La curiosa historia del origen del bolígrafo
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Un invento revolucionario

La curiosa historia del origen del bolígrafo

Se lo debemos a un húngaro, y, aunque nos parezca indispensable, lo cierto es que está con nosotros solamente desde los años 40 del pasado siglo XX

Foto: Publicidad en una revista argentina de 1945 (Fuente: Wikipedia)
Publicidad en una revista argentina de 1945 (Fuente: Wikipedia)

Tienes tan interiorizado su uso que no te lo planteas: ya sea para apuntar la lista de la compra, escribirte una fórmula o chuleta en la mano o incluso si has decidido transcribir un libro, necesitas hacerte con un bolígrafo. Sin embargo, como es natural, no siempre estuvo ahí para nosotros. Desde los albores de la humanidad, en los que las personas ya querían dejar constancia por escrito de su paso por la Tierra, se han utilizado distintos elementos: cálamos, plumas de aves, cinceles o estilos (punzones de marfil o huesos).

La invención del bolígrafo, por supuesto, ha facilitado mucho las cosas. Si tienes uno a mano, podrás observar su mecanismo: se trata básicamente de un tubo de plástico o metal que contiene tinta y que, en un extremo (la punta) contiene una pequeña bola (de ahí lo de boli) que regula la salida de la tinta de forma fluida y constante al papel. Parece sencillo, pero ha requerido muchos años de perfeccionamiento y fue aproximadamente en el siglo XIX cuando surgió la idea.

Un día observaba a unos niños jugando con una pelota cuando se fijó en cómo esta dibujaba una larga línea sobre el suelo al traspasar un charco. Así surgió su inspiración

Pero, ¿quién lo inventó? La respuesta es un poco ambigua. En realidad, el consenso general es que le debemos el bolígrafo al periodista Ladislao José Biro (de origen húngaro), aunque en realidad se inventó un poco antes. Nos explicamos: en 1888, un curtidor de pieles norteamericano llamado John Laud puso una bolita en un tubo de tinta para marcar las líneas en las pieles, alegando que su “invención consistía en un depósito de tinta mejorado, especialmente útil entre otros propósitos, para marcar superficies ásperas –como madera, papel rugoso, y otros artículos–, algo que una pluma no puede hacer”.

Se puede decir por tanto que el primer diseño de este objeto surgió gracias a este norteamericano, pero su 'bolígrafo' utilizaba una tinta muy líquida y requería que el cartucho estuviese cerrado, además solo funcionaba en pergaminos de vitela. De cualquier manera, nunca llegó a patentar ni comercializar el invento, lo que nos lleva de nuevo a Biro. El húngaro, como periodista, siempre había estado molesto con el mecanismo de la pluma, debido a que se trataba de un invento pensado para diestros y él, como zurdo, solía mancharse al utilizarlo.

Su fabricación presentaba algunas dificultades: era difícil crear bolas suficientemente pequeñas o colocarlas en el cilindro con tinta

Antes de 1931, cuando se presentó el primer prototipo, Biro llevaba un tiempo trabajando en un modelo mejorado de la pluma para que la tinta no se atascase. Según parece, un día observaba a unos niños jugando con una pelota cuando se fijó en cómo esta dibujaba una larga línea sobre el suelo al traspasar un charco. De esa manera le vino la inspiración. Creo una bola de pequeño tamaño (que se ha ido perfeccionando con el paso del tiempo y era sin duda lo más complicado de la idea) y así inventó la idea que ahora mismo tienes a mano. Aquel año, en una feria en Budapest, presentó el prototipo y más tarde lo patentó bautizándolo en un primer momento como 'esferográfica', pero no lo comercializó.

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Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, Biro, obligado a exiliarse, marchó a Argentina con su hermano Gyorgy y el socio de ambos, Juan Jorge Meyne. En Buenos Aires comenzaron a trabajar en mejorar el modelo del bolígrafo: formaron la compañía Biro Meyne Biro y en un garaje con 40 operarios y bajo presupuesto y, finalmente, lanzaron el producto al mercado bajo el nombre comercial de Birome (por los dos apellidos). La perfección del aparato era necesaria, aunque en la actualidad parezca sencillo lo cierto es que su fabricación presentaba algunas dificultades: era difícil crear bolas suficientemente pequeñas o colocarlas en el cilindro con tinta (que a su vez no podía ser ni muy líquida ni muy viscosa).

Según la empresa Bic, que popularizó el bolígrafo, con su tinta se puede escribir el equivalente a la distancia de un kilómetro

En los años 40 vendieron su primera licencia de la esferográfica a Eversharp, y en los 50, el gigante Bic también se hizo con el modelo. Probablemente habría que darle las gracias a la compañía, pues popularizó y generalizó su uso. Societé Bic, compañía francesa, es conocida por sus productos desechables (maquinillas, encendedores...), aunque sin duda el boli bic (el cristal fue el primero que comercializó) es el más famoso: según la propia empresa, con su tinta se puede escribir el equivalente a la distancia de un kilómetro.

Los artistas del siglo XX han contribuido en parte a popularizar el uso de este gran invento. Andy Warhol es uno de los más famosos, pero probablemente el más prolífico es el artista coreano Il Lee, que desde 1980 produce obras haciendo uso exclusivamente del bolígrafo. Si pasas alguna vez por Seúl (Corea del Sur), podrás disfrutar de algunos de sus cuadros.

Biro, por su parte, nació un 29 de septiembre, y en Argentina ha sido esa fecha la elegida en su honor para celebrar el día del inventor. Además del bolígrafo, también desarrolló otros inventos como el lavarropas (quizá construido por su esposa Elsa), un perfumero, una caja de cambios automática mecánica o un termógrafo clínico, entre otros.

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