La historia del rey Amadeo de Saboya: el gran olvidado que se dio a la fuga
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UN HOMBRE "VALIENTE EN UN CUERPO FRÁGIL"

La historia del rey Amadeo de Saboya: el gran olvidado que se dio a la fuga

Su reinado en España, de poco más de dos años, estuvo marcado por la inestabilidad política, y su muerte prematura le otorgó una imagen romántica de héroe griego

Foto: Embarque del rey Amadeo en el puerto de La Spezia, Italia en 1870, obra de Luis Álvarez Catalá. (Wikipedia)
Embarque del rey Amadeo en el puerto de La Spezia, Italia en 1870, obra de Luis Álvarez Catalá. (Wikipedia)

Y una vez que la tormenta termine, no recordaras como lo lograste, como sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha acabado realmente. Pero una cosa si es segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella.

Haruki Murakami.

En el abierto vacío del cosmos, un lugar de difícil morar por lo lejano de alcanzar, solo los ojos comprenden aquello que el intelecto no entiende. Para ilustrar esta idea propongo escuchar el silencio con los ojos cerrados en estos tiempos de cólera, a teístas o ateos, sobre la grandeza de la contemplación y sus beneficios para evitar comprender lo inaccesible y ponernos en manos de las sensaciones que es donde está la verdad más cercana a su esencia.

En Italia, en el siglo XIX, había un niño que desde muy pequeño, tomaba la mano de su madre para que le llevara a un promontorio desde el que se divisaba el mar inmenso y un bosque con una gran algarabía de pájaros de innumerables especies. El niño en cuestión pertenecía a una familia pudiente y aristocrática que cabalgaba en la realeza local, pero sus juguetes eran y giraban en torno a la naturaleza, de tal manera que su madre acabó convencida de que los triciclos y los ponis debería darlos de baja pues no tenían posibilidad de amortización, ya que la criatura ponía el empeño en lo que vamos a dar en llamar, la contemplación. Vivía en un mundo paralelo absorto en su creativa imaginación y en cómo mejorar aspectos lacerantes que su idealismo detectaba como fallas abisales durante la revelación que su crecimiento de adolescente le iba proporcionando.

El monarca idealista que buscaba hacer de España una Ínsula Barataria, se toparía con una corrala de barrio donde hacerse oír era algo heroico

En España, había ocurrido que un escandaloso reinado había dejado a la regia institución a la altura del betún con la consiguiente pérdida de imagen de la Corona y el auge imparable de los republicanos. Total, una debacle que parecía conjurarse con el advenimiento del hijo del rey de Italia (más exactamente del Piamonte y de Cerdeña), aquel chico que no jugaba con los juguetes convencionales si no con los que su mente efervescente le daba a entender y sus prometedoras formas que incorporaban soluciones de gobierno.

Por primera vez en España, un monarca iba a ser elegido democráticamente tras la incesante búsqueda del general Prim, un militar de luces largas y clara vocación de servicio al país, que tras el rastro de grosería y la quiebra de las más elementales líneas rojas, Isabel II durante su escandaloso reinado, habían degradado al país en la calificación internacional. Formulas avanzadas, entre las que destacaba, la monarquía parlamentaria y otras de corte vanguardista, salian de la mente de aquella criatura joven e idealista.

"A perro flaco... todo son pulgas"

Un hombre abierto y avanzado pretendía alfabetizar a las clases humildes, crear un reparto más justo de la riqueza y planes de ayuda a los pujantes polos de desarrollo del País Vasco y Cataluña con su industria pesada y su tejido fabril respectivamente. Para el ancestralmente castigado sur, pretendía implementar nuevas técnicas agrícolas y más allá de todo esto, quería diseñar un corredor arbóreo de norte a sur y para las regiones del noroeste, pensaba en una potenciación de las navieras y minería. Todo un plan de choque. Pretendía salpicar el país de escuelas y universidades y separar a la voz de ya, los poderes entre la Iglesia y el estado por la intromisión permanente de los primeros sobre los segundos. La educación del pueblo español, era para él, primordial. Su búsqueda de conciliación del pueblo español alejándolo de sus demonios guerra civilistas y el dialogo con la burguesía y el mundo financiero eran sus ejes de acción. Era un hombre valiente en un cuerpo frágil.

