Cómo hablar con tus hijos del coronavirus: ocho claves para explicarles la pandemia
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Cómo hablar con tus hijos del coronavirus: ocho claves para explicarles la pandemia

Varios expertos en psicología infantil nos ayudan a encontrar herramientas para ayudar a los más pequeños a convivir de la mejor manera con la nueva realidad a la que nos enfrentamos

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Vivir siempre comporta un cierto grado de incertidumbre, pero el año 2020 nos ha roto todos los esquemas. Estamos teniendo que interiorizar una realidad inédita para la que no estábamos preparados. La necesidad de estar confinados, el hecho de no poder ver a nuestros seres queridos o la obligación de tener que salir a la calle protegidos con una mascarilla implica asumir una nueva forma de relacionarlos que, esperemos, sea temporal. Esta nueva forma de vivir afecta también a los más pequeños. Ellos afrontan este presente tan particular con más dudas y con menos recursos que nosotros.

Los padres suelen tener, 'a priori', una ventaja para explicar a sus hijos ciertos aspectos de la vida: ya tuvieron su edad y, si no vivieron lo mismo, vivieron algo parecido. Gestionar su frustración y sus rabietas, explicarle cómo comportarse con los demás o tratar con ellos los miedos propios de su edad van en el 'pack' básico de las cosas a las que uno se enfrenta como progenitor, pero... ¿qué hacemos ahora con una pandemia mundial?

Para tratar de comprender lo que están viviendo los más jóvenes y, sobre todo, para intentar incorporar herramientas que nos permitan ayudarles a entender y a sobrellevar lo que está ocurriendo, varios expertos nos aportan su visión del tema en las siguientes ocho claves:

1) ¿Cómo están viviendo ellos la pandemia?

"Los niños están expectantes, observan las reacciones de los adultos y se inquietan cuando les llega información que les resulta confusa. En el colegio se les ve más movidos, inquietos. Les preocupa mucho despejar las dudas sobre las cuestiones organizativas", afirma la psicóloga educativa Mar Bueno, que trabaja también como orientadora escolar. "Este año sienten el colegio 'raro'. Algún niño verbalizaba hace poco que 'es el mismo colegio pero no parece el mismo'. En la medida en que les vas explicando las cosas, ves cómo acogen tus palabras con avidez, tienen verdadera necesidad de entender."

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Emilce Dio Bleichmar, doctora en Medicina, psicoanalista y directora de Elipsis Comillas Madrid, explica que "la psicología del medio ambiente cercano es vital para la vivencia del niño". Afirma que la forma en la que los niños están conviviendo con la pandemia depende mucho de su entorno y que hay un abanico enorme de influencias que pueden estar recibiendo: desde "adultos que cuidan a familiares mayores, que transmiten gran preocupación y jóvenes que están pegados a las pantallas para obtener información y comentarlas en las comidas" a "adultos que consideran que el aislamiento es una oportunidad para desarrollar actividades (deportes, paseos por el campo o vida familiar) y jóvenes que se dedican a algún aprendizaje extra o a mayor intimidad con amigos". No tiene nada que ver recibir en casa un 'feedback' de la pandemia lleno de quejas que uno basado en comentarios alegres en el que se les dice a los niños cosas positivas como que "se han ganado un tiempo de vacaciones extra".

Sobre ese entorno en el que se está viviendo la pandemia, José Antonio Luengo, psicólogo educativo y sanitario y Secretario del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, pone el foco en que un no pequeño porcentaje de niños ha convivido (sin escape posible) con esta situación "en espacios de vulnerabilidad inquietantes" con "entornos dominados por la violencia doméstica o por carencias fundamentales en materia de condiciones de vivienda, alimenticias o de acceso a las tecnologías", lo que ha provocado un sentimiento de inseguridad. Luengo cree que aunque "la polémica sobre el propio inicio del curso escolar ha reavivado miedos, desasosiego e incertidumbre en niños, niñas y adolescentes" la realidad ha mostrado "un adecuado proceso de adaptación y ajuste de la población a todo lo dramático que estamos experimentando".

2) ¿Cuál es la mejor forma de explicarles lo que ocurre?

