Las devastadoras (y misteriosas) consecuencias de la privación de sueño
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Enemigo letal

Las devastadoras (y misteriosas) consecuencias de la privación de sueño

No poder pegar ojo se ha vuelto muy común durante el período de cuarentena. Para la ciencia sigue siendo un completo misterio por qué el insomnio total puede llegar a ser mortal

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El insomnio se trata de uno de los trastornos del sueño más comunes entre la población española. Una tendencia que se ha agravado con la cuarentena. Ahora, que ya estamos más cerca de esa "nueva normalidad", ya podemos retomar nuestra actividad física en el exterior, uno de los factores clave a la hora de gozar de un descanso reparador, debido a la liberación de dopamina y energía.

A pesar de que el insomnio es un factor de salud silencioso, ya que muchas personas son incapaces de encontrarle un remedio o prestarle la atención que se merece, si no conseguimos dormir bien nos estaremos enfrentando a una mayor probabilidad de sufrir enfermedades cardíacas, hipertensión, obesidad o diabetes, entre otras. Pero incluso, las especulaciones sobre los efectos negativos de no dormir nada van más allá, y apuntan a que si realmente no pudiésemos pegar ojo ni un solo minuto nuestra muerte sería cuestión de tiempo.

La privación del sueño mata a los animales más que el hambre, es peor no dormir a no ingerir alimentos

Así es, ya que todos los animales duermen. El sueño, en este caso, es un fenómeno neurológico que en caso de no producirse desencadenaría un conjunto de fallos diversos en el organismo. Los científicos todavía no se explican la razón por la que dormir resulta tan vital como respirar, de ahí que las principales investigaciones en la materia se dirijan a determinar qué es lo que hace que el sueño sea una necesidad fundamental para la vida. Más, incluso, que el hecho de alimentarse.

Foto: Una mujer con insomnio en una imagen de archivo. (iStock)

Los primeros estudios para investigar cómo se comportaba un animal en total privación del sueño hoy pasarían por ser completamente inmorales. En Roma, en el año 1894, Maria Mikhailovna Manaseina, una bioquímica rusa, realizó una presentación en el Congreso Internacional de Medicina sobre sus experimentos con diez cachorros. Ella y su equipo mantuvieron a los perros despiertos y en constante movimiento durante 24 horas en una sola jornada. A los cinco días, los animales murieron. "La privación del sueño mata a los animales más que el hambre", aseguró la oscura científica. "La ausencia total de sueño es mucho más fatal para ellos que la de alimentos".

Las autopsias de los animales revelaron que algunos de los tejidos estaban completamente devastados, sobre todo los relativos al cerebro, que estaba plagado de hemorragias, vasos sanguíneos rotos y otras características horripilantes. A raíz de estos experimentos tan crueles, Manaseina concluyó que el sueño no es un simple hábito, sino una función vital que entraba en relación directamente con la actividad cerebral.

Las ratas y el sueño

Las investigaciones fueron más allá. En la década de 1980, un científico del sueño de la Universidad de Chicago llamado Allan Rechtschaffen, quien había estudiado previamente la narcolepsia, comenzó a diseñar experimentos que intentaban separar los efectos de la sobreestimulación con la falta de sueño. De esta forma, creó una jaula para ratas en forma de plato giratoro suspendido sobre el agua. Un tabique separaba ambos lados de la jaula para que los animales flotaran mientras la plataforma giraba lentamente debajo de los animales.

Los animales privados de sueño aumentaron dos o tres veces su ingesta normal de alimentos y y aún así seguían perdiendo peso

Rechtschaffen y su equipo agruparon a las ratas por pares, de tal modo que cuando una de ellas se iba a quedar dormida, giraban la mesa sobre la que estaban para tirarlas al agua. Ambas sufrían estrés por caer al agua y tener que volver a trepar. A lo largo del tiempo, este grupo de científicos monitoreó toda su actividad, estableciendo turnos para vigilar el experimento y lanzarlas al agua cada vez que se quedasen dormidas. De media, las ratas aguantaron 15 días. Desarrollaron lesiones en la piel y perdieron mucho peso. Pero al final, los científicos comprobaron que todas morían por una auténtica privación del sueño.

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Los experimentos de Rechtschaffen por fin deberían haber permitido a los científicos averigüar por qué la privación de sueño acaba matando. Sin embargo, cuando realizaron las autopsias a las ratas lo que encontraron solo hizo aumentar las preguntas en torno a la relación de la muerte con el insomnio: apenas hubo diferencias entre aquellas que murieron por falta de sueño o por muerte natural, tan solo que las primeras estaban mucho más delgadas y tenían las glándulas suprarrenales inflamadas. "No se identificó ninguna causa anatómica de muerte", concluyó la investigación.

"Los animales privados de sueño bajo estas condiciones tan controladas aumentaron dos o tres veces su ingesta normal de alimentos y y aún así seguían perdiendo peso", asegura Carol Everson, profesor de medicina y neurobiología en la Facultad de Medicina de Wisconsin, en una artículo sobre el tema en 'Quanta Magazine'. "Hicimos todo tipo de estudios metabólicos para tratar de averiguar si había alguna razón a este hecho que pudiésemos detectar".

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