Prim deseaba promover una nueva dinastía que fuera la locomotora de una regeneración nacional y de una constitución progresista

Tras pegarles un repaso a sus ayudantes de cámara y ministros más cercanos, les puso las pilas en lo concerniente a responsabilidad, compromiso y eficiencia en lo tocante a sus competencias; una lectura de la cartilla en toda regla. Isabel II se solía levantar a las doce y entre su aseo, componendas cosméticas y desayuno, aparecía en el escenario hacia la una de la tarde, sin entrar en los detalles de alcoba, tema este concerniente a su vida privada, pero poco ejemplares de cara a la galería y más con la que estaba cayendo; un estado en quiebra, las guerras civiles carlistas de fondo, corrupción salvaje, etc.

Pero a perro flaco todo son pulgas. A Prim, lo dejaron como un colador en la madrileña calle del Turco (hoy calle del Marqués de Cubas en el madrileño barrio de las Cortes) una decena de pistoleros sin filiación determinada. Aún hoy, es una incógnita la autoría de aquel crimen, pero se sospecha que el conspicuo Montpensier estaba detrás del tema. Amadeo queda en una honda soledad sin la protección de su mentor y ahí, se da cuenta de la que le va a caer encima.

Amadeo I, rey de España. (Wikipedia)
Amadeo I, rey de España. (Wikipedia)

Elegido en las Cortes por 191 votos en medio de una trifulca memorable por los que calificaban de traidores a sus votantes, su juventud e inteligencia brillantes eran activos que lo convertía en un seductor nato. Sus mentores le presentaban como un monarca impulsor del progresismo y de la modernidad, y su legitimación debía de venir no tanto por la herencia de la sangre si no por su capacidad para amalgamar una nueva y renovada identidad española, alejada de la inmoralidad que había representado la persona de Isabel II. Si alguien fomentó el ascenso de las ideas republicanas, fue la inmoralidad manifiesta y la vida distendida de una casquivana Isabel II, que estaba en su pleno derecho de llevar la vida privada que le complaciera, pero no de forma tan ostentosamente obscena.

Amadeo era considerado por sus contemporáneos como un monarca progresista y liberal, en parte por el duro pulso que su padre mantuvo con la Iglesia católica pues en 1859 su progenitor ya había decretado un espectacular recorte de los privilegios eclesiásticos, lo cual provocó que al más alto tonsurado del Vaticano le entrara un pataleo importante. Amadeo de Saboya tuvo un reinado más que efímero, pues ocupó el trono de España desde 1871 hasta 1873; la precariedad e inestabilidad que tuvo que afrontar antes de su abdicación fueron el caldo de cultivo de su hartazgo y sus tragaderas no dieron para más.

Foto: Pixabay

La muerte del general Prim, su principal valedor, dejaría al monarca a los pies de los caballos y sin los apoyos políticos necesarios para una razonable gestión de los asuntos de estado. La inestabilidad política y social no hacía más que aumentar y la clase política, dividida, la nobleza en contra por su afinidad más que evidente para con los Borbones o alternativamente hacia la opción carlista, y con un pueblo cansado de las degollinas entre sus próceres en las altas instancias, hicieron el resto. El idealista monarca que buscaba hacer de España una Ínsula Barataria, se toparía con la realidad última de este país; una corrala de barrio alborotada por temas menores donde hacerse oír era algo heroico.