Según Mar Bueno, es importante "darles mensajes claros, sencillos, breves. Que entiendan el porqué de todas las normas que les pedimos cumplir. Ellos, al igual que cualquier persona, van a cumplir con más esmero aquellas normas cuya utilidad y sentido comprendan". Resalta también la idea de hacerles partícipes de la lucha contra el coronavirus, ya que "si los niños sienten que tienen herramientas para luchar frente al virus, su sensación de competencia aumentará, fortaleciéndose su autoestima".

Margarita Aznar, psicoterapeuta infantil y coordinadora de grupos de padres y madres, pone el foco en los momentos en los que esa explicación sucede: "Lo que les decimos no es solo cuando nos sentamos a hablar con ellos o nos preguntan, también es cuando nos ven reaccionando a las noticias o cuando nos crispamos con los políticos que nos cuidan delante de ellos". Considera además que el punto central del diálogo debe ser conseguir "hacer de filtro del agobio que tenemos todos" para poder darles "respuestas realistas con la menor carga de la propia preocupación".

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Una madre hablando en casa con su hijo.

La doctora Dio Bleichmar considera que es valioso apelar también a "la experiencia del cuidado" que los niños ya tienen como herramienta para afrontar lo que viene: "A las modalidades corrientes de abrigarse bien, tomar vitaminas y comer y dormir bien, ahora le añadimos el aislamiento. Es importante porque es un método al que nos sumamos todos y que sirve para que todos estén bien (y no solo unos pocos)". Por su parte, José Antonio Luengo cree que hay que "combinar la explicación razonada, sin sobreexposición a la información, de las noticias que nos preocupan con la visualización de mejores tiempos que, sin duda, llegarán" significando las buenas noticias cuando estas aparecen (como ejemplos de solidaridad de la población) y poniendo en valor siempre el trabajo de quienes nos cuidan, nos protegen y nos ayudan a mantener los servicios esenciales.

3) Diferenciar por edades

Es evidente que la edad del niño influye mucho en la manera de contarle lo que sucede, y todos los expertos consultados afirman que es muy importante hacer distinciones en función de su edad y explicárselo siempre con un lenguaje adaptado a ella. Un buen ejemplo de esto son los distintos vídeos que la Comunidad de Madrid ha creado para explicar, por rango de edades, cómo hay que acudir al colegio. En el caso de los más pequeños, destacando como punto de partida cinco 'superpoderes' que luego se utilizan en clase para desglosar los motivos de estas recomendaciones.

Sobre este asunto Mar Bueno considera que "en la Etapa Infantil, de 3 a 6 años, la mejor forma de acercarnos a ellos será mediante el juego simbólico, los cuentos, personajes de series o dibujos conocidos para ellos... con todo este material como soporte, podremos explicarles mejor lo que les queremos transmitir". Margarita Aznar opina que para hablar a los más pequeños "se puede partir de su experiencia previa con la salud y el estar malitos para explicarles que es un 'bichito' que no vemos pero que tenemos muchos poderes muy importantes para que no nos afecte". Aznar considera que tanto los niños de 6 a 12 años como los adolescentes "tienen cognitivamente una compresión mayor de las causas de la enfermedad" y Bueno apunta que "a partir de los 11 años los niños ya están en disposición de entender perfectamente una explicación similar a la de un adulto, simplificando el lenguaje y contenido a lo esencial".

4) ¿Hay que mentirles por su propio bien?

No. No hay que mentirles. Es la respuesta compartida de todos los expertos. Aunque el hecho de no mentirles no implica que haya que contarles todo lo que ocurre. El objetivo es ir a lo esencial, filtrar aquello que sí son capaces de entender, graduar adecuadamente el tono con el que les damos la información y ayudarles a elaborar lo que les estamos contando.

5) Preguntas sin respuesta

¿Qué hacemos con las dudas que los niños plantean y para las que, por el momento, ni los adultos tienen respuesta? ¿Cómo gestionamos su incertidumbre y el hecho de no poder contestar claramente a lo que preguntan? Todos coinciden en que los padres no deben inquietarse en exceso por explicar a sus hijos que hay cosas para las que todavía no hay respuesta. Emilce destaca "la importancia de la tolerancia a no saber con certeza y la fuerza que esto nos otorga" y propone apelar a "historias propias o de familiares de mudanzas, cambio de país o cambio de cole" en los que la incertidumbre es protagonista y en la que se plantea "el cambio como una moneda que siempre tiene dos caras". Aznar recuerda que la vida es incierta y que aunque "lo que pasa ahora lo vivimos a flor de piel, los seres humanos estamos preparados para gestionar esas incertidumbres. Y nuestras crías también".

