Cómo detectar que alguien te está mintiendo, según un nuevo estudio
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Cómo detectar que alguien te está mintiendo, según un nuevo estudio

¿Te has percatado en los movimientos corporales que hace una persona cuando te promete que te contará la verdad? Tal vez ahí resida la clave para saber si es cierto lo que dice

placeholder Foto: ¿Le crees o no le crees? (iStock)
¿Le crees o no le crees? (iStock)

Aunque el refrán diga "se coge antes a un mentiroso que a un cojo" en verdad nos habríamos librado de muchos disgustos si fuera tan fácil interpretar la mentira. Hay muchos trucos para saber si lo que alguien te está diciendo es verdad y cada uno tendrá el suyo. Al igual que maniobras para hacer pasar por verdad auténticas falsedades. Y no, por mucho que te mire a los ojos, la persona que miente sabe cómo hacerlo y siempre buscará uno de tus puntos débiles para colártela. Un nuevo estudio, publicado en la revista 'Open Society', ha encontrado un método para juzgar si lo que te están contando es verdad o mentira: tan solo observa su lenguaje corporal y si repite sistemáticamente lo que estás haciendo tú, es perfectamente posible de que lo que te esté diciendo es falso.

"Los mentirosos a menudo suelen cambiar su comportamiento de forma deliberada para hacerte creer que dicen la verdad, pero a veces incluso al intentar imitar cierta actitud no te van a poder mentir al no darse cuenta de que lo están haciendo", asegura Sophie Van der Zee, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad Erasmus de Rotterdam de los Países Bajos. "Esto podría convertirlo en una pista interesante para detectar el engaño", recalcó a 'The New York Post'.

A la hora de mentir, nuestros cerebros están tan ocupados en elaborar el engaño que desatienden los movimientos corporales

Lo que Van der Zee quiere decir es que muchas veces el comportamiento de aquel que te está lanzando una mentira no le juega una buena pasada, pudiendo decectar su engaño con tal solo ver cómo se mueve. Demasiado listo y atrevido para intentarlo, pero si se pone delante de un espejo sabrá a la primera de cambio que le van a pillar. Dicho estudio reunió a varios estudiantes universitarios y les pidió que resolvieran un acertijo asegurándoles que era muy fácil y que debían hacerlo en cinco minutos o incluso menos. En realidad, dicha prueba de agudeza mental era bastante difícil como para responderla en tan poco tiempo. Además, la investigadora les ofreció pistas, haciendo como que no se había dado cuenta y pidiendo a los alumnos que no informaran de ello a su supervisor.

Los participantes, a los que se les colocó monitores de movimiento corporal altamente sensibles (acelerómetros inalámbricos), no sospecharon que lo que los científicos esperaban de ellos no era que resolvieran el acertijo, sino analizar su capacidad e ingenio para mentir a los supervisores sobre cómo habían resuelto el rompecabezas sin reconocer que habían usado las pistas ofrecidas por Van der Zee.

Foto: La dirección de la mirada es muy útil. (iStock)

A la hora de la verdad, la máquina de monitoreo corporal reflejó que cuando mintieron al respecto de cómo habían resuelto el acertijo la amplia mayoría realizó los mismos movimientos que su interlocutor, el suprevisor. En cambio, aquellos que fueron francamente honestos movieron el cuerpo de una manera totalmente diferente, sintiéndose libres de reconocer que habían hecho trampas.

Demasiada carga cognitiva

Según la investigadora, esto sucede porque a la hora de mentir, ya sea descarada o no tan directamente, nuestros cerebros están tan ocupados en elaborar el engaño que desatienden los movimientos corporales, de ahí que por regla general o natural tiendan a imitar la forma de moverse en el espacio que su interlocutor. Desafortunadamente, estos cambios son demasiado sutiles como para detectarlos en la vida cotidiana sin las herramientas de laboratorio.

"Se trata de un estudio fascinante que proporciona una buena teoría de investigación básica para un posible uso futuro en los juzgados si consigue validarse en estudios posteriores más profundos", agrega por su parte Tim Brennen de la Universidad de Oslo en Noruega, a la revista 'New Scientist'. La parte negativa es que los acelerómetros no detectan quién es el que realmente está imitando al otro, por lo que tampoco es posible determinar quién está mintiendo y quién diciendo la verdad. "Es muy interesante en lo que se refiere a la psicología social, pero estos son solo los primeros hallazgos para realizar pruebas de detección de mentiras más fiables". Siempre quedará el polígrafo.

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