El Conde Duque de Olivares, una oportunidad perdida para España
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el primer gran reformista

El Conde Duque de Olivares, una oportunidad perdida para España

Culto y mecenas de artistas, dramaturgos y eruditos; fue el gran protector de Velázquez en la Corte y de él salió la idea de construir el Palacio del Buen Retiro

Foto: Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde-duque de Olivares.
Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde-duque de Olivares.

“No puedes convencer a un creyente de nada porque sus creencias no están basadas en evidencias, están basadas en una enraizada necesidad de creer”

Carl Sagan.

Nunca se podrá decir de Olivares, que fuera un vago o un currante indolente. Peleó con denuedo cuando España ya había descrito la curva de la gloria y comenzaba su decadencia. Su carrera en la corte podría resumirse como la de un político poco honorable –nada nuevo bajo el sol -, que no supo dar con la tecla adecuada para responder a los desafíos de un imperio colosal sí, pero con pies de barro. Lo intentó, e incluso, quizás pudo ser un gran estadista como apunta el historiador John H. Elliott, en una Europa desarticulada y enfrentada en un todos contra todos donde se dirimían las afrentas nacionales sí, pero también donde se batía España en medio de una mediocre gestión, que a la postre se convertiría en el prólogo de un funeral anunciado para aquel gran imperio que fuimos.

Durante dos décadas muy agitadas y con cinco frentes de guerra abiertos – y luego llamamos a Napoleón avaricioso-, Gaspar de Guzmán, el Conde-Duque de Olivares nacido en el año del señor de 1587 y con pasaporte caducado en el año 1645, condujo la política española durante dos décadas en la época de Felipe IV, otro para darle de comer aparte.

Atento a las corrientes científicas e intelectuales emergentes allende los Pirineos, intentó que el país elevara vuelo, pero asimismo se podría decir que fue un visionario excesivamente engreído, narcisista enfermizo, y en muchas ocasiones, cruel. Ese espíritu reformista chocó frontalmente con la resistencia de una burocracia agostada y esclerotizada y al mismo tiempo con las elites aristocráticas y sus pétreos derechos con lacre.

Foto: Detalle de 'La rendición de Breda', de Velázquez.

Hombre trabajador donde los haya, tenía un equipo competente, pero le devaluaba el trato al que los tenía sometidos; la humillación era su tarjeta de presentación en las relaciones con sus subordinados. Su permanencia en el poder lo fue convirtiendo en un ser denostado y odiado, algo que derivó con el tiempo en un aislamiento progresivo por la notoria falta de empatía.

Desde que entró en 1615 al servicio del príncipe Felipe, futuro Felipe IV, no paró ni un instante de intrigar a diestro y siniestro granjeándose enemigos a destajo. En 1623 consiguió el más alto cargo que podía darle la administración; ser el valido de Felipe IV. A partir de aquí su ascenso al olimpo de la corrupción fue in crescendo convirtiéndolo en un intocable por su relación regia. Amasaría una fortuna colosal gracias a las rentas, territorios y títulos que se auto otorgó. La bancarrota del país estaba al caer, como así fue.

En este orden de cosas, el deterioro de la situación provocó el descontento del pueblo. No hay que olvidar que el Conde-Duque de Olivares era como Jano, tenía dos caras muy definidas. Una de sus loables facetas fue la del impulsor de un polémico proyecto de castellanización de los territorios de la Corona Hispánica. No olvidemos que España probablemente nunca haya estado tan cerca de ser un estado federal como con los Austrias. Esa controvertida política nos conduciría a importantes conflictos internos no exentos de pataleos periféricos. No hay que olvidar que España en ese momento estaba constituida por varios reinos y virreinatos, que tenían en común la figura y autoridad del monarca con algunas excepciones singulares como la del País vasco ,Cataluña y Portugal.

La manía de meternos en follones con las constantes intervenciones militares en el exterior (Guerra de los Treinta Años) cargaba sobre las espaldas de Castilla problemas enquistados que había que resolver sí o sí. Entonces, el Conde-Duque de Olivares creó un sistema económico y militar para que no fueran solamente los castellanos los que cargaran con ese lastre. De ello, nació la Unión de Armas.

Felipe IV (Wikipedia)
Felipe IV (Wikipedia)

El objetivo de estas políticas de centralización que más tarde se harían efectivas a partir del reinado de Felipe V,- el primer Borbón peninsular-, tendría como eje la distribución proporcional en lo tocante a la aportación de soldados y dinero entre los distintos territorios hispánicos para poder financiar los innumerables conflictos bélicos. Se impuso un servicio militar obligatorio a más de 100.000 hombres de armas para combatir al emergente hegemon francés; todo ello, por ende, afectaría a la corona de Aragón y a nuestros hermanos portugueses (en ese momento existía aun la tan ansiada Unión Ibérica entre ambos países). Esto y la progresiva castellanización de estas áreas del Gran Reino derivaron en un guirigay del copón.

