Síntomas de un posible cáncer que pueden pasar inadvertidos
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Síntomas de un posible cáncer que pueden pasar inadvertidos

A menudo, no prestamos atención a los pequeños trastornos o a los cambios en nuestro cuerpo. Pero, a veces, se trata de señales que nos indican que debemos ir al médico

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¿Te preguntas si eso que te ocurre puede ser un cáncer?

Una tos que no se nos acaba de ir, malas digestiones, dolores de cabeza especialmente intensos… Todos hemos tenido rachas en las que hemos estado delicados de salud, pero no tanto como para preocuparnos y pensar en acudir al médico. Ciertamente, hay una gama de síntomas a los que habitualmente no prestamos demasiada atención, pero pueden ser una señal de alarma que el cuerpo nos esté enviando para avisarnos de que hay algo que no va bien.

Por sí solos, estos síntomas pueden no revestir mayor importancia; de hecho, normalmente, se deben a dolencias leves, a trastornos pasajeros. No obstante, a veces —sobre todo cuando se asocian a otras señales como fiebre, respiración acelerada o edema—, pueden ayudar al médico a encontrar un diagnóstico más preciso y a decidir qué pasos deben darse en adelante.

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“Es frecuente que un tumor, al formarse, no dé una señal, un aviso”, explica el doctor Jesús García-Foncillas López, director del Instituto Oncológico OncoHealth, que aglutina los hospitales universitarios Fundación Jiménez Díaz, Rey Juan Carlos, Infanta Elena y General de Villalba. Pero, en algunos casos, “envía pequeñas alertas a las que conviene estar atentos, pues pueden marcar la diferencia entre un diagnóstico precoz o tardío y, con ello, las posibilidades de tratar con éxito el tumor”.

Antes de que nos entre un cuadro de hipocondría y empecemos a examinarnos en busca de cambios o molestias, conviene apelar al sentido común: la idea es que, si tenemos síntomas que no desaparecen, particularmente aquellos que se consideran señales de alarma, no debemos ignorarlos, sino pedir consejo. Muy probablemente, continúa el doctor García-Foncillas, “los síntomas no estarán causados por el cáncer, pero es importante que el médico los revise, solo por si acaso. Aunque no sea un tumor, él podrá identificar cuál es el problema que está detrás y, si es necesario, poner tratamiento".

Pérdida inexplicable de peso

Detrás de una pérdida de peso brusca o inesperada puede haber muchas causas: una depresión, un periodo de mucho estrés… A veces, también puede ser señal de un cáncer, explica el especialista: “El tumor puede provocar una pérdida de apetito debido a muchos factores, como, por ejemplo, los cambios que ocasiona en el sistema inmunitario o en el metabolismo”. Estos casos suelen estar relacionados con cánceres de páncreas, estómago, esófago o pulmón, así como en otro tipo de tumores que ya se encuentran en un estadio avanzado.

Fiebre persistente

La fiebre es un mecanismo de defensa básico de nuestro cuerpo y, como tal, es un síntoma poco específico: puede deberse a mil razones, desde una infección a un resfriado fuerte o una gripe. Sin embargo, si tienes fiebre persistente y sin motivo aparente, consúltalo con un experto, ya que podría estarnos avisando (aunque, insistimos, es poco frecuente) de un caso temprano de leucemia o linfoma. “Esto sucede porque los tumores segregan sustancias en el organismo que provocan reacciones en cadena, entre las cuales están síntomas como la fiebre”, explica el doctor García-Foncillas.

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Sangrados

En general, la aparición de sangre nos suele poner alerta, sobre todo si se repite. En el caso de las mujeres, un sangrado vaginal inusual puede ocurrir por múltiples causas, y no tienen por qué ser malignas: una endometriosis, pólipos uterinos, estrés, cambios hormonales, un DIU… pueden provocar este tipo de sangrado, pero deberíamos recurrir a un especialista si se repiten de forma persistente, o bien si suceden una vez pasada la etapa de la menopausia (en la que son habituales los sangrados esporádicos). “En este caso, sí podrían estar indicando cánceres de útero, de cuello uterino o de vagina”.

En el caso de observar sangre en la orina, siempre deberemos consultar al médico. Puede deberse a un problema en los riñones, como los cálculos renales, o en otra zona de las vías urinarias, como por ejemplo una infección o inflamación de la vejiga. Pero también podría estarnos indicando un cáncer. “Debes preocuparte si, además, te duele al orinar, necesitas hacerlo con mucha frecuencia y tienes la sensación de querer ir al baño sin poder hacerlo”. Eso sí, no olvides que la orina también puede adquirir un color rojo por tomar determinados fármacos o por consumir alimentos de este color, como la remolacha.

