La única palabra que nunca debes decir si de verdad quieres disculparte con alguien
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MANERAS DE PEDIR PERDÓN

La única palabra que nunca debes decir si de verdad quieres disculparte con alguien

Cuando otra persona se enfada con nosotros y queremos pedirle perdón debemos mostrarnos lo más sinceros y arrepentidos posible. Y, sobre todo, no decir nunca esta conjunción

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Obtener una disculpa por parte de alguien a quien quieres no es nada fácil. Dependiendo de la gravedad del daño que hayas podido ocasionarle, será más o menos difícil que esa persona vuelva a confiar en ti. De todos modos, como dicen los sabios, "todo tiene solución excepto la muerte", y a no ser de que vuestra relación ya estuviera tocada por algún antecedente, si la ofensa ha sido pequeña no tienes de qué preocuparte; si eres sincero y honesto, el otro te comprenderá y más tarde podrá perdonarte.

Pero a la hora de la verdad, el proceso de pedir perdón no es del todo agradable. Cada persona tiene su grado de orgullo, y conseguir dejarlo a un lado no resulta fácil. Además, en el momento de dar las disculpas, tienes que tener en cuenta que tu propio lenguaje corporal y la elección de las palabras que vas a usar puede delatarte. Los psicólogos expertos en atender problemas de parejas y todo lo que tiene que ver con el ámbito emocional tienen claro que hay una sola cosa que nunca puedes decir si de verdad lo has hecho mal y quieres que la otra persona te perdone.

La palabra 'pero' no es una disculpa, sino una forma de autoprotección disfrazada de perdón

Tan solo posee dos sílabas y es muy fácil que acabes cayendo en su uso a la hora de ofrecer tus disculpas. La palabra en cuestión es "pero" y, de acuerdo a su función semántica, tiene el poder de anular la frase anterior que le precede. Por muy seguro que estés de algo, si le añades ese "pero" restará fuerza al mensaje hasta el punto de que el otro lo pueda interpretar como una manera de disculparte no del todo honesta.

"La palabra 'pero' no es una disculpa, sino una forma de autoprotección disfrazada de perdón", asegura Tasha Seiter, jefa de un gabinete de terapia de pareja en Colorado, a la revista 'Best Life'. "El problema con este término es que una vez que se pronuncia a mitad de una disculpa, se acabará fijando en la mente de tu interlocutor, rechazando por completo la otra parte del mensaje. Incluso si te muestras sincero pidiendo perdón, la otra persona puede ponerse inmediatamente a la defensiva nada más escucharla".

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Algo parecido opina Alexa Cavaseno, psicoterapeuta en Washington D.C.: "Usar 'pero' en una frase deshace esa parte de la disculpa en la que asumes la responsabilidad de tus acciones, echándole la culpa a la otra persona", asegura. Ella propone una frase bastante clara para apreciar el efecto que tiene el 'pero' en todo proceso de pedir perdón: "Lamento no haber sacado la basura anoche, pero olvidaste recordármelo". En este caso, que viene a ser una disculpa inocente, ya que hay ofensas mucho más graves, el 'pero' transforma el sentido de la frase, convirtiéndola en un perfecto ataque contra la otra pesona.

Por tanto, si de verdad asumes toda la culpa de tus actos, realmente no deberías ni explicarte: tan solo dejar hablar a la otra persona y hacer que vea que estás muy arrepentido. Y, en último término, prometerle de forma sincera que no lo volverás hacer, aunque obviamente somos animales que siempre estaremos destinados a caer sobre la misma piedra.

Qué decir en su lugar

Seiter ofrece una técnica muy eficaz para no liarla más y tener que seguir buscando el perdón. Tan solo se trata de sustituir ese "pero" por un "y". Es la única forma de que la otra persona entienda tus razonamientos y las causas por las que te equivocaste con ella. En este sentido, la terapeuta ofrece el siguiente ejemplo: "En lugar de decir: 'Lamento haberte criticado, pero se me hizo el día muy largo. Estaba de mal humor', cámbialo por el 'y': 'Lamento haberte criticado y fue un día muy largo para mí. Estaba de mal humor'".

De vez en cuando, conviene reparar en la función que cumplen las palabras a la hora de comunicarnos con el otro. A fin de cuentas, son la puerta hacia nuestro propio mundo interior, y también al exterior. Como decía un antiguo filósofo, "de lo que no se puede hablar es mejor guardar silencio". Y en este caso, si de verdad no estás arrepentido ni sientes que has metido la pata, mejor será que busques otra solución que volver a engañar a la otra persona.

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