El absurdo duelo entre 'boomers' y 'millennials': por qué los memes tendrían que ser sobre ricos y pobres
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PERRO GRANDE, PERRO CHICO

El absurdo duelo entre 'boomers' y 'millennials': por qué los memes tendrían que ser sobre ricos y pobres

El duelo clásico que hay entre estas dos generaciones se llena de tópicos y generalidades en redes sociales. Sin embargo, la realidad sobre lo que ha vivido cada una es algo más compleja

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El absurdo duelo entre 'boomers' y 'millennials': por qué los memes tendrían que ser sobre ricos y pobres

Cada cierto tiempo surge una nueva cadena de memes para representar el choque entre generaciones. Sin ir más lejos, el año pasado apareció la frase que desmantela cualquier perorata de los adultos nacidos a partir del 1950 dirigida a sus hijos o nietos, una suerte de sermón sobre la vida que queda anulado por tan solo dos palabras: “ok boomer”. De igual modo, el ejemplo más reciente de este enfrentamiento entre generaciones afincado en la cultura popular es el célebre meme del perro grande-perro chico, el cual generó un incontable ‘feed’ de respuestas, 'remakes'y retuits entre la comunidad virtual durante los meses del confinamiento.

El término ‘meme’ nació mucho antes de la aparición de Internet. En los años 70, el biólogo evolutivo Richard Dawkins lo utilizó por primera vez para definir una unidad de información cultural que se transmite de un individuo a otro o de una generación a la siguiente, por lo que las imágenes definidas con el mismo término que han inundado las redes sociales décadas más tarde son el territorio perfecto para contrastar con humor el cambio de forma de vida y de costumbres entre generaciones.

"Se suele pensar que los 'millennials' son eternos adolescentes. Pero antes, son niños consentidos por el efecto de las propias estructuras sociales"

Generalmente, en sociología una generación acaba cuando otra nace en base a un gran cambio en el contexto histórico. Aunque lógicamente no se pueda establecer de manera tajante el día en el que acaba una de ellas y empieza la siguiente, cabe aclarar cuáles son las dos que suelen entrar en disputa: por un lado están los 'babby boomers', que abarcan a los nacidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta finales de los años 60 (aunque en España tiende a prolongarse hasta el final del franquismo) y por otro lado están los 'millennials', que representan a los nacidos desde el comienzo de la década de los 80 hasta la mitad de los 90. Esta última generación marca un antes y un después a causa de la aparición de internet y la cultura digital en nuestras vidas, pero también debido al trabajo precario y al hecho de sufrir las consecuencias de las últimas crisis económicas.

Son muchas las características negativas con las que se suele agrupar a los 'millennials'. Ya sea a través de memes o en conversaciones informales, se les acusa de ‘quejicas’, vagos, demasiado mimados y consentidos, con expectativas de vida irreales o truncadas y con reticencias a llegar al ‘mundo adulto’, entendiendo este concepto bajo el prisma de los ‘boomers’: con un empleo estable y una familia. Ann Helen Petersen, periodista norteamericana, se hizo muy famosa tras publicar un largo artículo sobre el ‘burnout’ de esta generación ochentera, que podría traducirse al español como “estar quemado”, no solo en el trabajo, sino también en la vida personal. Según ella, que acaba de publicar un libro en el que profundiza más en este tema, los principales motivos de que los 'millennials' sean percibidos de esa forma tan negativa por sus mayores radican en el modelo de educación que recibieron, tanto en casa como en la escuela, que les empujó directamente a la vida laboral y a encontrar esa ansiada estabilidad de la que los ‘boomers’ presumen. Un ejemplo de esto podrían ser las clases extraescolares disfrazadas de ‘hobbys’ que, compaginadas con la exigencia de sacar las mejores notas, hicieron de su infancia una proyección total hacia el mundo adulto.