Para llevar de la mejor manera ese grado de incertidumbre y de no poder dar respuesta a todo, Mar y José Antonio proponen centrarnos en lo que sí sabemos (medidas de protección e higiene que nos protegen si las seguimos correctamente) y en aportar noticias esperanzadoras y valoración de los logros compartidos en nuestros mensajes.

6) Enfrentarse a la realidad de la muerte

La situación que estamos viviendo puede estar provocando que muchos niños tengan que enfrentarse antes de lo esperado a la realidad de que existe la posibilidad de la muerte. ¿Cómo hay que hablar ese tema con ellos?

"El tema de la muerte es algo que suele generar angustia en el propio adulto. Esta es la razón por la que normalmente se evitan los temas con los niños. Lo ideal es ayudarles a entender que la muerte es una fase más de la vida y que lo esperable es que llegue cuando ya hemos vivido muchos, muchos años, porque es lo habitual. Eso no quita para que haya personas jóvenes que mueran, pero no es lo habitual", afirma Mar, "también es bueno que entiendan que el organismo tiene mecanismos para restablecer la salud, por lo que habitualmente uno enferma y al cabo de un tiempo recobra la salud. Que a lo largo de nuestra vida podemos pasar por muchas enfermedades, de las que saldremos sin problema".

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Tanto Margarita Aznar como José Antonio Luengo destacan que la muerte forma parte esencial de la propia vida y de las cosas que tenemos que asumir emocionalmente hablando. Hablar de ella supone un reto pero también una necesidad y hay que hacerlo atendiendo siempre a la capacidad de comprensión que tenga cada niño para poder darle los mejores ejemplos que le puedan ayudar a comprender este proceso.

Finalmente, la doctora Dio Bleichmar anima a compartir que el miedo que les puede surgir puede ser "algo positivo cuando nos lleva a cuidarnos más". Cree que "salvo que pregunten o ellos encaren el tema de la muerte" no hay que adelantarse. "La mente puede hacer con ese tema un paquetito y ponerlo en un cajón. Allí está pero no siempre delante de las narices".

7) Miedo excesivo

Un cierto miedo por lo que vivimos puede tener sentido tanto en los adultos como en los más pequeños pero, ¿cuándo tenemos que empezar a preocuparnos con el hecho de que un niño esté temeroso ante el virus? y, lo más complicado de todo, ¿cómo identificamos ese miedo si ellos no lo verbalizan?

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"Observando su comportamiento. Si vemos cambios que nos llamen la atención. Si de pronto se le ve más inquieto, irritable, tiene rabietas frecuentes, manifiesta problemas de alimentación o sueño, se le ve sin ganas de hacer las cosas que le gustaba hacer, está demasiado retraído...", explica Mar. Margarita apunta en la misma línea: "Los niños muestran signos de su malestar con sintomatologías diversas. Según la edad, volverse a hacer pis en la cama, estar más irritable, menos centrado en lo escolar, aislándose, mostrando miedo al cole, o a salir la calle... cualquiera de las sintomatologías que en cualquier situación serían una señal de alerta para los padres",

8) Mirando al futuro

La angustia y los miedos colaterales derivados de la pandemia pueden desencadenar a medio o largo plazo ciertas fobias, que pueden terminar provocando no querer realizar actividades cotidianas como ir al colegio o incluso salir a la calle. ¿Cómo podemos prevenir esas situaciones?

En primer lugar hay que evitar forzar a cambios bruscos y hay que intentar buscar una cierta progresión en los pasos que hay que dar para retomar situaciones que habíamos abandonado. En segundo lugar hay que subrayar las acciones que nos permiten proteger nuestra propia salud y las demás, insistiendo en la idea de que sabemos cómo protegernos y que una vez puestas en práctica esas medidas son nuestra mejor arma. Por último, hay que dar una imagen de control, ya que ellos reproducen nuestros miedos con facilidad. Para lograrlo todo esto, Emilce apunta en un factor determinante, el de poder dosificar la información que circula en su entorno.

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