Sublevación catalana

La sublevación catalana que concluiría en un baño de sangre no sin antes declararse república, se inició con las protestas de los aparceros de Gerona tal que un día de Corpus. Las consecuencias están registradas en los libros de historia pues tras la dura represión del “Corpus de Sang” no quedó ni el Tato sin recibir un correctivo. Lo cierto, es que se derramó mucha sangre y esos ecos, perduran aún hasta hoy.

Los catalanes se levantaron contra este ordenamiento con causa o sin ella, generando perjuicios adicionales de desestabilización para un país que ya andaba escorado y hubo que enviar tropas con el consiguiente sangrado para el erario público. Aquella enésima rebelión catalana sería sofocada, y lo que pretendía Olivares obtuvo el efecto contrario; más rencor, más odio, más…Las telarañas andaban en los cofres de la hacienda real como Pedro por su casa.

Foto: 'El Corpus de Sang' de H. Miralles.

Tal llegó a ser la situación, que este morlaco engolado y de mirada torva, mascarón de proa de la indecencia más descarada, que atesoraba todo tipo de bienes, pudiendo incluso rescatar de la quiebra a la propia monarquía con su peculio, pidió un préstamo jugoso a los judíos portugueses para salir de la situación. ¿Cinismo o un sinvergüenza de tomo y lomo? Quevedo ya le dedicó en su momento algunas invectivas y coplillas que no tienen pérdida.

Este amoral sujeto, era el conseguidor de aventuras horizontales del monarca, el que le ponía a Felipe IV las féminas a tiro de bragueta descubierta cuando había alguna que se le antojaba (su idilio con la Calderona y sus aproximadamente treinta hijos bastardos rozaban el escándalo en tiempos de impunidad total para las testas coronadas); eran ambos, rey y valido, dos piezas de armas tomar y libertinos de manual. De Felipe IV se cuenta que se llevó por delante a la mitad del convento de las monjitas de San Plácido, cometiendo un sacrilegio con palabras mayores con estas servidoras del altísimo. Las jerarquías eclesiásticas miraban para otro lado pues obviamente también estaban metidas en el ajo, así, tal cual.

Si no fuera por las alentadoras y desconcertantes palabras de Bismarck que aludían a una España que era indestructible a pesar de estar habitada por nosotros los españoles; el tema sería para mear y no echar gota. Es increíble que este país con este tipo de dirigencia haya llegado hasta hoy. Es algo realmente milagroso. A lo mejor va a resultar que Dios existe.

No debemos de olvidar que una buena idea puede ser perfectamente el germen de un desastre si no se calibra bien o no se dan las compensaciones mínimas para evitar sobresaltos. La diplomacia siempre primero, luego, hay otros recursos.

La Unión de Armas

La Unión de Armas provocó un desaguisado tremebundo en la estructura de La Corona y, por ende, del entero país, reino o lo que sea esta jaula de grillos. Portugal se alzaría finalmente con la independencia, un fracaso para un proyecto tan ilusionante. Las Provincias Unidas holandesas y sus quebraderos durante ochenta años en la peor decisión política que España ha tomado en toda su historia, desembocaron en la emancipación de las mismas. La derrota ante Francia, marca el principio del fin de cerca de dos siglos de dominación mundial. La Paz de los Pirineos nos deja un regusto amargo y la Francia de Luis XIV, aparece con brillo propio en el escenario europeo. Felipe IV y su compinche de correrías, condenan a España a jugar en segunda.

'La entrevista de Luis XIV y Felipe IV en la isla de los Faisanes', de Jacques Laumosnier (1660).
'La entrevista de Luis XIV y Felipe IV en la isla de los Faisanes', de Jacques Laumosnier (1660).

Se hace necesario recordar que al igual que en las campañas contra Francia entre Felipe IV y el galo Luis XIII padre del Rey Sol, hubo un momento en que por una decisión errónea, no se tomó París estando esta a tiro de piedra. Habría sido un golpe de efecto tremendo, ver a los Tercios españoles desfilar por los Campos Elíseos y “prendre le petit-déjeuner, croissant et café au lait, ensemble” rematando siglos de lucha de forma tan sublime. Pero la historia es muy caprichosa y tras arrearles sin parar a nuestros vecinos transpirenaicos, acabamos trastabillando y haciendo eses. La vida…

Este hombre de talla, valido de un rey melifluo, se metió en harina para resolver los enormes problemas que albergaban los entresijos de ese imperio tan colosal, que, como el humo, era imposible de aprehender.

Tal vez, su final no fue justo, pero si es cierto que, siendo un hombre de grandes ideas, no contaba con los recursos necesarios para emprender proyectos faraónicos. No pudo coger por los cuernos la historia del que fue este monumental país y paradójicamente iría a morir a Toro en Zamora.

La historia, tiene unas extrañas y misteriosas dimensiones.

El Conde Duque de Olivares, el primer gran reformista de este entretenido parvulario, se había estrellado contra un meteorito, España.

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