¿Es real la calle donde está el Ikea de Valladolid? El motivo de su descacharrante nombre
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Me falta un tornillo, número 5

¿Es real la calle donde está el Ikea de Valladolid? El motivo de su descacharrante nombre

El peculiar denominativo con el que el Ayuntamiento bautizó la calle en 2011 tiene su origen en una campaña de marketing impulsada por la empresa sueca

Foto: Un logo de Ikea a la entrada de una tienda. (Reuters)
Un logo de Ikea a la entrada de una tienda. (Reuters)

"¿Queréis reíros un rato? Buscad en Google dónde está el Ikea de Valladolid". Una sencilla comprobación se ha hecho viral en cuestión de horas. Cualquier persona que se haya encontrado este mensaje en las redes sociales y no haya podido aguantarse la curiosidad se ha topado con el mismo resultado. Para quienes quieran ahorrarse el trabajo de teclearlo, la dirección es: Calle Me falta un tornillo, número 5. Pero, ¿es real este descacharrante nombre?

Sí, lo es, y además tiene un origen muy democrático. Todo se remonta a 2011, cuando Ikea organizó una encuesta en su página de Facebook instando a que los pucelanos eligieran el nombre de la calle donde se situaría el nuevo establecimiento que planeaban abrir en el municipio de Arroyo de la Encomienda, a escasos ocho kilómetros de Valladolid. El único requisito para participar en la votación era ser seguidor de la compañía sueca en la red social.

No era la única opción. Las otras propuestas finalistas para el nombre de la calle eran 'Como en casa, nada' y 'Abrazo en el sofá', pero finalmente se impuso la posibilidad más atrevida. El 54,3% de los encuestados se decantó por 'Me falta un tornillo', mientras que un 23,3% prefirió 'Abrazo en el sofá' y un 22,3% optó por 'Como en casa'. El Ayuntamiento de la localidad vallisoletana cumplió su parte del trato y concedió el nombre elegido a la calle, al tiempo que la compañía sueca sorteó 10 reproducciones personalizadas de la placa con el nombre entre los participantes.

Cuando el marketing supera la ficción

No es la primera vez que una empresa emprende una estrategia de marketing tan arriesgada. En el recuerdo de muchos españoles queda la mítica campaña de Aquarius en la que se ponía en marcha una 'gestoría' para que todas las personas que lo desearan cambiaran su nombre. El ejemplo que animaba a hacerlo era el de Antonio, el alcalde de un pequeño pueblo donde todos los vecinos —salvo el regidor— tenían nombres peculiares, como por ejemplo Filogonio, Quintilia o Filonina.

Una de las ideas más rompedoras fue la del estudio de videojuegos Capcom, que decidió acondicionar una carnicería de Londres con esculturas hiperrealistas que simulaban carne humana para promocionar Resident Evil 6. Otro de los proyectos más singulares corrió a cargo de Nike, que hace unos años llegó a subastar productos de su catálogo con una divisa un tanto extraña: el sudor. Aquel participante en la promoción que demostrara haber corrido más kilómetros se llevaría el premio.

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