En 1866, con 21 años, comandaba la brigada de granaderos de Lombardía; herido severamente en hombro y pierna en medio de aquel infierno, alcanzó a arrastrar a un soldado durante la batalla y ponerlo ha cubierto no sin riesgo de perder su propia vida. Este hecho resaltó la entereza y sentido humanitario del que sería el futuro monarca español. Sus salidas de palacio sin escoltas para tomar el pulso a la ciudadanía o su actitud frente al atentado sufrido en 1872, le darían una pátina de héroe griego.

Inestabilidad y caos

La Constitución de 1869 establecía un régimen monárquico, pero en ese momento el trono estaba desocupado por la extraviada y ligera de cascos, Isabel II, cómodamente instalada en Francia. Por ello, las Cortes decretaron que durante la regencia se ocuparía el general Serrano. El Gobierno presidido Prim fue el encargado de instaurar una nueva dinastía con objeto de evitar la vuelta de los denostados borbones que en lo que iba de siglo se habían hecho un cartel bastante cuestionable.

La inestabilidad política, propiciada por el frentismo endémico y yo diría que patológico del país, el pésimo estado de la Hacienda, los levantamientos carlistas y el crecimiento imparable del republicanismo, precisaban con urgencia logros y en consecuencia, orden. Solo una monarquía solida podía servir de plataforma para llevar a cabo tan ambiciosa experiencia. El Duque de Montpensier, cuñado de Isabel II, y un endeble candidato al trono, era un conspirador nato (y aunque no está probado, posiblemente el inspirador del asesinato de Prim) fue uno de los personajes más siniestros que haya hollado este país; pero, tenía muchos enemigos y era muy impopular por su arrogancia.

Como monarca elegido por un parlamento con 191 votos, quería aproximar la Corona al pueblo para gobernar desde el cuerpo a cuerpo

Se le ofreció al general Espartero la conducción de la Corona, pero el anciano rechazó el ofrecimiento debido a su mal estado de salud. Hay que destacar que el general Prim deseaba promover una nueva dinastía que fuera la locomotora de una regeneración nacional, desde la perspectiva de una constitución progresista. Prim, un hito histórico a tener en cuenta y que merece capítulo aparte, removió cielo y tierra para buscar el candidato adecuado.

Buscó en Portugal, en Italia, y en Alemania. Entonces, entró en el bombo de aquella lotería dinástica un tal Leopoldo Hohenzollern, pariente del rey de Prusia que se presentaba como una opción ideal para el canciller Bismarck al tiempo que peligrosa para Francia. Napoleón III hizo lo imposible para que esta candidatura no prosperara y como consecuencia de la negativa de los alemanes, la guerra franco-prusiana se desencadenaría el 2 de agosto de 1870. La derrota francesa en Sedán fue apabullante y supuso que el propio Napoleón III fuera hecho prisionero con la consecuente humillación para la 'grandeur' gala. Por los visto, tras esta derrota, los teutones le cogerían afición a vapulear a los franceses durante el siguiente siglo XX.

Amadeo I con sus hijos, de Giacomo de Chirico. (Wikipedia)
Amadeo I con sus hijos, de Giacomo de Chirico. (Wikipedia)

Prim, ante el sesgo que estaban tomando los acontecimientos, volvió a cargar sus intenciones de nuevo sobre el candidato italiano como así fue. En esta ocasión el rey italiano aceptó la oferta hecha a su retoño. Amadeo de mala gana, se sometió al 'diktat' de su padre a disgusto. Su mujer, una católica de buen corazón pero poca carburación en la azotea, estaba afectada porque su suegro, el rey, había sido excomulgado por el melifluo y amanerado Pío IX, y para más inri, no deseaba reinar sobre un país en el que sobre el papel, la Constitución reconocía la libertad de cultos.

