"La ruina es tremenda y está al caer". Hablan los que necesitan el verano para sobrevivir
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EN BUSCA DE UN 'VEROÑO'

"La ruina es tremenda y está al caer". Hablan los que necesitan el verano para sobrevivir

La crisis del día después de la pandemia se cebará con los pequeños y medianos autónomos dedicados a la hostelería y al turismo. Hoy, les ponemos nombre y escuchamos sus historias

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"La ruina es tremenda y está al caer". Hablan los que necesitan el verano para sobrevivir

“Si al mes que viene nos pasan la factura, no nos va a quedar otro remedio que dar de baja a la empresa”. Así de tajante se muestra Gabriel Sánchez Carmona, la persona que está detrás del negocio Restaurante El Naranjo, a escasos metros de la antes siempre abarrotada playa de Benidorm. “No nos han dado ninguna ayuda. Hemos tenido que pagar la cuota de autónomos y los suministros de agua y luz. La ruina es tremenda y está al caer”.

Carmona montó su restaurante hace ocho años con su mujer. Desde entonces, ha dado de comer y de beber a los turistas en su humilde bar de comida mediterránea típica con terraza localizado en la calle Andalucía número 2 del centro de Benidorm, uno de los mayores epicentros de la actividad comercial, hostelera y turística del país. “Está todo el mundo igual”, asegura, cuando le preguntamos por las sensaciones que priman entre sus compañeros de profesión. “Las cadenas de hoteles lo van a tener más fácil, pero los negocios familiares como el mío se van a ir a la ruina en un santiamén. Los políticos son todos unos falsos, están diciendo que van a llegar ayudas, pero por lo que yo sé y me han dicho, aquí de momento no va a llegar nada”.

Siempre he sido optimista, pero esto es un problema de fuerza mayor. Vamos a tardar más de un año en salir de esta

Una visión de lo que les espera en este verano incierto que contrasta con la de Julieta Corsis, propietaria de La Alegría de la Cala, un restaurante localizado en la Plaza Gloria Fuertes de Málaga, a escasos cincuenta metros del mar. Sus palabras por teléfono al atendernos rezuman optimismo y buena voluntad. Con tan solo 23 años, emigró de su adorada Argentina a España, sin papeles y decidida a emprender el Camino de Santiago desde el fronterizo Roncesvalles. Después, estuvo trabajando en todo tipo de empleos, hasta que ahorró y compró el local que ahora regenta desde hace 18 años. Tuvo que criar a una hija sola al abandonarla su pareja. Pero al final, y tras mucho esfuerzo, consiguió salir adelante y formar una gran familia entre empleados y clientes.

Las terrazas vacías, una foto tan triste como común en estos días. (Terraza de La Alegría de la Cala, bar de Julieta en Málaga)
Las terrazas vacías, una foto tan triste como común en estos días. (Terraza de La Alegría de la Cala, bar de Julieta en Málaga)


“No estoy asustada todavía, me he enfrentado a situaciones mucho más difíciles, soy una superviviente”, asevera Julieta, con orgullo. “Es la primera vez que cierro el bar en estos 18 años. Fue el viernes 13 de marzo a las cuatro de la tarde. Reuní a mi gente y les informé de que teníamos que echar la reja. No podía seguir abierto, empezó a haber muchos contagios por la zona y sentí que debía cerrar. He presentado un cese de actividad, pero todavía no he recibido nada de ayudas. Mis empleados, que se acogieron al ERTE, tampoco. Dicen que cobrarán la parte correspondiente del subsidio de marzo con el de abril. Siempre he sido muy optimista, pero esto es un problema de fuerza mayor. Y no creo que vaya a ser como antes jamás. Va a llevar mucho tiempo la recuperación. Supongo que ya todo el año está perdido”.

Los hoteles de Baleares piden un bono para el turista nacional que se pueda desgravar de la declaración de la renta del año que viene

Su vida cambió cuando conoció al que ahora es su marido. Se casaron el año pasado por todo lo alto en el pueblo donde él nació: Fez, en Marruecos. Entonces, justo antes de que acabara el año pasado, decidió que era hora de dedicarse al cuidado de su bebé y menos al restaurante. “En verano estamos hasta arriba, pero en invierno también”, explica. “Vienen muchos turistas holandeses y alemanes huyendo del frío de sus ciudades. Nosotros les damos de comer. Somos una gran familia. Todas las tardes hablo con Manolita, una clienta que ya es mayor y vive sola. Le llevamos la compra para que no tenga que salir de casa. Mira, yo no tengo ni coche y me he pasado la vida entera limpiando baños. Pero soy increíblemente feliz y me siento agradecida por todo. No quiero ayudas del Gobierno, hay que mirar al día de mañana y ponerse a trabajar cuando todo esto pase. Sé que, como siempre, saldré por mí misma adelante. No me gustaría estar en el pellejo del presidente ni de los ministros”.

