Las consecuencias no deseadas de tener que llevar siempre la mascarilla puesta
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Las consecuencias no deseadas de tener que llevar siempre la mascarilla puesta

Su uso es obligatorio, tanto en espacios públicos cerrados como al aire libre. Sin embargo, un mal uso de la misma puede conllevar importantes riesgos

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Las consecuencias no deseadas de tener que llevar siempre la mascarilla puesta

Se han convertido en un objeto indispensable si vamos a salir de casa. Las mascarillas seguramente serán los utensilios que más recodaremos de 2020, ya que ahora mismos las usan millones de personas de una punta a otra del mundo, convirtiéndose en un útil imprescindible para cuando no se puede garantizar la distancia social con otras personas.

En estos momentos de pandemia resulta esencial respetar las medidas de seguridad ante la amenaza de un posible rebrote que nos devuelva a momentos tan malos como los vividos en el pasado mes de marzo. Por eso es vital que siempre la lleves contigo para prevenir todo lo posible un hipotético contagio. Sin embargo, a pesar de que nos brindan una buena protección contra el virus también entrañan riesgos que no se pueden pasar por alto. Un mal uso de la misma puede ser peor que no llevarla puesta, de ahí que es muy importante que desde el primer momento en el que nos la pongamos evitemos tocarla o quitárnosla lo menos posible.

Algunos estudios ya realizados antes del brote descubrieron que las personas tenían peor higiene de manos cuando usaban la mascarilla

Pero más allá de estos problemas obvios, la utilización de mascarillas también puede desencadenar consecuencias no deseadas. Sobre ello han reflexionado Olga Perski, investigadora de la rama de salud y comportamiento social en el University College de Londres (UCL) y David Simons, aspirante a doctor en infecciones zoonóticas del Royal Veterinary College. Ambos han publicado un interesante artículo en la revista 'Fast & Company' en el que advierten de varios riesgos asociados a esta defensa artificial contra agentes infecciosos.

El 'efecto Peltzman'

En primer lugar, Perski y Simons destacan lo que se conoce como 'efecto Peltzman'. A la hora de aceptar una medida de seguridad e incorporarla a la costumbre, el individuo tiende a relajarse en otros aspectos de esa misma actividad. Por ejemplo, si nos hemos acostumbrado a ponernos el cinturón cuando vamos en coche, es más probable que andemos más confiados y seguros y entonces pisemos más el acelerador. Si lo trasladamos a la crisis del Covid-19, la seguridad que aporta la mascarilla puede hacer que minimicemos el peligro de otras conductas, como por ejemplo dar abrazos a nuestros amigos o familiares. O más sencillo y peligroso todavía: no lavarnos las manos con tanta frecuencia.

Foto: El método valenciano para que los hospitales puedan reutilizar mascarillas FFP2 y FFP3

"Aunque no tenemos pruebas claras de que este efecto se esté dando durante la pandemia, algunos estudios ya realizados antes del brote descubrieron que las personas tenían peor higiene de manos cuando usaban la mascarilla", advierten los expertos en su artículo. Recuerda: que lleves mascarilla no quiere decir que debas dejar de cumplir con el resto de normas.

No estar bien colocada

El otro gran problema a tener en cuenta es el nivel de adherencia que tiene la mascarilla en nuestra cara. Ya hemos observado que ciertas personas se la tienen que estar recolocando todo el rato porque se les cae o no se les queda muy fija. En este sentido, todavía no hay estudios académicos sobre cómo podemos mantener en su sitio una mascarilla durante horas o minutos. El riesgo más común que aparece en los espacios públicos es el de aquellos que creen que con solo proteger la boca con ella ya no pasa nada. No, la mascarilla debe cubrir nariz y boca para evitar al máximo el riesgo de contagio.

Tocarse demasiado la cara

La mascarilla es un elemento que al no estar acostumbrados a llevarle con nosotros puede incomodar. Sobre todo ahora con la llegada del verano y el calor. Por ello, es más probable que te toques la cara un mayor número de veces si la llevas puesta que si no, lo que también entraña un cierto riesgo nada despreciable. Además, a la hora de colocársela y quitársela se debe tener sumo cuidado si no nos hemos lavado las manos antes.

Es mejor usar mascarillas reutilizables antes que las desechables o de un solo uso

"De media, una persona se puede llegar a tocar la cara en torno a 15 y 23 veces por hora", analizan Perski y Simons. "Una máscara que pica o que esté mal ajustada puede significar que te frotes los ojos, nariz y boca con más frecuencia. Después de tocar la máscara, existe el riesgo de que tus manos queden contaminadas, y que a su vez propagues el virus por otras superficies como puertas, pomos o barandillas.

El peligro ambiental

Otra escena de lo más reprobable que hemos comenzado a ver en nuestros parques y calles: mascarillas por el suelo, a lado de los bordillos de la carretera o mal tiradas en las basuras y contenedores. Aunque todavía no hay cifras concluyentes del daño ambiental que ya están causando el mal reciclaje de las mascarillas, es evidente que en mayor o menor tiempo llegarán a los ríos y océanos, poniendo en peligro ecosistemas naturales y favoreciendo al calentamiento global.

"Además, las personas también habrán notado que el aumento de mascarillas en las basuras pueden también actuar como un riesgo de infección manifiesto", advierten los expertos. "Por tanto, es preferible usar mascarillas que se pueden reutilizar antes que las desechables o de un solo uso". De lo contrario, solo estarás contribuyendo a que la situación tanto del planeta como de la pandemia que nos afecta, vaya a peor.

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