La vuelta a las terrazas

"Te juegas el pan y la salud". Hablan los hosteleros españoles en plena desescalada

El miedo a un posible rebrote o a una suma ingente de pérdidas en los próximos meses impera entre los dueños de bares y restaurantes. Pero también hay lugar para la esperanza

Foto: Una trabajadora toma medidas en una terraza de la plaza Real de Barcelona (EFE Marta Pérez)
Una trabajadora toma medidas en una terraza de la plaza Real de Barcelona (EFE Marta Pérez)

24 de mayo de 2020. El día pintaba bien. Las copiosas lluvias de abril dejaron paso a un soleado mayo en el que los leoneses entraban por fin en fase 1 de la desescalada. Al fin, muchos de los dueños de los negocios de hostelería de esta provincia limítrofe entre Galicia y Asturias, conocidos en toda España por sus abundantes tapas y buen ambiente, podrían volver a levantar la reja. Pilar González Castañón salió de su casa contenta, dispuesta a retomar su actividad, adecuar las instalaciones del local para garantizar la máxima seguridad a sus clientes y, quién sabe, tal vez comenzar a servir las primeras cañas en su bonita terraza localizada detrás del Consistorio, en el populoso Barrio Húmedo de León. Nada más salir del portal, comprobó con sus propios ojos cómo la ciudad volvía a bullir, quizás más de lo esperado.

No puedo abrir el bar y al día siguiente volverlo a cerrar porque los clientes no cumplen las normas o por una multa

“La gente parecía que se había olvidado de todo lo que había pasado, hacía lo que le daba la gana, juntaban mesas y no cumplían las medidas de distancia”, admite Pilar. “Decidí volverme a casa y no abrir, al final lo iba a pasar mal yo al tener que estar detrás de todos, como un policía. Tampoco sentía mucha seguridad, no nos han dado muchas pautas, no sé todavía cómo tengo que gestionar las entradas a los baños, también decían que todavía no se podían poner tapas, es un descontrol”. Tras la entrada en fase 2 de Castilla y León el pasado lunes, la propietaria del Pub La Sidrería del Húmedo planea retomar la actividad del local el fin de semana. Sin embargo, el miedo a un posible rebrote sigue en el ambiente, más cuando has vivido de cerca la enfermedad con un familiar, como es el caso de Pilar.

La terraza del Pub La Sidrería del Húmedo, en pleno centro de León. (Facebook)
La terraza del Pub La Sidrería del Húmedo, en pleno centro de León. (Facebook)

“Los hosteleros estamos muy expuestos”, asevera. “Los clientes no se ponen la mascarilla, no les puedes controlar, y la gente tampoco es muy higiénica cuando hay alcohol de por medio. Me gustaría que los de arriba fueran más concretos con las medidas, yo no puedo abrir el bar y al día siguiente volverlo a cerrar porque los clientes no cumplen con las normas o porque recibo una multa de la policía. Hace poco salió la noticia de que la policía tuvo que desalojar una terraza a petición de los hosteleros de un bar de por aquí cerca porque los clientes no se querían marchar. Están acostumbrados a estar hasta las tantas y no lo entienden”.

Caos e incertidumbre

La realidad es muy diferente en cada caso. Pero lo que todos tienen en común es una profunda sensación de incertidumbre, quizás más aún que al comienzo de la cuarentena. La situación se agrava para aquellos hosteleros que ya arrastraban problemas económicos antes de la crisis. De los cerca de 315.000 propietarios de bares y restaurantes españoles, muchos siguen con su negocio en suspenso, ya sea por razones económicas debido a no poder garantizar la rentabilidad con las reducciones de aforo, o sanitarias, ante el miedo a un posible rebrote. Aunque en muchos de ellos impera un característico optimismo al saber que el cliente responderá y así poder salvar el verano, el horizonte sigue siendo muy oscuro. Al fin y al cabo, son uno de los sectores que más expuestos se encuentran de cara al público, y eso genera también temor y dudas.

Los que peor van a salir de esta son los bares medianos, los que tenían a varios cocineros y camareros contratados

Otros, a diferencia de Pilar, fueron de los primeros en abrir, lo que les ha granjeado ciertas ventajas. Es el caso de Nuria Sánchez e Isaac Durá, propietarios del bar musical Decibelio, localizado en la periferia sevillana. En la capital andaluza, “la gente vive en los bares”, como ellos mismos reconocen en una entrevista telefónica, “por lo que desde el 11 de mayo que levantamos las persianas, cuando tan solo podíamos atender al público una hora en los desayunos y otra hora y media en las comidas y cenas, no hemos trabajado tanto en nuestra vida”. Nuria asegura que gracias a ser de los primeros han conseguido atraer y fidelizar a muchos más clientes del barrio que antes desconocían el bar.

Foto cedida por Nuria Sánchez.
Foto cedida por Nuria Sánchez.