"El peor verano turístico de la historia"

Como Gabriel y Julieta, son más de 300.000 autónomos españoles dedicados al sector hostelero y de restauración que están al borde de perder su negocio. El sector turístico representa el 12% del PIB del país, y más allá de los porcentajes y las cifras, merece la pena incidir en que se trata de una industria transversal que afecta a todas las pequeñas, medianas y grandes empresas, ya sean de hoteles, restauración, tiendas, ocio nocturno y alquiler de pisos turísticos.

El 95% de las viviendas de uso turístico que hay en España no pertenecen a grandes corporaciones, sino a ciudadanos particulares

“Limbo”, “infarto de miocardio a la economía nacional”… Son algunas de las calificaciones que ponen los representantes del sector turístico cuando les preguntamos por las previsiones del próximo verano de 2020. “Es evidente que la mitad de la temporada estival está perdida”, reconoce Tolo Gomila, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Viviendas y Apartamentos Turísticos (FEVITUR) a este diario. “Creemos que habrá dos fases: una primera a finales de julio o mediados de agosto, en la cual podremos empezar a operar, y otra en el último trimestre del año. Pero la senda de recuperación no llegará hasta 2021. Las previsiones apuntan a que habrá pérdidas de alrededor 2.400 millones de euros a finales de año en el sector turístico”.

Gomila representa a los propietarios de pisos que se destinan al alquiler turístico, una actividad que sin duda sirve de colchón económico, cuando no de medio de subsistencia, de miles de personas en nuestro país. “El 95% de las viviendas de uso turístico que hay en España no pertenecen a grandes corporaciones, sino a ciudadanos particulares que en un momento dado han entendido que su ahorro dependía de un activo inmobiliario”, explica. “Ahora, la gran mayoría de ellos tienen sus viviendas vacías tras la orden de cierre por parte del Gobierno de cualquier apartamento turístico, otros también han facilitado sus inmuebles con carácter gratuito y solidario a los afectados por la crisis más directos”.

Una vez pase la crisis, muchos negocios no podrán reabrir por el recorte de aforo: "No podremos sostenernos con menos de la mitad de los clientes"

“Va a ser el peor verano turístico de la historia”, admite José Luis Yzuel, presidente de la Confederación Empresarial de Hostelería de España, a El Confidencial. “El horizonte cada vez es más negro a causa de la incertidumbre que existe entre los dueños de bares y restaurantes”. Nueve de cada diez empresarios han tenido que echar la reja a la que ha sido su casa desde hace años, según refleja un estudio de Makro nacido de la campaña solidaria #Unopuntosiete. Unas pérdidas que ascienden a cerca de 10.000 euros al mes en costes fijos de suministros, sumado a los pagos del alquiler o hipotecas y a los impuestos municipales. Lo más descorazonador es, que una vez pase la crisis, muchos de ellos no podrán volver a abrir debido a las condiciones de aforo. Los gastos de apertura serán superiores a los ingresos, ya que “hay negocios que no se pueden sostener con menos de la mitad de sus clientes habituales”.

El 'veroño' de Baleares

Los hoteles, por su parte, ya han sido grandes protagonistas de lo que llevamos de cuarentena al haber habilitado sus instalaciones para fines solidarios. También han realizado donaciones de gorros de baño para los profesionales médicos, a la par que guantes y mascarillas. El momento de reapertura para ellos también se antoja complejo y lleno de incertidumbre. Básicamente, porque dependen de la confianza de los clientes y de que aminore el miedo al contagio. Todos los representantes del sector coinciden en que la peor parte se la llevarán aquellos que están ubicados en las Islas Baleares, cuya industria depende en su mayoría de la actividad turística y la conectividad aérea.

"Hay que anular la tasa turística para no mermar la liquidez de los hoteles o, que por lo menos, se pueda pasar del Sistema de módulos a directa"

Alicia Reina es la dueña del hotel Migjorn de Ibiza. En 2008 reformó el hotel con una inversión de 11 millones de euros, una experiencia que le sirvió para aprender a gestionar los negocios en circunstancias difíciles. Actualmente, el hotel ostenta una ocupación media de un 89% durante su actividad que abarca desde primeros de abril a mediados de octubre. “La mayoría de los hoteles de las Baleares solo reciben clientes en estas fechas”, explica. “Por ello, estamos iniciando una campaña unidos que está pidiendo una desestacionalización para atraer a los clientes en el otoño. Ya se está hablando por aquí de lo que será el ‘veroño’, ya que en el peor escenario no podremos comenzar a operar hasta finales de agosto”.

