La filosofía que explica por qué los CEO de Silicon Valley se presentan como víctimas
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'La rebelión de Atlas'

La filosofía que explica por qué los CEO de Silicon Valley se presentan como víctimas

No es de extrañar que cuando sale una resolución judicial en contra del modelo de negocio de estas empresas, sus máximos responsables opten por representar el papel de víctima

Foto: Elon Musk (Alexander Becher, EFE)
Elon Musk (Alexander Becher, EFE)

"Mi fe en la humanidad ha sido restaurada". Estas fueron las palabras que pronunció Elon Musk a la prensa el año pasado tras ganar un juicio contra Vernon Unsworth, un experimentado explorador al que anteriormente tildó de 'pedófilo' por Twitter (usando la expresión 'pedo guy', un juego de palabras sudafricano). ¿Qué ocurrió para que sucediera todo esto? Básicamente, Unsworth se negó a usar uno de los submarinos que Musk envió junto con un equipo de ingenieros en nombre de Tesla para rescatar a un equipo de fútbol que quedó atrapado en una cueva a mediados de 2018. Tras negarle su ayuda, alegando que era fruto de una mera "estrategia de responsabilidad corporativa", Musk se cogió un tremendo berrinche y arremetió contra el explorador en la red social. El abogado de Unsworth, por su parte solicitó entonces una indemnización de 190 millones de dólares en daños y perjuicios contra la reputación de su cliente, que más tarde desestimó el tribunal, dando la razón a Musk.

El papel de víctima al fin redimida que asumió Musk a la salida del juicio no es un caso aislado. Algo parecido sucedió cuando en Estados Unidos salió una resolución judicial a favor de los trabajadores de Uber y Lyft por la cual se les reconocía como "falsos autónomos". Una sentencia homóloga a la que hubo recientemente en España contra Glovo. En el caso del país estadounidense, los altos cargos de estas empresas emprendieron una campaña mediática reaccionando contra sindicatos, académicos y políticos que durante años denunciaron las malas condiciones laborales de sus empleados, además de quejarse públicamente de los ataques recibidos en redes sociales por personas anónimas de forma prolongada en el tiempo contra su regulación laboral.

¿A qué se debe esta actitud por parte de los reyes del mercado? Recientemente, un profesor de filosofía de Stanford llamado Adrian Daub publicó un artículo en 'Medium' en el que abordaba esta cuestión por la cual, pese a ser percibidos como triunfadores dentro de un sistema sumamente competitivo, toman el papel de víctimas, y los agentes sociales (ya sean periodistas, políticos o meros ciudadanos con un amplio número de seguidores en redes), son sus supuestos verdugos.

El egoísmo como la mayor de las virtudes

Daub cita a Ayn Rand, filósofa estadounidense de origen ruso, reconocida como uno de los máximos exponentes del "anarcocapitalismo" (aunque ella misma tuviera grandes disputas contra otros autores de esta corriente y rechazara la categoría). Rand veía al egoísmo como una virtud: el amor al prójimo por encima de a uno mismo no solo es imposible, sino que también es inmoral. De ahí que lo defendiera a ultranza como la única actitud natural y racional del hombre; a diferencia del altruismo, el cual consideraba una perversión.

Rand veía al egoísmo como una virtud: el amor al prójimo por encima de a uno mismo no solo es imposible, sino que también es inmoral

Estas ideas filosóficas de Rand cristalizan en una suerte de teoría económica liberal al extremo, la cual contempla una ínfima o nula participación estatal en la economía de un país, de ahí que despierte tantas simpatías entre los empresarios de Silicon Valley y, en general, los CEO de la 'gig economy', quienes cuestionan un mundo en el que haya que estar sujetos a unas reglas jurídicas impuestas por los estados para desarrollar su actividad, ya sea a través de los impuestos o de las normas sindicales a las que se deben ajustar.

Una huelga de jefes ejecutivos para parar el mundo

La filósofa publicó en 1957 la obra 'La rebelión de Atlas', en la que narra la historia de John Galt, un hombre capitalista que organiza un movimiento de empresarios, a quienes ve como "hombres con talento", contra la sociedad, representada por lo que ella llama "los saqueadores" (políticos y gobernantes, quienes creen que toda actividad económica debe estar regulada). Así, los países se quedan sin su "motor del mundo" en esta paradójica 'huelga de propietarios' que acaba bloqueando a toda la sociedad.

Pensando en víctimas y verdugos. (Fotografía de Ayn Rand, Wikipedia)
Pensando en víctimas y verdugos. (Fotografía de Ayn Rand, Wikipedia)

Precisamente, la autora iba a titular en un principio su libro como 'La huelga', pero se dio cuenta de la potente connotación 'socialista' o sindical que poseía este término, de ahí que finalmente se decantara por este dios de la mitología griega como símbolo de esos jefes de compañías que cargan sobre sus espaldas el peso del mundo económico, y sin los cuales, en la metáfora ideada por Rand, este se derrumbaría al instante.

Debido al complejo mesiánico de figuras como Jobs, tomamos a los líderes de esta industria más en serio, como si fueran voces proféticas

Daub también se refiere en su artículo a la potente influencia que tuvo Nietzsche en el pensamiento de Rand, sobre todo a raíz de esa inversión de valores morales que lleva a cabo, por la cual los egoístas deberían ser percibidos como los buenos y los justos, a diferencia de los solidarios, que suponen una lacra para la sociedad.

Nietzsche (Wikipedia)
Nietzsche (Wikipedia)

"No es de extrañar que una industria que siempre ha estado acostumbrada a salirse con la suya encuentre teorías filosóficas que les sirva de pretexto para evadir la regulación y generar relaciones públicas positivas", asegura el profesor de Stanford. En este sentido, el académico deja entrever que muchas veces estos altos ejecutivos pasan por alto el gran poder del que disponen un conjunto de individuos unidos frente a un mismo propósito que no consista simplemente en actuar en base a su propio interés, sino en el del colectivo. De ahí que parte de esa victimización que adoptan en público sea percibida por sus rivales como una debilidad más que como una amenaza.

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"Para una industria que tiene un gran impacto en cómo vivimos, trabajos e incluso en cómo pensamos, existe un problema obvio frente al hecho de que se vean como oprimidos y no como opresores", concluye Daub. "Debido al complejo mesiánico que tienen figuras como Jobs, tomamos a los líderes de esta industria mucho más en serio, como si fueran voces intelectuales o proféticas. En cambio, su incapacidad para ver cómo funcionan las estructuras de poder", que en este caso según razona el profesor es de abajo hacia arriba, "se convierte rápidamente en una ventaja nuestra".

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