El futuro de Nueva York: ¿será devorado por las aguas?
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El futuro de Nueva York: ¿será devorado por las aguas?

Los pronósticos del aumento del nivel del mar a consecuencia del cambio climático son muy malos para la ciudad del oeste de Estados Unidos. ¿Qué dicen los expertos?

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A día de hoy, es un milagro que la Estatua de la Libertad siga en pie. Este símbolo de la capital del mundo occidental ha aparecido infinidad de veces inundado por las aguas, helado o directamente destruido. Desde aquella primera versión de la saga ‘El planeta de los simios’ (1968) en la que actuaba Charlton Heston hasta ficciones cinematográficas más recientes de catástrofes como ‘El día de mañana’ (2004). Podríamos afirmar que esta construcción que se erige sobre el Océano Atlántico en las costas de Nueva York es uno de los monumentos que mejor refleja en el cine esa incapacidad humana de sobreponerse a desastres. A pesar de toda la ciencia y tecnología de la que disponemos, un cataclismo natural nos puede borrar del mapa en cuestión de horas o días.

Lo hemos comprobado en los últimos meses con la pandemia del coronavirus. Incluso hasta el mismo presidente del gobierno, Pedro Sánchez, reconocía que a lo que nos enfrentábamos tenía todos los ingredientes de una película distópica o apocalíptica. De alguna manera, esta cuarentena ha servido para demostrar que la civilización humana no es omnipotente, y que algo tan diminuto como un virus puede echar por tierra nuestra forma de vivir y paralizar la marcha de la economía. Algo impensable hace tan solo unos meses.

La naturaleza avisó tímidamente con el huracán Irene, y luego más enérgicamente con Sandy. Y que Dios no permita lo siguiente

Una de las paranoias más vigentes en el inconsciente colectivo mundial y, en concreto, en la cultura estadounidense, es que Nueva York sea barrida por las aguas. La amenaza que presenta la crecida del nivel del mar en los próximos años a causa del cambio climático global es real. Tanto es así que desde hace ya tiempo han surgido científicos e investigadores que han estudiado en profundidad el hipotético escenario que dejaría un desastre natural sin precedentes en el seno de la ciudad de Nueva York. Y lo más importante: cuánto tiempo queda para prepararse ante esta emergencia.

Iaus Jacob, geofísico y profesor del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, es uno de los hombres que más saben sobre cuándo y cómo acontecerá una hipotética catástrofe que inunde por completo la ciudad de Nueva York. Según él, nuestros descendientes verán a la metrópoli como una nueva Atlantis. Sus últimos descubrimientos apuntan a que un niño que nazca hoy en la isla terminará viendo cómo el agua crece a sus pies y penetra dentro de la ciudad. El científico cree que la mayoría de las personas vivimos en un estado continuo de negación de riesgos y nos contentamos con aceptar nuestra ignorancia sobre los problemas venideros relativos al cambio climático.

Los primeros días del gran diluvio

¿Cómo imagina Jacob exactamente la vida en una ciudad como Nueva York que día a día el mar gana territorio a las aceras? “El diluvio comenzará lenta e irregularmente”, resume el periodista Andrew Rice en un artículo sobre el tema publicado en la revista local ‘New York Mag’. “Las áreas que nunca sufrieron inundaciones repentinas también comenzarán a experimentarlas, en parte porque el calentamiento global también hará aumentar las precipitaciones. Cuando haya luna llena, la marea alta colisionará contra las mamparas y edificios y la gente empezará llevar puestas siempre botas de agua. Todos los rascacielos, centros comerciales y viviendas institucionales que actualmente se encuentran cerca del mar se verán obligados a acostumbrarse a las inundaciones breves y continuas. Y las más severas se volverán más comunes, ya que si el nivel del agua es más alto, las tormentas impactarán con mayor virulencia en las zonas cercanas a la costa”.