Además de esta desestacionalización, Reina pide fomentar la oferta turística nacional para atraer al cliente español una vez pase la crisis. Para ello, propone extender "una serie de bonos para viajes y estancias en hoteles dentro del territorio nacional que se puedan desgravar de la declaración de la renta del cliente del año que viene". Del mismo modo, también pide que se reduzca, si no exonere, la tasa turística para no mermar la liquizdez de los hoteles. "En caso de que no se pueda acometer la anulación, que por lo menos se pueda pasar del Sistema de módulos a directa para pagar sobre lo recaudado", expone. También solicita que se reduzcan o elimimnen los impuestos relativos a las Basuras o el IBI, al menos hasta que puedan reanudar la actividad. Y en cuanto a los ERTEs, "mantener su cobertura en los de fuerza mayor, es decir, aquellos que cubren el 70% de la base de cotización en las nóminas de los empleados y los costes de seguridad social de las mismas, hasta que vuelva la normalidad y regresen los clientes", lo que implicaría un período mínimo de tres meses.

Alicia Reina con su equipo. (Foto cedida por el Hotel Migjorn de Ibizia)
Alicia Reina con su equipo. (Foto cedida por el Hotel Migjorn de Ibizia)

Reina tiene una plantilla fija de 17 personas a la que se suman casi treinta más en verano en forma de empleo temporal. “Los hoteles de Baleares siempre hemos respondido en las situaciones difíciles”, recalca. “Ya lo hicimos con la crisis de 2008 y lo vamos a volver a hacer. El Gobierno tiene que escuchar nuestras demandas y ser conscientes de que en los momentos complicados tenemos mucha fortaleza”.

“No abrirán todos los hoteles a la vez”, avisa Manuel Vegas, presidente de la Asociación Española de Directores y Directivos de Hotel (AEDH) a este diario. “Habrá que atraer de nuevo al público con ofertas y garantías de seguridad que acaban con el miedo al contagio”. Vegas y su equipo están actualmente trabajando en adaptar los complejos turísticos españoles al día de mañana. “Debemos adelantarnos a los acontecimientos”, asevera. “Hay que establecer protocolos muy estrictos y específicos de limpieza e higiene, poner filtros en el aire para retener las microorganismos, conseguir productos antibacterianos más potentes y fijar como argumento de venta esencial que el hotel ha sido desinfectado al cien por cien. En cuanto al aforo, es otra de las cosas que nos va exigir el cliente. Nosotros contamos con mucho más espacio que un bar, por lo que no será difícil evitar aglomeraciones. Habrá que establecer turnos para bajar al comedor a desayunar. Lo primero en lo que pensamos es en la seguridad del cliente y de la de nuestros empleados”.

¿Y la vida nocturna?

Desde el punto de vista de los turistas más jóvenes, unas buenas vacaciones de verano no son nada sin sus festivales de música o discotecas a pie de playa. Nuestro país no deja de ser uno de los países de referencia en todo el mundo a la hora de hablar de ocio nocturno, con grandes templos de la música electrónica concentrados principalmente en Ibiza o en el Levante. Si hay algo en lo que coinciden todos los expertos del sector es que este año tocará visitar el interior, la España despoblada, las zonas que no son netamente turísticas.

Fran Zaragoza es un madrileño que se dedica a la organización de eventos en el centro de la capital. Al margen de esta ocupación, es la mitad de duo Depaart que cuenta con una sólida reputación no solo dentro de España, sino también en el extranjero. Precisamente, la última vez que viajaron por trabajo fue a comienzos de año, a Líbano y Estambul, países en los que ya observaron que sus ciudadanos portaban mascarillas en los espacios públicos.

Fran Zaragoza (derecha) en la sesión de Tortilla en Madrid
Fran Zaragoza (derecha) en la sesión de Tortilla en Madrid


La última noche que puedo trabajar en Madrid fue el 7 de marzo. Desde entonces, mantiene el confinamiento y teme por el futuro profesional de su sector: "En mi caso el verano no es el periodo mas importante. Madrid funciona mejor en invierno o en primavera, por lo que perder estas semanas tan buenas de trabajo ya ha sido duro. Era un buen ingreso para pasar los próximos meses".

Sobre el futuro del ocio nocturno, Manuel Vegas, que también es profesor de las asignaturas de Organización de Eventos y Estructura del Mercado Turístico en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Madrid, asevera que los protocolos de servicio en eventos, ‘pubs’ y discotecas van a “cambiar totalmente”, pero se muestra optimista al respecto, pues cree que “será temporal”, poniendo de fecha el año que viene para que recuperemos la cercanía social. “Los modelos que manejábamos antes se han quedado obsoletos”, reconoce. “Aun así somos españoles, latinos y mediterráneos, va en nuestro ADN, es muy difícil que nos desprendamos de nuestra forma de ser. Habrá que establecer protocolos, pero la vida merece ser vivida sin miedo, no creo que nos convirtamos en una sociedad de metacrilato”.

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