llenas de proteínas

¿Comer hormigas podría ayudarnos a vivir más?

En Santander, Colombia, son un auténtico manjar y tienen un periodo de recogida muy corto (en época de lluvias). ¿Podrían convertirse en el alimento del futuro?

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¡Viscoso pero sabroso! Si alguna vez has tenido la suerte de darte un paseo por un mercado de algún país de Latinoamérica o Asia, habrás podido comprobar ojiplático los innmuerables insectos que se cocinan y que incluso se consideran manjar. Quizá si acudieras a un restaurante de alta gama no se te ocurriría pedir hormigas, grillos, arañas (en Camboya) o la famosa sopa de murciélago que en los últimos tiempos ha estado en boca de todos, pero eh, nosotros comemos caracoles y percebes al fin y al cabo, así que quiénes somos para criticar otras culturas.

Ya sea por absoluta necesidad, ingenio o porque alguien las probó y descubrió con asombro que hasta sabían bien, en muchos lugares del mundo se comen animales que, en otros, provocarían más de una arcada. Costumbres, al fin y al cabo. Sin embargo, si hace poco decíamos que la leche de cucaracha podría ser el futuro puesto que contiene proteínas, grasas y azúcares, no suena tan descabellado pensar que algún insecto de los que aplastamos en el parque con la suela del zapato, sin darnos cuenta, también podría acabar convirtiéndose en parte fundamental de la pirámide alimenticia.

Con un solo día de recolección, muchas personas ganan el sueldo de una semana. Su importancia es tal que en Santander hay una estatua en su honor

Aunque para la leche de cucaracha todavía habrá que esperar un poco, por suerte, los insectos ya están muy presentes en la actualidad: en Santander, Colombia, la hormiga culona es un auténtico manjar. La Atta Laevigata, que es su nombre más científico, puede comerse sola como si fuera un fruto seco (el que la ha probado asegura que tiene sabor a tocino o a palomita de maíz) o incluso con albondigas y puré de patatas, tantas son las opciones. El único pero es que no pueden recogerse durante todo el año, sino que se debe esperar a la época primaveral (aproximadamente entre abril y junio), que es cuando, con la época de lluvias, aparecen las hormigas reinas para ser fecundadas por el macho de la especie. Se recolectan únicamente en estos meses para poder conservarlas durante todo el año y muchos colombianos aseguran tener tan buena salud gracias a ellas.

Con un solo día de recolección, muchas personas ganan el sueldo de una semana. Después, estas hormigas reina se servirán en restaurantes como menú degustación y en mercadillos, por igual, y según indica 'BBC' un kilo de estos insectos puede alcanzar hasta los 3.000 pesos. Se llevan cocinando y sirviendo más de 1.400 años, según los registros, y además se consideran un afrodisíaco debido a que se cazan en el momento de reproducción. Su importancia es tal que en Santander se puede encontrar incluso una escultura que hace homenaje a esta hormiga culona, que se lava en agua salada y se tuesta al fuego para prepararse.

La FAO ya avisó en 2003 que la incorporación de insectos a la dieta era necesaria por su alto contenido nutricional

El periodo tan corto de recolección y la dificultad para atraparlas las convierte en un producto escaso y relativamente caro, más ahora, puesto que el cambio climático ha afectado a su ciclo reproductivo. Debido a que su temporada de apareamiento depende de condiciones climáticas muy específicas, si el suelo no es lo suficientemente suave, es posible que las reinas no puedan salir fácilmente de sus túneles subterráneos. Y de manera similar, la deforestación y la urbanización están afectando los hábitats naturales de las hormigas, limitando dónde se pueden propagar los nidos. Aunque su desaparición todavía no es una verdadera preocupación, hay que tener en cuenta que si no se dan las condiciones adecuadas, es posible que las hormigas no nazcan o que no puedan escapar del suelo. Sin embargo, los expertos aseguran que llevan siendo alimento humano más de 1.000 años y que saben trabajar para conseguir la supervivencia del grupo, por lo que no es fácil que vayan a extinguirse.

¿Podrían ser el alimento del futuro? Aunque a día de hoy se consideran manjar, un informe de Barclays llamado 'Insect protein: bitten by the bug' aseguró hace un tiempo que, para 2030, debido a la superpoblación no quedará más remedio que hacerse a la idea. La FAO ya avisó en 2003 que la incorporación de insectos a la dieta era necesaria por su alto contenido nutricional, y se estima en la actualidad que en torno a 2.000 millones de personas en más de 130 países, especialmente asiáticos, comen de forma regular insectos como una fuente de proteínas. Y no solo eso, también son ricos en fibra, vitamina B12, omega 3, aminoácidos esenciales y hierro. Al fin y al cabo, según los datos de la ONU, para 2050 habrá que aumentar un 70% la producción de alimentos, por lo que, como sucedía con la leche de cucaracha, si se debe comer insectos como medida para luchar contra el hambre en el mundo, bienvenida sea.

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