Confirmado por la ciencia: así afecta tu forma de dormir a tu peso
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ESTUDIO CON WEARABLES QUE RASTREAN EL SUEÑO

Confirmado por la ciencia: así afecta tu forma de dormir a tu peso

Un amplio estudio en el que se ha rastreado el sueño de 120.000 personas durante dos años lo demuestra

Foto: El insomnio, uno de los grandes problemas a la hora de dormir. Foto: iStock
El insomnio, uno de los grandes problemas a la hora de dormir. Foto: iStock

No dormir lo suficiente o tener una mala calidad del sueño se ha relacionado con la propensión a engordar. Ahora, un nuevo estudio, que ha usado pulseras de actividad para rastrear el sueño de 120.000 personas durante dos años, lo confirma.

La relación entre dormir mal y/o poco y un mayor índice de masa corporal (IMC) se ha demostrado en diferentes estudios, pero los investigadores normalmente se han basado en los recuerdos de los participantes para registrar lo bien que dormían… y esto no siempre se ajusta a la realidad.

Foto: La higiene del sueño es fundamental para cumplir tus metas. (Pixabay)

Ante ello, y a través de pulseras de actividad, smartphones y smartwaches, esta nueva investigación, publicada en la revista científica 'JAMA Internal Medicine', ha querido reducir el margen de error.

La gente obesa duerme menos

Así, los resultados, con una muestra de 120.000 personas durante un máximo de dos años, mostraron que la duración y los patrones de sueño son muy diferentes entre las personas. No obstante, la conclusión principal es que las personas con un índice de masa corporal de 30 o más, que son consideradas obesas, tenían duraciones de sueño ligeramente más cortas y patrones de sueño más variables.

"Estos hallazgos dan más respaldo a la noción de que los patrones de sueño se asocian con el manejo del peso y la salud en general"

Y la diferencia no fue muy grande. Las personas con obesidad durmieron 15 minutos menos que aquellos con menor peso.

El estudio, como reconocen los propios investigadores, cuenta con una serie de limitaciones: se excluyeron las siestas, no se tuvieron cuenta otras posibles enfermedades y las personas que usaron estos dispositivos de rastreo portátiles son normalmente más jóvenes, con mejor salud y de un estatus socioeconómico más alto que los que no usan rastreadores.

Combatir y vencer la obesidad (iStock)
Combatir y vencer la obesidad (iStock)

A pesar de ello, una ventaja importante del estudio es que se monitorizó a las personas durante dos años y los resultados corroboraron investigaciones anteriores y "no fueron sorprendentes", según señala Raj Dasgupta, director asociado del programa de Medicina del Sueño de la University of Southern California (Estados Unidos).

“Estos hallazgos dan más respaldo a la noción de que los patrones de sueño se asocian con el manejo del peso y la salud en general", añade en declaraciones a CNN.

Grelina y leptina

Hay una razón científica por la que la falta de sueño está relacionada con el apetito. Cuando se está privado de sueño, las investigaciones han demostrado que los niveles de una hormona llamada grelina se elevan mientras que otra hormona, la leptina, cae en picado. El resultado es un aumento del hambre.

"Cuando estás privado de sueño, tienes antojo de dulces y cosas saladas y con almidón. Quieres esas patatas fritas, quieres una galleta, quieres un caramelo"

Otra razón por la que aumentamos de peso se debe a un antiguo sistema corporal llamado sistema endocannabinoide. Los endocannabinoides regulan, entre otros, las ganas que podamos sentir de ingerir alimentos ricos en grasas con altos contenidos energéticos y calóricos.

Foto: Fuente: iStock

"Cuando estás privado de sueño, no dices 'Oh, ¿sabes qué?, quiero unas zanahorias'", explica la neurocientífica del comportamiento Erin Hanlon, que estudia la conexión entre los sistemas cerebrales y el comportamiento en la Universidad de Chicago. "Tienes antojo de dulces y cosas saladas y con almidón. Quieres esas patatas fritas, quieres una galleta, quieres un caramelo…".

Dependiendo de la edad, se debe dormir entre siete y diez horas cada noche. Dormir menos se ha relacionado en diferentes estudios con presión arterial alta, sistema inmunológico debilitado, aumento de peso, falta de libido, cambios de humor, paranoia, depresión y un mayor riesgo de diabetes, apoplejía, enfermedades cardiovasculares, demencia y algunos cánceres.

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