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Lo que se siente al caminar por el espacio, contado en primera persona
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A GRAVEDAD CERO

Lo que se siente al caminar por el espacio, contado en primera persona

El astronauta Mike Massimino publica un libro en el que relata su experiencia allá arriba con motivo de sus viajes espaciales para reparar el telescopio Hubble

Foto: Foto: iStock.
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"Planet Earth is blue, and ther's nothing I can do...". Seguramente el eco de esta popular canción de David Bowie resonó más de una vez en la cabeza de Mike Massimino en una de sus travesías espaciales a bordo del telescopio espacial Hubble. Años después de haber sido uno de los astronautas más reconocidos por la NASA (ha recibido tres medallas en total por sus servicios), ahora vive en el Alto Manhattan de Nueva York al impartir clases en la Columbia University.

Cuántas personas quisiéramos presenciar lo que sus ojos han visto. Para hacernos una idea de cómo es el mundo desde allá arriba tenemos películas y documentales. Otra opción son los libros, ya que nada tiene tanto poder como la imaginación. Y recientemente ha salido al mercado editorial 'Spacemen: The True Story of a Young Boy's Journey to Becoming an Astronaut', las confesiones de Massimino sobre su carrera profesional a bordo de naves espaciales.

Todo está en silencio hasta que se enciende el cohete. En ese momento, te das cuenta de que vas a un lugar muy lejano

Este hombre de las estrellas ha redactado un hermoso texto en la revista 'Inside Hook' en el que describe el momento determinante en el que más lejos ha estado de la civilización humana. A juzgar por sus palabras, la sensación de estar flotando allá arriba tiene el poder de hacer que te replantees muchas cosas. El primer detalle que sorprende de su relato es que días antes de despegar, él y sus compañeros deben guardar una severa cuarentena para no llevar ninguna enfermedad infecciosa a bordo.

"Todos nos preparamos y nos dirigimos a la camioneta de transporte que nos lleva a la plataforma de lanzamiento", aseguar Massimino. "Una vez que estás atado y dentrod el transbordador, tan solo esperas a que el cohete se encienda. Todo está en silencio hasta que se enciende el cohete. En ese momento, te das cuenta de que vas a un lugar muy lejano. Y de que te mueves de forma abrupta. Es una experiencia surrealista".

"Esto es lo que debo leer mientras me muero"

Lógicamente, el instinto del miedo aparece, ya que de algún modo el despegue es un instante en el que cualquier detalle no esperado o controlado puede hacer que la misión fracase antes incluso de haber comenzado. "Gran parte de tu entrenamiento para ser astronauta trata de prepararte para resolver problemas, pero en el momento del lanzamiento no hay nada que puedas hacer", recuerda. "Parece que una bestia te agarra y te lleva donde quieras. Justo sobre mi cabeza había carteles de protocolos de emergencia, a los que miraba y pensaba: 'Esto es lo que debo leer mientras muero'. Pero al final, la sensación que primó al partir fue la de impresión del poder y la velocidad de la nave en la que íbamos a bordo".

Me dijo: "Mira esto". Y a nuestra espalda, estaba el continente africano. Pensé: "¿Cómo me voy a concentrar con unas vistas así?'"

Y al cabo de unos minutos, la nave se apaga y todo es silencio. "Tu cuerpo comienza a alzarse por la ausencia de gravedad", observa Massimino. "En mi primer lanzamiento, me quité el casco y lo puse frente a mí para verlo flotar, como había visto hacer a Tom Hanks en la película 'Apolo 13'. Recuerdo la primera vez que vi la Tierra desde el espacio, era impresionante y hermosa"..

Pero aún así, la experiencia no se vuelve realmente impresionante hasta que no estás fuera de la nave, flotando en la inmensidad del espacio y con la Tierra a tus pies. "Es totalmente diferente cuando sales a dar un paseo ahí fuera", comenta el astronauta. "Yo diría que la diferencia es que dentro de la nave la sensación es como la de estar observando un acuario, pero cuando te pones el casco y sales, sientes que conectas con ese entorno y todo fluye. En esos mometos, estás fuera del transbordador, metido en un traje, agarrado a una barandilla y unido a un brazo robot para moverte. No es como un paseo lunar, en el que al fin y al cabo estás andando sobre una superficie. Mi misión consistía en andar por el espacio en gravedad cero para reparar el telescopio Hubble".

Mi idea sobre la Tierra cambió por completo. Ves el caos, en aquel infinito horizonte de oscuridad

"Salí con Jim Newman en mi primer paseo espacial, un astronauta veterano", prosigue Massimino. "Primero salió para asegurarse de que la cosa estaba despejada. Tenemos viseras doradas que nos podemos poner para bloquear el resplandor del sol, pero la suya estaba levantada y puder ver su rostro. Él solo me dijo: 'Mira esto'. Y a nuestra espalda, estaba el continente africano. Pensé: '¿Cómo me voy a concentrar en trabajar con unas vistas así?'".

Mucha gente como Massimino que ha estado ahí arriba que eran religiosas al regresar han tenido crisis de fe o viceversa: incluso el más agnóstico que haya acudido al espacio puede tener una experiencia mística que le despierte alguna creencia en un dios o un más allá. En el caso del protagonista de esta historia, la conclusión que establece es que todo es un perpetuo caos. "Mi idea sobre la Tierra cambió por completo", sentencia. "Ves el caos, en aquel infinito horizonte de oscuridad. De hecho, estás presenciando la actividad del cosmos en directo. Están sucediendo muchas más cosas allá fuera de lo que podemos imaginar".

"Planet Earth is blue, and ther's nothing I can do...". Seguramente el eco de esta popular canción de David Bowie resonó más de una vez en la cabeza de Mike Massimino en una de sus travesías espaciales a bordo del telescopio espacial Hubble. Años después de haber sido uno de los astronautas más reconocidos por la NASA (ha recibido tres medallas en total por sus servicios), ahora vive en el Alto Manhattan de Nueva York al impartir clases en la Columbia University.

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