En cuanto a la sangre en las heces, es cierto que puede deberse a infecciones, hemorroides o al síndrome del intestino irritable, pero debemos tener en cuenta que es también un indicio de cáncer colorrectal. “No siempre se ve la sangre en las heces —advierte el especialista de Quirónsalud—. A veces tienen una apariencia normal, pero, con el tiempo, se va acumulando esa sangre que se pierde y puede causar recuentos bajos de glóbulos rojos (anemia). De hecho, el primer signo de cáncer colorrectal es, en ocasiones, un análisis que muestra un bajo recuento de glóbulos rojos”. Una vez más, el consejo es acudir al especialista: ya sea cáncer u otra patología, habrá que determinar la causa y prescribir el tratamiento indicado.

Agotamiento

Un cansancio extremo, que no mejora ni descansando, es otra posible señal de alerta. Lo primero será revisar nuestra dieta y comprobar que estamos bien nutridos, así como vigilar que no tenemos un problema de tipo hormonal como el hipotiroidismo. En relación con el cáncer, señala el experto, “a medida que progresa puede dar como síntoma el cansancio. En algunos casos, como en la leucemia, este cansancio puede ser una de las primeras señales de alerta. Asimismo, ese agotamiento podría ser debido a pérdidas de sangre no visibles, provocadas por un cáncer de colon o de estómago, y que provoca anemia”. Una de las cosas que nos pueden ayudar a orientarnos es que una fatiga intensa que aparece de repente, y que perdura y empeora con el tiempo, es un síntoma habitual de cáncer. Y no suele tratarse de un cansancio cualquiera, sino del tipo que te puede impedir desde trabajar a realizar tareas domésticas.

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Dolor

El cáncer duele, al menos, esa es la idea que todos tenemos. ¿Qué hay de cierto en ello? “La realidad”, explica el director de Oncohealth, “es que, en la inmensa mayoría de los casos, un dolor no significa que vayamos a tener un tumor. Si nos duelen los huesos o las articulaciones, por ejemplo, podría indicar artrosis o artritis; asimismo, un dolor de piernas puede ser un simple problema de circulación”. Sin embargo, si el dolor no tiene una causa definida o no cede, no esperes y ve al médico.

Es verdad, no obstante, que el dolor en algunas zonas concretas sí puede estar relacionado con distintos tipos de cáncer. En el caso del cáncer de huesos, el dolor puede ser un síntoma inicial; en los tumores cerebrales, la cefalea que no remite es a veces una primera señal de alarma. Si el tumor comprime la médula espinal, puede apretar huesos y nervios y ocasionar dolor en espalda y cuello. “Además, los tumores de páncreas pueden causar un dolor similar al de los cólicos, que empeora tras las comidas, puede irradiarse a otras zonas y suele acompañarse de otros síntomas como la ictericia”.

En cuanto al dolor de cabeza, es muchísimo más probable que se deba a una migraña o una cefalea tensional que a un tumor cerebral. En este último caso, señala el doctor García-Foncillas, “se trata de un dolor que dura todo el día y que, incluso, impide dormir. Además, suele ser más agudo en un lado de la cabeza, se vuelve cada día más insoportable y suele acompañarse de otros síntomas, como cambios de conducta, dificultad para concentrarse o pérdida de equilibrio”.

Cambios en la piel

La piel es el órgano más extenso del organismo y también debemos tenerla muy en cuenta, pues dice mucho de nuestra salud. “En todos los cambios de piel, cuando no tengas muy clara la causa, acude al médico para salir de dudas, porque a menudo hacen falta pruebas diagnósticas o el ojo de un experto para descartar que sea un tumor”. Según nos explica este experto, la piel se puede oscurecer por tomar anticonceptivos o depilarse las axilas, enrojecerse por una infección o tomar un color amarillento por una anemia o por cálculos biliares, pero también nos puede indicar que hay algún tumor digestivo, urinario, genital o en los ganglios linfáticos. Asimismo, la aparición de nuevas manchas grisáceas por el cuerpo podría indicar tumores suprarrenales, y no olvides que un lunar nuevo, así como cambios de forma, tamaño y aspecto en uno ya existente, puede indicar un melanoma.

