El desastre de Kyshtym: el otro Chernóbil que los soviéticos ocultaron
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El desastre de Kyshtym: el otro Chernóbil que los soviéticos ocultaron

El 29 de septiembre de 1957 se produjo una explosión en una planta secreta de combustible nuclear, cerca de Kyshtym, que se mantuvo en silencio durante décadas

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Fuente: iStock.

El 26 de abril de 1986, la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, al norte de Ucrania, sufrió el peor accidente nuclear de la historia (junto con el posterior accidente nuclear de Fukushima en Japón en 2011). Además de producir un desastre medioambiental, supuso un momento decisivo en la Guerra Fría que en esos momentos se desarrollaba. Han pasado más de 30 años y los científicos estiman que la zona que rodea la central no será habitable hasta dentro de 20.000 años, aproximadamente.

Pero, ¿y si no hubiera sido el primer accidente nuclear de los países soviéticos? Chernóbil se mantuvo en secreto tres días, pero sobre la catástrofe nuclear de Mayak, producida en 1957, todavía sigue planeando la duda. Quizá nunca has oído hablar de este desastre, y es que no se conoció hasta 20 años más tarde. Se trata del tercer peor accidente nuclear de la historia, solo por detrás de los dos mencionados anteriormente, y se produjo en una planta secreta de procesamiento de combustible nuclear, cerca de Kyshtym, en los montes urales (2.000 kilómetros aproximados al este de Moscú).

La explosión de uno de los tanques produjo una enorme nube radiactiva que se extendió cientos de kilómetros sobre el país, afectando a unas 250.000 personas

Aquel 29 de septiembre de 1957 los trabajadores de la planta comenzaron su turno con normalidad, como siempre. La ingeniera química Anna Sharova, lo explicaría en un documental muchos años después: "Escuchamos estallar las ventanas, las puertas de cristal se quebraron. Miramos hacia afuera y vimos una nube enorme". El personal tenía prohibido hacer preguntas y no pudieron mencionar a nadie el accidente. La explosión de uno de los tanques produjo una enorme nube radiactiva que se extendió cientos de kilómetros sobre el país, afectando a unas 250.000 personas y provocando evacuaciones a gran escala. Docenas de trabajadores murieron y Mayak estuvo contaminando el río Techa y el resto de la región durante años.

placeholder Un contador mide el nivel de radiación alrededor de la planta de energía nuclear de Chernóbil. REUTERS
Un contador mide el nivel de radiación alrededor de la planta de energía nuclear de Chernóbil. REUTERS

Para entender el secretismo del accidente, hay que viajar un poco hacia atrás. Cuando Stalin se enteró del programa nuclear de Estados Unidos, dio órdenes de acelerar el proyecto de la Unión Soviética de la bomba atómica. Se construyeron entonces varios emplazamientos nucleares secretos, y Mayak fue uno de los más importantes, según informa el historiador Jeronim Perovic en 'BBC'. "En Mayak se producía material nuclear para la primera bomba atómica soviética", señala, "cerca estaba una ciudad secreta a la que se llamó Chelyabinks-40, que no aparecía en los mapas. Las familias que vivían ahí, técnicamente no existían".

En Chelyabinsk-40 vivían los trabajadores. La mayoría de la población soviética jamás había oído hablar de aquel lugar, por lo que el accidente se mantuvo en secreto

La planta había comenzado a construirse en 1946 bajo el más absoluto secretismo. En Chelyabinsk-40 (más tarde Ozersk) vivían los trabajadores, pero como la mayoría de la población soviética jamás había oído hablar de aquel lugar cuando ocurrió el accidente, la URSS decidió que siguiera siendo un secreto. No solo callaron los soviéticos, los estadounidenses descubrieron algunas señales del desastre, pero no dijeron nada porque ellos mismos estaban desarrollando planes nucleares y no querían crear alarma social. Durante años, a pesar de los accidentes y la contaminación, la URSS se mantuvo firme en la decisión de no informar.

Un tabú

El primero en revelar el accidente fue el biólogo soviético Zhores Medvedev, en 1976. Medvedev había estudiado con detalle las consecuencias de aquella explosión. "No existían regulaciones sobre la temperatura, en un momento dado el sistema de regulación de uno de los tanques dejó de operar y cuando la temperatura llegó a un determinado nivel, el tanque explotó. No sabemos cuánta gente murió o cuántos sufrieron las consecuencias, no hay cifras disponibles", explicó. Se cree que al menos unas 200 personas murieron en los días siguientes, pero no hay nada oficial. Medvedev trabajaba entonces en un laboratorio de investigación en Moscú, y después se convirtió en disidente y se exilió en Londres. "Nadie en Occidente sabía sobre ello".

Los nietos de esas familias de Chelyabinsk-40 siguen sufriendo los efectos de la radiación (cáncer, problemas de piel, malformaciones...)

Las compensaciones para las víctimas fueron mínimas. Las cuartas generaciones provenientes de las familias de Chelyabinsk-40 siguen sufriendo a día de hoy los efectos de la radiación (cáncer, problemas de piel, malformaciones...). Han pasado 64 años del desastre, y más de 30 desde el fin de la Unión Soviética, y el tema continúa siendo un tabú, escondido en los muros del secretismo nuclear y las graves consecuencias que han deparado sus accidentes.

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