Estudiando la vorarefilia: el escándalo de Armie Hammer y el deseo de comerse a alguien
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Estudiando la vorarefilia: el escándalo de Armie Hammer y el deseo de comerse a alguien

El caso de los supuestos mensajes del actor Armie Hammer a sus amantes ha abierto un curioso (y esperpéntico) debate sobre si el canibalismo podría considerarse un fetiche o es pura depravación mental

placeholder Foto: El actor supuestamente vorarefílico, Armie Hammer. (Reuters)
El actor supuestamente vorarefílico, Armie Hammer. (Reuters)

"Quiero comerte, nunca antes había admitido esto; le he arrancado el corazón a un animal vivo y me lo he comido mientras aún estaba caliente". Esta es una de las frases supuestamente escritas por el célebre actor Armie Hammer a una de sus amantes, entre otras muchas todavía más crueles, sanguinarias y depravadas. En los últimos días, el escándalo acontecido sobre su figura pública ha desatado una ola de curiosidad y sorpresa en todo el mundo ante el hecho de ser el primer caso mediático de canibalismo con tintes eróticos y libidinosos.

Todo comenzó cuando una mujer anónima subió a Instagram una captura de pantalla de sus conversaciones con el actor de 'Call me by your name' en las que reconocía que era "100% caníbal" y que le encantaba comer carne humana y beber sangre. La veracidad de los mensajes aún no se ha demostrado, pero otras muchas ex amantes han corroborado que Hammer siente una extraña pulsión sexual hacia el canibalismo. El actor, evidentemente, ha negado todos los hechos. A la espera de que se demuestre, cabe preguntarse si el canibalismo podría considerarse como un fetichismo sexual en plena esencia (en el ámbito de las prácticas del BDSM) o bien si esta clase de predilección por la ingesta de carne humana corresponde a una desviación amoral del individuo que le conduce a cometer crímenes de lo más sanguinarios, como tiende a ser considerada desde que en 1991 se estrenara la película 'El silencio de los corderos' y conociéramos al caníbal más famoso de la gran pantalla gracias a la actuación magistral de Anthony Hopkins.

Foto:  Armie Hammer. (Getty)

En el lenguaje amoroso o en el flirteo cotidiano, es posible que oigamos expresiones como "comerte a besos" o "estás para comerte". De hecho, así se titula más o menos la última canción del artista urbano C. Tangana (no sabemos si a propósito del caso Hammer o como fruto de la casualidad). También solemos utilizar esta clase de comentarios cuando vemos algo que nos inspira mucha ternura, como por ejemplo un bebé o un perro muy mono. "¡Me lo como!". Pero evidentemente, todo forma parte de un universo metafórico en el cual por nada del mundo querríamos "comer" al sujeto, sino más bien todo lo contrario, pues nos gusta tener su presencia cerca.

Estudiando la vorarefilia

Sin embargo, hay unos cuantos estudios académicos que documentan diversos casos de lo que se conoce como "vorarefilia", que como su nombre indica, alude al "gusto sexual de devorar a alguien o determinadas partes de alguien". En 2013 se publicó 'Vorarefilia: estudio del caso sobre masoquismo y consumo erótico' en la revista 'Archives of Sexual Behaviour' en el cual sus autores, Amy D. Lykins y James M. Cantor, seguían la pista a un hombre anónimo con intereses sexuales masoquistas entrecruzados con una fascinación por la vorarefilia sumisa. Es decir, no solo hay casos de personas a las que les atrae sexualmente la idea de comerse a alguien o las vísceras de alguien, sino también personas que estarían dispuestas a que hicieran eso mismo con ellas.

"Solo alrededor de un 0,5% de las personas a las que estudié reconocieron haberlo cumplido. Para la mayor parte, solo representa una fantasía"

En el estudio, los investigadores dejan claro que al tratarse de una práctica sexual con muchas restricciones físicas y legales (ya que parece muy fácil acabar cometiendo asesinato si tu pareja sexual se desangra en el transcurso del encuentro), "las fantasías vorarefílicas se componen en su mayor parte de textos e ilustraciones que se comparten con otros miembros de esta subcultura" a través de las páginas más oscuras de la red virtual.