La suerte de Nueva York está llegando a su fin. Pocos lugares en la Tierra son tan vulnerables a un aumento del nivel de las aguas

Pero tampoco hacen falta tantas cábalas. El huracán Sandy, ocurrido en 2012, demostró el colosal poder del océano sobre la ciudad. Años antes, en 2008, Jacob encargaba a varios de sus alumnos la tarea de medir cómo afectaría una marea ciclónica a la ciudad a partir de barómetros y otros instrumentos. Así, publicó un informe en 2011 en el que advertía sobre la posibilidad de que la vida soterrada de la metrópoli, es decir, el metro y sus conexiones, quedarían prácticamente inutilizadas y ruinosas en caso de una grave tormenta. Al año siguiente, se demostró que estaba en lo cierto con la llegada del citado huracán, y su nombre quedó en la conciencia de las autoridades como una especie de profeta de las catástrofes.

“La naturaleza avisó al principio tímidamente con Irene, y luego más enérgicamente con Sandy. Y que Dios no permita lo siguiente”, asegura Jacob a Rice. “De una forma u otra, aprendimos la lección de que es mucho mejor escuchar de vez en cuando a ingenieros y científicos”. Todos los años, de verano a otoño, Jacob vigila de cerca los informes del Centro Nacional de Huracanes. “Vi la tormenta Sandy subiendo por la costa desde el Caribe”, señala el investigador. “Cuando golpeó la ciudad de Nueva York, como un gigantesco ciclón de más de mil millas de diámetro, una pared de agua se precipitó sobre Staten Island y los Rockaways. Mi esposa estaba sentada en las escaleras de casa, mirando el agua que entraba por la puerta y ascendía por el piso”.

Ben Strauss es otro de los hombres que más cerca está de dar con una respuesta sobre el día en el que por fin Nueva York quede sumergida entre las aguas. Para estudiar los desastres venideros, utiliza simulaciones de inundaciones en imágenes tridimensionales vistas a través de Google Earth. Una de las conclusiones a las que está llegando es que aun cumpliendo los puntos del Acuerdo de París por el clima de 2016 para mantener el calentamiento global entre 1,5 y 2 grados centígrados por encima de las temperaturas preindustriales el aumento del nivel del mar es imparable. La razón es que ya hemos arrojado tanto dióxido carbono a la atmósfera que resulta imposible detener el calentamiento global.

El bajo Manhattan se convertiría en un archipiélago y los tejados del sur de Brooklyn serían lo único que saldría a la superficie

Esto se traduciría en un aumento de alrededor de tres metros del nivel del mar para finales de este siglo. De ser así, gran parte del Battery Park City, del Lower East Side y del paseo marítimo de Brooklyn quedarían sumergidos. También los Rockaways y la isla de Coney Island. Por otro lado, el bajo Manhattan se convertiría en un archipiélago y los tejados del sur de Brooklyn serían lo único que saldría a la superficie.

¿Qué fiabilidad tienen estos datos? Las últimas pesquisas apuntan a que ya nos estamos acercando a un aumento de 1,5 grados que no para de aumentar. “Ahora se habla de 3 a 3,5 grados”, explica William Solecki, profesor de geografía del Hunter College, en ‘NY Mag’. “Tenemos el reto de lidiar con estas complicaciones. El puerto de Nueva York ha disfrutado de siglos de prosperidad pero parece que su suerte está llegando a su fin. Pocos lugares en la Tierra son tan vulnerables a un aumento del nivel de las aguas”.

Foto: Fotograma de la película '2012' (Columbia Pictures)

“Muchos de los estudiosos del clima están preocupadísimos, pero realmente es un tema complicado”, asegura Solecki. Por ahora, la mayoría de las políticas se centran en la mitigación de los efectos del cambio climático, o en cambiar los patrones de consumo de energía actuales. “Los pronósticos son bastante desalentadores”, concluye. “Sobre todo porque se hace más difícil abordar el problema sin transmitir un mensaje catastrófico al público. Ya que lo peor es que podemos intuir que la mitigación es inútil”.

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