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Cómo las ciudades están sacando ventaja del silencio

Aunque parezca que hemos pasado por un letargo profundo, en muchos países se ha aprovechado para convertir esta crisis en una oportunidad

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La pandemia de coronavirus se ha llevado por delante muchos puestos de trabajo y más de 257.000 personas han muerto en todo el mundo. En tan solo dos meses, todos los países han tenido que hacer lo impensable para poder frenar la epidemia con la esperanza de descongestionar los hospitales, mediante medidas de restricción de tráfico y confinamientos obligatorios y forzosos.

El lado bueno de la situación es que, tras el esfuerzo llegan los resultados, y la curva de contagios parece aplanarse en todas partes gradualmente. No solo eso, para aquellos más optimistas el confinamiento también ha supuesto un logro: aunque suene terrible, el planeta se ha visto como el principal beneficiado por el coronavirus. El parón por la cuarentena ha beneficiado al medio ambiente. Ha mejorado la calidad del aire y se ha reducido la contaminación.

Las ciudades se han mantenido en silencio, muertas. Como en la fiesta de Año Nuevo que se celebra en Bali todos los años y que consiste en un confinamiento obligatorio, con el fin de que los malos espíritus pasen de largo por la isla creyendo que está vacía, todo el mundo parece haberse sumido en un profundo y largo sueño. Al despertar, muchas han tomado medidas pensadas en esta nueva normalidad que nos depara y otras han decidido aprovechar el letargo para continuar mejorando.

Los expertos auguran que los problemas medioambientales podrían comenzar a cobrar verdadera importancia en la nueva normalidad

Ejemplo claro de ello es Madrid, pues José Luis Martínez-Almeida ya ha declarado que zonas como Paseo del Prado o Arturo Soria se harán peatonales los fines de semana para evitar aglomeraciones, aunque de forma provisional. De igual manera, se está estudiando dejar que los establecimientos que no tienen saquen sus barras a la calle y modificar las bandas de aparcamiento para que los bares y restaurantes las ocupen con sus mesas. En la capital, muchos barrios construidos en los años 60 son muy estrechos y es difícil respetar el distanciamiento, por lo que se están estudiando nuevos modelos de ciudad para disponer del espacio.

En Barcelona, por otro lado, el COVID-19 también ha servido para reinventar el espacio público, también ampliará aceras y carriles bici para minimizar los contagios. En lugares como Valencia o Valladolid se están estudiando y aplicando medidas parecidas. El coche parece ser el gran perjudicado de las fases que continuarán con la desescalada progresiva.

En muchos países la crisis se ha visto como una oportunidad para acelerar los proyectos de construcción que estaban en marcha o planificados

España no es el único país donde las ciudades parecen estar despertando renovadas. Un reciente artículo publicado en 'The Atlantic' señalaba: "Las ciudades y los estados están aprovechando la reducción del tráfico aéreo, ferroviario y vial para acelerar los proyectos de construcción que estaban en marcha o planificados para los meses de verano. En el extranjero están haciendo un intento similar para convertir una crisis en una oportunidad. En Jerusalén, por ejemplo, están acelerando el trabajo de infraestructura en toda la ciudad. Y en Italia, un país devastado por el coronavirus, los trabajadores casi han completado el reemplazo de un puente de Génova que mató a 43 personas cuando se derrumbó hace dos años. La construcción ha continuado durante la pandemia y se ha elogiado el proyecto, como un símbolo de resistencia nacional".

Muchos especialistas urbanos ya aventuran que es probable que las ciudades, tal y como las conocemos, cambien tras el coronavirus. En Argentina, por ejemplo, la epidemia de fiebre amarilla en 1870 provocó la huida al campo de mucha población, y se construyeron muchas zonas verdes para higienizar las zonas urbanas. Aunque los expertos auguran que la contaminación y los problemas medioambientales podrían comenzar a cobrar verdadera importancia en la nueva normalidad, aunque temen que el distanciamiento social provoque que los transportes públicos queden defenestrados frente a los privados. Sea como fuere, pese a que las ciudades se han mantenido invisibles, como las de Calvino, durante unos meses, no por ello han dejado de evolucionar y cambiar continuamente, como nosotros.

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