Al fin y al cabo, lo de Hammer solo consiste en supuestos mensajes violentos que podrían aludir a su pulsión sexual caníbal oculta (bastante repulsiva) o bien a una muestra de acoso hacia sus ex amantes. Otra cosa es si el actor estaría dispuesto a llevarlo a cabo. Lo cierto es que los casos reales de vorarefilia consumada son bastante aterradores. Un policía de la ciudad de Nueva York llamado Gilberto Valle compartió planes para secuestrar, violar y finalmente comerse a otras mujeres a través de Internet. En el juicio, alegó que tan solo eran fantasías, como relata 'The New York Mag' en un largo e interesante artículo sobre su caso.

El caso de Armin Meiwes

Un ciudadano alemán llamado Armin Meiwes, conocido por el sobrenombre del 'Caníbal de Rotemburgo', descuartizó y comió el pene de una persona con la que previamente había contactado por Internet para satisfacer sus fantasías de devorar y ser devorado. Lo más curioso de este caso es que, al haber consentimiento, el acusado se defendió alegando que podía considerarse como homicidio a petición, como si entrara dentro de la eutanasia. Este argumento consiguió que redujeran su pena en 5 años y 6 meses. Finalmente, en el año 2006, se revisó su caso y Meiwes fue condenado a cadena perpetua por cometer asesinato con fines sexuales.

Pero el caso de Meiwes es excepcional, o al menos así lo reconoce la doctora Victoria Hartmann, quien asegura que la mayoría de las personas con pulsiones caníbales no están interesadas en hacer daño a nadie. Ella es autora de 'I Love Dead People: Inside the Minds of Death Fetichists' ("Amo a las personas muertas: dentro de la mente de los fetichistas de la muerte", en español), en el cual asevera que la vorarefilia entra dentro del ámbito de la necrofilia y no tanto del BDSM convencional. "Mucha gente cree que la necrofilia se basa en realizar sexo con cadáveres", asevera Hartmann en la revista 'GQ'. "Pero lo cierto es que en mi investigación descubrí que es un término general que cubre diferentes fetiches, entre ellos la vorarefilia. Solo alrededor de un 0,5% de las personas a las que estudié reconocieron haberlo cumplido. Para la mayor parte, solo representa una fantasía".

"Muchos lo probaron siendo niños, pero la inmensa mayoría de ellos no tenían ningún deseo real de lastimar a nadie"

Hartmann descubrió que la mayoría de las personas con tendencias vorarefílicas lo hicieron siendo muy niños, entre los ocho y los trece años, y casi todos acabaron horrorizados. "Muchos lo probaron, acarreando con una gran vergüenza personal, pero la inmensa mayoría de ellos no tenían ningún deseo real de lastimar a nadie, reiterando que quedaba eso claro. Tampoco tenían la intención de practicarlo sin consentimiento", explica.

Para Justin Lehmiller, reputado psicólogo e investigador sexual, la vorarefilia entra dentro del espectro del BDSM, argumentando que la mayoría de las personas a las que entrevistó que reconocían tener esta pulsión "tenían otros intereses sexuales bastante inusuales, como la zoofilia o el gusto por la bestialidad, el 'furry' (el gusto de disfrazarse de dibujos animados peludos para tener relaciones sexuales), el 'feederismo' (el cual consiste en el gusto sexual por la comida y el hecho de engordar) y ciertas formas de dominación y sumisión".

Foto: Imagen: Reformation

La mayoría de las personas que tienen alguna filia sexual inusual o poco común se valen de la pornografía para satisfacerse en caso de no conocer a personas que comulguen con su deseo. Pero, ¿qué tipo de cine para adultos vería un vorarefílico? "La mayor parte de los espectadores de porno basado en la vorarefilia esperan y desean que sea un montaje o que se note que sea falso", asegura Hartmann. "No quieren que sea realista", puesto que evidentemente si así lo fuera los actores protagonistas deberían estar muertos o a punto de morirse.

Hartmann distingue entre aquellas personas que disfrutan de la pornografía BDSM consensuada y "aquellos que realmente estarían dispuestos a hacer daño a los demás". En este sentido, "a menudo las personas que ejercen algún tipo de violencia real y no consentida tienen un trastorno de personalidad que les hace carecer inherentemente de empatía". Esto es lo que les diferencia de los vorarefílicos, puesto que ellos solo lo ven dentro del ámbito de la fantasía, nunca de la realidad. "Los fetichistas están más desesperados por encontrar socios que consientan el BDSM en un entorno seguro y con previa negociación que en dañar realmente a alguien", concluye.

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