¿Nos haremos más solitarios tras el confinamiento?
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NOS CREARÁ ANSIEDAD

¿Nos haremos más solitarios tras el confinamiento?

Investigadores han estudiado el comportamiento del pez cebra, un animal de características sociales similares a las nuestras, para hallar la respuesta

Foto: Una persona mayor, confinada. Foto: EFE Javier Etxezarreta
Una persona mayor, confinada. Foto: EFE Javier Etxezarreta

La soledad afecta tanto a la salud mental como a la física, pero, en contra de lo que podría parecer, también puede resultar en una disminución del deseo de interacción social. Investigadores del University College de Londres (Reino Unido) investigaron este posible comportamiento social a través del pez cebra.

La mayoría de los peces cebra demuestran un comportamiento pro-social, pero aproximadamente el 10% son peces 'solitarios' que son reacios a las señales sociales y demuestran una actividad cerebral diferente a la de sus hermanos pro-sociales. Sin embargo, incluso los peces cebra más sociales evitan la interacción social después de un período de aislamiento.

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Nuestra comprensión de los mecanismos neuronales del comportamiento social es limitada, pero sabemos que el pez cebra y los seres humanos comparten un impulso fundamental de interacción social que está controlado por estructuras cerebrales similares. Aunque el comportamiento humano es mucho más complejo, comprender cómo surge este impulso social básico y cómo se ve afectado por el aislamiento es un paso necesario para entender el impacto del entorno social en el cerebro y el comportamiento humanos. El pez cebra, que es completamente transparente durante el desarrollo temprano, ofrece a los neurocientíficos una visión detallada de sus circuitos cerebrales. "Una visión detallada del cerebro del pez cebra puede proporcionar pistas importantes para todos los que actualmente experimentamos los efectos del aislamiento social", señala Elena Dreosti en declaraciones recogidas por Neuroscience News.

Estrés y ansiedad

Para investigar los efectos del aislamiento, los investigadores aislaron a peces cebra típicamente sociales de otros peces durante un período de dos días y luego compararon su actividad cerebral con la de los peces cebra que demostraban aversión a la interacción social y que no habían sido aislados. Los peces aislados demostraron sensibilidad a los estímulos y habían aumentado la actividad en las regiones del cerebro relacionadas con el estrés y la ansiedad. Estos efectos del aislamiento se superaron rápidamente cuando el pez recibió un medicamento que reduce la ansiedad.

"Una visión detallada del cerebro del pez cebra puede proporcionar pistas importantes para todos los que actualmente experimentamos los efectos del aislamiento social"

Las diferencias entre los peces solitarios y sus hermanos se encontraban principalmente en el hipotálamo, la región del cerebro responsable de las recompensas sociales. El hipotálamo del pez solitario no demostró el mismo patrón de activación durante la exposición social que sus homólogos sociales, lo que indica que los peces solitarios no experimentan recompensas de la misma manera que los peces sociales durante las interacciones sociales. Por el contrario, los peces sociales aislados demostraron hipersensibilidad a los estímulos y activación de las regiones cerebrales asociadas con el estrés y la ansiedad. Los peces aislados experimentaban resultados activamente negativos de la interacción social, mientras que los peces solitarios simplemente no experimentaban recompensa.

No todos nos volveremos solitarios después del aislamiento, pero sufriremos ansiedad por volver a nuestra vida social normal. Al salir del encierro, debemos ser conscientes de esta nueva sensibilidad y ansiedad, pero reconocer que superarla es necesario para volver a una existencia social normal y saludable.

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