una manera de desconectar

El rincón del planeta donde el confinamiento es una tradición anual

Una pequeña isla en Indonesia está acostumbrada al aislamiento, pues el día de Año Nuevo todos sus habitantes se recluyen para meditar y luchar contra los malos espíritus

Foto: Fuente: iStock.
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Es conocida por sus arrozales, sus míticos templos o sus preciosas playas. La isla de Bali, en Indonesia, se ha convertido en los últimos años en un destino 'top' para muchos viajeros dispuestos a encontrar nuevas aventuras. Lo que quizá ellos no saben es que en este país el confinamiento obligatorio que ha cambiado el mundo, no ha sido muy complicado para ellos. Todo comienza con una curiosa tradición anual.

Para aquel que haya tenido la suerte de vivirlo, es una imagen que no se olvida: el día de Año Nuevo en la isla es como la calma después de la tormenta. La Nochevieja belinesa es un contraste de ruido y colores, donde enormes efigies desfilan mientras las bandas tocan, también hay desfiles con antorchas en las calles para librar a la ciudad de posibles demonios. A diferencia de nuestro mundo occidental, el Año Nuevo en Bali tiene lugar cada año en un día diferente, pues se rige por las fases de la luna mostradas en el calendario Saka (aunque ellos tienen el calendario gregoriano). En realidad, las fiestas que preceden al Año Nuevo duran varios días, en los que se despide el año viejo para saludar al que vendrá.

Por ejemplo, se celebra el Melasti. Miles de balineses se visten de blanco y acuden a las playas. Los hombres se sientan y son las mujeres las que tienen que llevar ofrendas a la orilla y depositarlas, dejando la suciedad hasta el día siguiente cuando se retiren. Es una forma de purificarse. El día antes de Año Nuevo se celebra un curioso desfile conocido como 'Ogoh Ogoh', que surgió aproximadamente en los años 70. Es espectacular y en cierta medida puede recordar a las Fallas de Valencia, pues lo que pasean por las calles son muñecos enormes de cartón que representan demonios a los que los habitantes de la isla tienen miedo.

Y entonces llega el silencio

El Año Nuevo se conoce como Nyepy. Comienza en la madrugada que sigue al desfile de los Ogoh Ogoh y se prolonga durante 24 horas hasta el próximo amanecer, la única máxima es permanecer en silencio y encerrado en casa, pues es el día en que los malos espíritus atraviesan la isla y deben marcharse creyendo que está deshabitada, como en esos sueños en los que, si conseguimos no hacer ruido y escondernos, los villanos pasarán de largo.

En Año Nuevo hay que permanecer encerrado en casa, pues los malos espíritus atraviesan Bali y deben marcharse creyendo que está deshabitada

En la situación actual, el confinamiento nos puede recordar amargamente a esta curiosa tradición. Sin embargo, va mucho más allá: nadie puede abandonar sus hogares y deben pasar el día entero sin fuego ni luz. Los negocios y el aeropuerto están cerrados durante 24 horas e incluso algunos belineses ayunan, apagan sus teléfonos y si tienen que hablar lo harán en breves susurros. La policía local patrulla las calles (¿te suena?) y playas, para asegurarse de que nadie está incumpliendo las normas. El silencio sepulcral no solo sirve para que los malos espíritus huyan de la isla sino que ayuda a meditar.

(iStock)
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"Los balineses llevamos unas vidas muy activas", contaba una entrevistada en un reciente artículo publicado en 'BBC'. "Nos viene bien el Nyepy para conectarnos de nuevo con nuestras familias y no distraernos con internet o la televisión": Sorprendentemente, con las medidas de distanciamiento social y el aislamiento provocados por el coronavirus, muchas personas están haciendo del Nyepy su máxima. "Ahora los padres están enseñando a sus hijos música, mi vecino está aprendiendo a tocar el ukelele... sirve para que las viejas tradiciones sigan pasando de generación en generación y no se olviden".

Los negocios y el aeropuerto se cierran y la policía local patrulla las calles y playas, para asegurarse de que nadie está incumpliendo las normas

También se ha demostrado que la celebración tiene un impacto positivo en el medio ambiente, aunque solo dure 24 horas. Un estudio de 2015 realizado por la Agencia Indonesia de Meteorología, Climatología y Geofísica encontró que las concentraciones totales de partículas suspendidas (TSP) disminuyeron en un 73-78% en las áreas urbanas en el Día del Silencio de Bali, mientras que un análisis del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ) observó una reducción del 33% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Antes del COVID-19, era impensable para todos los países del mundo cerrar los aeropuertos, a excepción de Bali. Según los expertos, si un evento nacional como Nyepy se democratizara y globalizara, el impacto para el medio ambiente sería enorme. Mientras sigue la desescalada y nosotros aprovechamos para usar una hora de nuestro día en pasear y disfrutar de la primavera, siempre es curioso descubrir que en otros rincones del mundo el confinamiento no se ve como un castigo sino como una oportunidad de conectar con la naturaleza, la familia y uno mismo, y también de desconectar un poco y mirar las estrellas.

Alma, Corazón, Vida

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