La dificultad en la cicatrización también podría deberse a otros tipos de cáncer de piel (en la boca, podría ser un cáncer oral), y el tumor de páncreas puede hacer que la piel amarillee y pique. Finalmente, cuando un enrojecimiento inexplicable se produce en la cara o el tronco, tiene aspecto de quemadura solar y va acompañado de una descamación, puede estar causado por un cáncer de páncreas; si es una mancha violeta que aparece en los dedos, la nariz o las orejas, podría ser un cáncer digestivo.

Tos persistente

Una tos que no desaparece también nos genera bastantes dudas. Según la American Cancer Society, lo más probable es que se deba a otra causa distinta al cáncer, “de hecho, cientos de enfermedades, como la bronquitis, el asma o el reflujo, pueden causar tos. También es posible que se deba simplemente a un tic nervioso”. Según el doctor García-Foncillas, “la tos que provoca un tumor no se diferencia de la tos común, pero suele venir acompañada de sangre o de un fuerte dolor de pecho, y estos síntomas se acostumbran a dar de forma periódica”.

A veces, podemos notar también algunas alteraciones en la voz o una ronquera persistente que no están causadas aparentemente por una infección. “En la mayoría de los casos, va a tratarse de una infección de las vías respiratorias, una laringitis o la aparición de nódulos benignos en la garganta, pero deberíamos acudir al médico si los cambios en la voz perduran más de 15 días. Es importante estar atentos si, además del cambio de voz, aparece tos con sangre, dolor de oído agudo o ronquera persistente”.

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Desajustes intestinales

Nuestra regularidad intestinal también merece nuestra atención, y no solo en materia de prevención de un cáncer, sino porque puede ser un excelente indicador de nuestra salud en general. Si el estreñimiento o diarrea aparecen de golpe y perduran por más de dos semanas, es mejor consultar al médico para que identifique la causa. “Si se trata de cáncer de colon”, subraya el doctor García-Foncillas, “las heces pueden ser más estrechas porque el tumor está estrechando el intestino. También puede darse una sensación de evacuación incompleta. Y puede sentirse también dolor abdominal difuso, dolor rectal o, como señalábamos antes, sangrado en las heces".

Dificultad para tragar

La disfagia o dificultad para tragar puede deberse a un reflujo gastroesofágico, que se produce cuando "el contenido del estómago retrocede de nuevo al esófago". De hecho, es uno de los trastornos digestivos más frecuentes, ya que el 7% de la población tiene síntomas de reflujo a diario. “Sin embargo”, puntualiza el especialista, “puede ser un síntoma de cáncer de esófago, de estómago o de faringe, sobre todo si también se acompaña de arcadas, sensación de ahogo o tos al querer tragar”. Deberemos consultar con nuestro médico si la dificultad para tragar dura mucho sin explicación aparente, si va acompañada de dolor en distintas zonas de la garganta y parece que ‘quema’, o si nos dificulta hablar o masticar.

Aparición de ‘bultos’

Un bulto en nuestro cuerpo siempre es señal de preocupación; sin embargo, no significa que sea peligroso: de hecho, la mayoría son benignos y no conllevan peligro alguno para nuestra salud. “Puede tratarse de lipomas (bultos de grasa), quistes (de aire, líquido o pus), adenomas (crecen en las glándulas o alrededor de las mismas), neurofibromas (tumores benignos de los nervios)... En el pecho, además, puede tratarse de fibroadenomas (un tipo de tumor benigno de la mama) y, en el útero, de miomas (tumores benignos del tejido muscular del útero). Sin embargo, los que deben preocuparnos de verdad son aquellos que son como una masa de grasa dura, de bordes irregulares, que no duele y no se mueve si tiras de la piel, sino que está como anclada”, explica el especialista. Este es uno de los síntomas para los que siempre es necesaria la valoración de nuestro médico, y cuanto antes mejor. Cualquier masa dura de reciente aparición debe levantar nuestras sospechas, así como cualquier bultito que crezca rápidamente.

En definitiva, es importante incidir en que lo más probable es que los síntomas que hemos referido se deban a otra causa distinta al cáncer. “Cuando un síntoma dura poco tiempo o conocemos bien su causa, es normal que no nos preocupemos —concluye el doctor García-Foncillas—. Sin embargo, ningún síntoma se debe ignorar o pasar por alto, especialmente si está empeorando o ha estado presente durante un tiempo prolongado”.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para practicar deporte que mejore nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con la Fundación Jiménez Díaz.

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