7 veces te caes, 8 te levantas

Qué es la resiliencia y por qué debemos fijarnos en Japón

El país nipón tiene una filosofía de vida que explica que, frente a las adversidades y errores, hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices

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Corría el mes de marzo del año 2011. Un tsunami y un terremoto habían asolado Japón dejando a su paso 15.893 muertos y más de 2.000 desaparecidos. Las imágenes en televisión mostraban a un pueblo herido que no se permitía llorar, todo el mundo habló de la capacidad de los japoneses de mantener sus sentimientos a raya, enterrados en la superficie, y en la capacidad de no quedarse fijos y estancados, sino de moverse como el agua. La resiliencia, dirían ahora.

Es una de las palabras de moda, y sin duda si has tenido recientemente una entrevista de trabajo, los 'gurús' y los expertos te habrán recomendado fomentarla y desarrollarla si era necesario. La resiliencia es, según la psicología, la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido o un accidente. Una manera de adaptarse positivamente a las situaciones adversas.

La resiliencia es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido o un accidente

En un mundo competitivo como el que nos ha tocado vivir, sin duda parece algo fundamental: la capacidad de salir victorioso mientras los demás se hunden en el fango. Ver oportunidades y estrategias allá donde los demás solo ven desgracias y confusión. Por supuesto, la resiliencia puede practicarse y desarrollarse, y por ello si indagas un poco en internet encontrarás miles de consejos de cómo actúan las personas con estas características.

Pero, volviendo a los japoneses, ¿por qué son considerados en general un pueblo con este don? El daruma, amuleto japonés que podemos encontrar en muchos templos, es un buen ejemplo de ello. Se trata de un amuleto motivador que muestra a la perfección el carácter de un pueblo que ha sido llevado a su límite en muchas ocasiones y que, sin embargo, siempre cae de pie. Podría tratarse de un objeto que nos trajese suerte cuando lo portaramos, sin embargo, no funciona así: nos obliga, en cierta manera, a buscarnos nuestra suerte para conseguir nuestro objetivo; nos motiva y nos da fuerzas para trabajar duro y conseguir nuestros propósitos.

La técnica centenaria del Kintsugi explica que, frente a las adversidades y errores, hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices

No es nada raro intentar buscar tu propia suerte en un país superpoblado, donde el trabajo duro es fundamental si quieres destacar en la vida. Al ser altamente sísmico, pues se ubica en el cinturón de fuego del Pacífico, ha vivido terremotos memorables como el mencionado en 2011 o el Gran Terremoto de Kanto de 1923, que dejó una cifra total de 105.385 personas muertas. Así se entiende, quizá, que continúen practicando la técnica centenaria del Kintsugi: reparar las piezas de cerámica rotas en lugar de tirarlas. Una filosofía de vida que explica que, frente a las adversidades y errores, hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices.

Quizá suene extremo, pero de nuevo no hay que olvidar que se trata de un pueblo que no quiere lamerse sus heridas sino aceptarlas, a menos que lamerlas sirva para volverse más fuerte. En un discurso de radio de 1945 realizado por el emperador Hirohito, (que luego se llegó a considerar algo así como una deidad viviente) llamó a los japoneses a "soportar lo insoportable y sufrir lo que no es soportable" mientras la nación se preparaba para la humillación de la rendición incondicional y el colapso económico al final de la Segunda Guerra Mundial. Y por supuesto, se trata de algo cultural que se enseña a los niños desde bien pequeños: Nana korobi ya oki, dice la frase, o “siete veces te caes, ocho veces te levantas”. Es importante volver a intentarlo y no rendirse. Un mensaje muy 'Disney' que, en algunas ocasiones, puede crear cierto estrés o frustración en los individuos (no hay que olvidar que el país tiene una tasa de suicidio elevada en comparación con otras naciones y está entre las más altas del mundo).

El emperador Hirohito en 1945 llamó a los japoneses a "soportar lo insoportable y sufrir lo que no es soportable"

No obstante, pese al fatalismo implícito en su carácter, es importante mencionar que la resiliencia les ha ayudado siempre a evolucionar. Por poner unos ejemplos: la reconstrucción de Tokio después del terremoto de 1923, y nuevamente después del bombardeo de 1945 por la Fuerza Aérea estadounidense, la transformó en una ciudad moderna, e Hiroshima no solo se reconstruyó, sino que se reinventó por completo. Y tras el desastre de Fukushima en 2011 se detuvieron todas las plantas de energía nuclear y se aumentó la inversión en energía solar.

La filosofía budista viene a explicar que hay una serie de desastres y triunfos inevitables en el ciclo de la vida, que son más grandes que el propio individuo. Desde hace algunos años, el turismo de 'desastre' se está poniendo de moda en el país nipón, y Rikuzentakata, una pequeña ciudad en el noreste de Japón que quedó casi borrada por el tsunami en 2011, es destino frecuente para los viajeros. Según cuenta en un reciente artículo en 'BBC' , Akehiro Okamoto, que organiza 'turismo de esperanza' (una especie de antónimo de ese turismo del desastre) es importante tener ambos, como el ying y el yang: "Los japoneses aceptamos con resiliencia lo que nos sucede y los golpes que nos da la vida, y quizá por eso olvidamos fácilmente. Las experiencias nos han ayudado a estar unidos, pero es importante ver las dos caras: el desastre y cómo hemos resurgido de nuestras cenizas. Si olvidamos rápido, corremos el riesgo de volver a caer en los mismos errores", concluye.

Alma, Corazón, Vida

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