Cambios en la educación y el contexto histórico

“Suele afirmarse de ellos que son unos mimados, así como también eternos adolescentes”, explica Ángeles Rubio Gil, socióloga del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Madrid (COLPOLSOC) a El Confidencial. “En sus primeros años de vida apareció internet, lo que les diferencia de los demás, sobre todo de los Alfa o los Z, que recibieron toda la información adulta a través del ‘smartphone’. En realidad, comparten un déficit educacional que se encuentra en relación con el principio de autoridad, en una población de hijos únicos, con muchas familias monoparentales, cada uno con su pantalla. Es decir, antes que mimados, son niños consentidos por el efecto de las propias estructuras sociales”.

"Cuando hablamos de ‘generación precaria’ estamos dando carta libre a la precariedad, que por supuesto está extendida, pero no para todos"

No solo cambiaron los moldes educacionales y, con ellos, los niños y los jóvenes de entonces. También el mundo de ahí fuera. Primero vino la crisis económica de 2008, la cual dejó a millones de jóvenes sin empleo, desterrando la concepción de que cuanto más formado estuvieras, mejor te iría en tu campo profesional. Poco a poco, el mercado laboral fue desrregularizándose y por consiguiente, precarizándose, para dar cabida a toda esa mano de obra joven en busca de ingresos. Una tendencia que acabó materializándose con el auge de las empresas de la ‘gig economy’, del trabajo casi voluntario, de las becas al terminar la formación para suplir las funciones de un trabajador normal, de la construcción de un perfil profesional basado más en los contactos o en la popularidad en redes sociales que en los títulos y, en definitiva, de una cultura laboral del 'sálvese quién pueda' que no tiene en cuenta los méritos, sino la capacidad del trabajador para aceptar ser explotado o, en su defecto, autoexplotarse. Así, surgió un mercado laboral que rompió con la tradicional relación entre horas y salario, habilidades y competencias, derechos y responsabilidades, para dar lugar a una cultura de la autonomía individual.

Foto: La generación perdida entre dos crisis: "Nos toca postergar todo, otra vez"

Estas son, a grandes rasgos, las ideas que defiende Mariano Urraco Solanilla, doctor en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y profesor de esta materia en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), para criticar la tendencia a agrupar a la sociedad en base a generaciones. “La noción de generación se ha convertido en puro marketing y en ocasiones sirve para justificar los grandes males a los que se han tenido que enfrentar los jóvenes”, asegura a este diario. “Cuando hablamos de ‘generación precaria’ estamos dando carta libre a la precariedad, que por supuesto está extendida, pero no para todos. Estamos obviando la desigualdad, que es mucho más sangrante que la precariedad. Siempre habrá gente que vivirá muy bien, más allá de cuando haya nacido, por tanto si decimos que todos son precarios y hacemos repaso de quién tiene más másteres y aún así trabaja en un empleo peor, estamos ocultando que también hay gente de esa generación a la que le va muy bien. Por ello, estamos negando la desigualdad”.

El estigma

Para Urraco Solanilla, parte de esas características negativas que definen a los 'millennials' y que vienen reflejadas en los memes anteriormente descritos, aluden a “un estigma que se quiere colocar a los jóvenes de ahora por parte de gente que ha obtenido una posición privilegiada”. En sus propias palabras: “es muy fácil para los mayores criticar a los jóvenes sin tener en cuenta que la mayoría de sus problemas son resultado del mundo que ellos les han dejado”. Se trata de “una lucha de poder, pues parece que las generaciones se disuelven cuando uno se hace adulto, lo que demuestra que existe esa necesidad de crear etiquetas para dejar de lado toda esa serie de luchas de poder económico”.

"Los jóvenes son menos posmodernos de lo que se nos vende y les encantaría tener una vida más estable, a la imagen de sus padres"

“Se está responsabilizando al individuo, el estado ha ido menguando sus funciones y a medida que lo ha ido haciendo todo lo que antes se preocupaba de velar por la seguridad de los trabajadores ahora lo tiene que hacer el individuo”, aduce el profesor. “Es un mantra del capitalismo que viene a decir: ‘todo depende de ti; si quieres, puedes’. Todo está lleno de mensajes motivacionales que cargan de responsabilidad a la persona, cuando en realidad es un perfecto engaño porque influye mucho más todo lo que sucede a tu alrededor que lo que tú puedas hacer a la hora de definir tu vida y amoldarte al sistema socioeconómico”.

