conseguir mano de obra barata para limpiar. En su mayoría suelen ser trabajadores extranjeros mal remunerados o gente de edad avanzada, pero los propios autóctonos intentan que eso no cambie su idea sobre la importancia de inculcar hábitos de limpieza desde los inicios de la vida: una vez al año celebran el "día sin limpiadores", en el que los barrenderos arrojan sus escobas y son los propios ciudadanos los que limpian.

En los trópicos puede ser una verdadera catástrofe no limpiar adecuadamente. Quizá por eso se inculca su importancia a los ciudadanos desde que son niños

Entonces, ¿es cierto que no puedes comer chicle en Singapur o se trata de una leyenda urbana? Pues lo mejor es que si decides viajar a la República, no compres muchos 'orbit'. Fue en 1992 cuando el Gobierno de la ciudad-estado dictó una ley que prohibía la importación, fabricación o venta de este producto, debido a que sus consumidores llevaban a cabo conductas poco civilizadas al consumirlo, pues pegaban la goma de mascar en puertas y paredes (lo que perjudicaba el funcionamiento de metros, trenes o ascensores). Por tanto te pueden poner una multa si eres infractor, y los reincidentes pueden incluso ser condenados a dos años de cárcel. Desde 2004, existe una excepción eso sí, para los chicles terapéuticos y de nicotina, y es importante señalar que comerlo como tal no es ilegal, pero sí lo es importarlo o venderlo. Tampoco se puede escupir en la calle, fumar o incluso utilizar el wifi del vecino (aunque eso no tenga que ver con la higiene).

Al juicio libre de cada uno está el pensar si se trata de una idea que debería emularse, como la ley antitabaco, o si por el contrario se trata de un país donde el paternalismo del estado es excesivo. Ellos, por su parte, se defienden explicando que en regiones con clima fresco la pulcritud quizá no importe tanto pero en los trópicos puede ser una verdadera catástrofe no limpiar adecuadamente. Roedores, moscas, cucarachas... y las enfermedades que conllevan. Aseguran que en un año de mala higiene el dengue camparía a sus anchas. Visto lo visto, mejor prevenir que curar.

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