Ambos se conocieron trabajando para otro negocio. “Decidimos juntar los ahorros e invertir en nuestro propio bar”, relata Nuria. “En realidad, Decibelio no tiene ni un año, ya que abrimos en junio de 2019”. Ahora, afrontan el verano con optimismo, ya que mucha gente terminará quedándose en el barrio y no huyendo a la costa, “como suelen hacer la mayor parte de los sevillanos todos los años”. Además, contaron con la suerte de acordar una suspensión del pago del alquiler con su arrendatario, así como cobrar las ayudas del gobierno de 660 euros a los autónomos por el cese de actividad. “Creo que los que peor van a salir de esta son los bares y restaurantes medianos. Los pequeños negocios como el nuestro que no tienen ni un empleado podrán subsistir mejor. Pero aquellos que tenían a varios cocineros y camareros contratados, así como un local grande y espacioso, van a ser los más damnificados”, recalca.

En Andalucía, la peor parte se la llevan las zonas costeras, acostumbradas a recibir una gran masa de turismo internacional. Una situación muy perjudicial también para el Levante y las islas Canarias y Baleares. Sobre todo, a raíz de las declaraciones contradictorias y normas dictadas por el gobierno en lo referente a la apertura de fronteras. “Hay una confusión inmensa dentro del sector”, valora José Luis Yzuel, presidente de la Confederación Empresarial de Hostelería de España (CEHE), a El Confidencial. “En Europa ya están todas las fronteras abiertas y aquí no, teniendo en cuenta además que somos el destino preferido por los europeos después de Grecia. El gobierno lo está haciendo muy mal en este aspecto, creando mucha incertidumbre en el sector, y muchos bares siguen en la disyuntiva entre levantar la reja o no, pendientes de las ayudas a los alquileres o sin conocer cuál será la prórroga de los ERTEs”.

¿Y los locales sin terraza?

¿Qué sucede con los bares que todavía no han podido abrir hasta estos últimos días al no disponer de terraza? En pleno corazón de Madrid, a escasos treinta metros de la Gran Vía, se encuentra el bar Valverde, famoso en la capital por servir desayunos y sabrosas tapas durante el horario de día y acoger a grandes grupos de amigos para beber y cenar durante la noche. El pasado lunes fue el día del estreno. Según su dueño, Agustín López, fue “bastante bien, con nervios y garantizando que se cumplían todas las medidas de seguridad”. En septiembre su negocio cumple diez años, lo que sin duda “ha sido un gran motivo para seguir adelante”. Con ocho empleados contratados, asegura que “poco a poco se irán recolocando, de manera progresiva”.

Fachada del Bar Valverde en Madrid.
Fachada del Bar Valverde en Madrid.

“Muchos propietarios de la zona no han querido abrir todavía”, asegura López. “Hay dueños que no esperan retomar la actividad hasta la tercera fase, con la nueva normalidad. Entiendo que ahora es como empezar de cero, un nuevo comienzo. Nosotros tenemos un aforo de 75 personas, por lo que con las restricciones llegamos a un poco más de 20 clientes, suficiente para mantenernos abiertos de momento. Hemos quitado muchas mesas para ceder espacio al local. La gente tiene que ser responsable, el personal no puede estar para vigilar si siguen las normas de seguridad”. Al estar dentro del fluir de transeúntes de Malasaña, el propietario entiende que este año será raro al no ver demasiados turistas por las calles, los cuales acostumbraban a alquilar apartamentos particulares de la zona. Sin embargo, cree que el hecho de que haya más madrileños que prefieran quedarse en casa este verano puede jugar a favor de los establecimientos como el Valverde.

Sergio Isabel en la nueva normalidad, dueño del Bizarro. (Facebook)
Sergio Isabel en la nueva normalidad, dueño del Bizarro. (Facebook)

Otros bares han sabido sobreponerse de manera magistral a la crisis. Es el caso del Bar Bizarro, localizado en pleno centro de Valladolid. Al ser uno de los centros culturales más activos de la ciudad, cuenta con un gran número de clientes fieles que sirven de apoyo a bandas locales, artistas y creativos en el seno de la capital castellano y leonesa. Al frente se encuentra Sergio Isabel, vocalista de The Levitants, quien asegura que también han abierto sus puertas con la entrada del territorio en la fase 2. “La gente se está portando muy bien”, explica a este diario. “Todo el mundo está muy concienciado y nuestra mayor preocupación es garantizar la seguridad de nuestros clientes”.

A lo largo de estos meses de cuarentena, él y sus socios patentaron una cerveza artesanal que transportaron ellos mismos hasta la casa de sus compradores. También han organizado charlas de debate y conferencias que se han retransmitido a través de Instagram. Esta serie de actividades les han ayudado a mantenerse cerca aun en la distancia a su público, ya que ante una situación tan crítica como es una pandemia lo importante, según reconoce Isabel, “es mantenerse todos unidos”.

Otros establecimientos muy cercanos al suyo no han contado con la misma suerte. El Otro Trastero, un bar mítico de la escena pucelana, anunció esta misma semana que no volvería a abrir sus puertas, generando un amplio abanico de trises reacciones por parte de los acólitos a este enclave de tantos años de historia y música rock en la famosa Plaza de Cantarranas. “Debemos salir de esta todos a la vez, no puede quedarse nadie atrás”, concluye el socio del Bizarro. Lamentablemente, la realidad es que muchos no sobrevivirán a este embate, que todavía no ha mostrado los efectos y cuyo perjuicio a las empresas de hostelería españolas es aún difícil de cuantificar.

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