Urraco Solanilla presentó una tesis que sirvió de punta de lanza de estas ideas: ‘Un saco de niños zaleados: precariedad laboral y vital de la generación de la crisis en Extremadura’, en la cual demostró que muchas de esas nociones asociadas a los ‘millennials’ de estar acostumbrados a vivir en la inestabilidad vital y profesional o tener un afán aventurero, en realidad son falsas. “Los millennials quieren ser funcionarios como sus padres”, sentencia, “la mayor parte de ellos, si tuvieran que firmar un contrato para toda la vida, lo harían con los ojos cerrados”. El profesor se centró en la comunidad extremeña para comprobar que “los jóvenes son menos posmodernos de lo que se nos vende y les encantaría tener una vida más estable que la que tienen, a la imagen de sus padres”. Lo que pasa, evidentemente, es que no pueden, de ahí que “las oposiciones se presenten como esa tierra prometida y la Junta de Extremadura, el mayor empleador visible”.

Complejo de Sísifo

En este punto, cabe recordar el libro del recientemente fallecido antropólogo David Graeber, 'Bullshit Jobs' (publicado en español como 'Trabajos de mierda'), el cual denuncia la enorme cantidad de empleos que muchos jóvenes preparados se ven obligados a aceptar para para sobrevivir en la rueda del sistema, y los cuales no satisfacen ningún ansia de realización personal para ellos así como tampoco repercuten en un bien o servicio notorio para la sociedad. "Tenemos el discurso cultural de que el trabajo nos tiene que realizar, una idea que parte de la generación 'boomer'", puntualiza Urraco Solanilla.

"Es fácil para los mayores criticar a los jóvenes sin tener en cuenta que la mayoría de sus problemas son resultado del mundo que ellos les dejaron"

"Cuando alguien tiene uno de estos 'trabajos de mierda' primero se le culpa a él de no haber hecho un máster, estudiado lo suficiente o haberse ido al extranjero", explica el profesor. "Es como el mito griego de Sísifo, el cual tenía que cargar una piedra por una montaña que nunca se acaba. En este caso, jamás llega a la cima, y te hacen pensar que es culpa tuya. Aquí ya no hay derechos, solo obligaciones. Y en segundo lugar, la justificación de que haya trabajos malos sirve de contraste para que haya trabajos buenos. Mientras alguien a quien conozcas tenga uno bueno, eso quiere decir que no lo has intentado lo suficiente o que no lo has conseguido todavía. De algún modo, esta serie de trabajos son como el purgatorio que tienes que cruzar para soñar con esa posición económica y social que te han vendido desde el principio".

Un tren fantasma a ninguna parte

En el año 1986, el sociólogo alemán Ulrich Beck publicaba 'La sociedad del riesgo', un libro premonitorio de lo que estaba por venir. En él, el autor establecía una metáfora perfecta del funcionamiento de la sociedad desde entonces hasta ahora: una estación de trenes fantasma por la que desde hace mucho tiempo ya no pasaba ningún vagón. Sin embargo, en ella aparecían jóvenes que, en lugar de irse a casa, permanecen en el andén con su billete, a la espera, en un "para cuando vuelva" infinito.

"Nuestra sociedad ha interiorizado que las cosas están mal pero que algún día volverán a ser como antes", concluye Urraco Solanilla comentando la obra de Beck. "Entonces, seguimos comprando billetes para ese tren que puede que ya no pase nunca o, en todo caso, solo pase para unos pocos. Hay gente que se sube al tren y tiene su vida resuelta desde que nacen. Por tanto, no se puede decir que todos los jóvenes de una generación son precarios, porque muchos tienen su misma edad y no lo son". En conclusión, tal vez sería más justo si el famoso meme del perro grande-perro chico no dividiera a los implicados según su año de nacimiento, sino por su ascendencia social y su facilidad de subsistir en un mercado y una sociedad que cada día que pasa se vuelve más competitiva y excluyente, en la que solo caben unos pocos.

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