Como monarca elegido por un parlamento con 191 votos y mayoría apabullante, quería aproximar la Corona al pueblo para gobernar desde el cuerpo a cuerpo. Deshacer el boato y el oropel eran sus objetivos. Buscaba crear una relación más cercana y sencilla; sin embargo, su singladura le obligaría a navegar en ceñida. El 4 de diciembre de 1870 una delegación española, sería recibida en el palacio florentino de Pitti por Víctor Manuel y su hijo. Amadeo llegaría el 30 de diciembre a Cartagena y ahí mismo conocería la muerte de Prim. La fría acogida del pueblo madrileño, y una prepotente aristocracia, no aventuraban un buen pronóstico.

Este estamento decadente, daría la espalda al paso de la comitiva regia como muestra de su rechazo ante un monarca extranjero (como si los borbones no lo fueran en su origen), conducta que se hizo extensiva a la reina que no pudo encontrar damas de compañía ni camareras. Ella, la reina, sufrió todo tipo de desaires. En 1872, M. ª Victoria llegó a la ópera y todos los asientos estaban ocupados, nadie se levantaría para cederle un sitio. Para festejar el nacimiento de su primer hijo español, se había organizado un banquete con el propósito de celebrar el nacimiento de la criatura; solo concurrirían al evento menos de la mitad de los invitados citados. Y así, suma y sigue.

Los monarcas dieron pruebas de su entrega, cercanos a la gente sencilla, asistían a conciertos callejeros y entraban en las tiendas de los comunes

Las expectativas sobre las intervenciones de Amadeo eran ilusionantes y quizás exageradas. El pueblo español, necesitado de milagros prácticos y no de especulaciones sobredimensionadas como apuntaba la agenda del futuro monarca. Se esperaba que removiera los cimientos de la política y desalojara la holganza y la molicie propia de los que a si mismo se llamaban gobernantes pero que a la postre lo que buscaban es una poltrona mullida y unas prebendas exclusivas y excluyentes, donde la gran mayoría solo contaba para soportar en sus espaldas los caprichos de esta casta de elegidos.

Desde el principio, los monarcas, dieron pruebas de su entrega y altruismo. Propiciaron la cercanía con la gente sencilla, asistían a conciertos callejeros, entraban en las tiendas de los comunes y compraban como cualquiera, viajaban en tranvía, no tenían un lugar preeminente en la iglesia, etc. Vivian de forma muy modesta y siempre se mostraron muy preocupados por los necesitados, pero en el país del Síndrome de Procusto, su actitud sería para todo quisque ya fuera en el ámbito político tanto por los monárquicos como por los republicanos que entendían estos actos como una mera demostración de propaganda. Y así la cosas, se desarrollaba un malestar soterrado del que ellos, no eran conscientes.

"Lo que niegas, te somete"

Durante los dos años que duró su reinado hubo tres elecciones generales. El frentismo, marca de la casa y las divisiones gubernamentales a las que se sumaría un clima de inestabilidad creciente, desembocaron para variar, en una nueva guerra civil, los carlistas cargaban otra vez en 1871. Pero como decía Carl Jung, "lo que niegas, te somete; y lo que aceptas te transforma". Esta pareja de idealistas habitaban un terreno duro y poco propicio para utopías, y más bien parecían los personajes perfectos para protagonizar esa increíble obra de Shakespeare: 'La tempestad'; el medio en el que estaban era un auténtico Krakatoa a pleno rendimiento.

Las típicas luchas intestinas inherentes al poder, lograron desacreditar a la monarquía, objeto de numerosos ataques por parte de los republicanos así como por parte de los ofendidos carlistas por el intrusismo de un “extranjero”. Para muestra, un botón. Los seguidores de Zorrilla, vieron que su líder no ocupaba la presidencia del gobierno, algo que a ellos les parecía obligado y, al no “pillar cacho”, se cabrearon. A la sazón, el Imparcial, era el periódico zorrillista que publicaba capciosamente y de manera regular una campaña de demolición a partir del 10 de junio de 1872 usando una serie de invectivas y calumnias bastante degradantes para con el buen hacer de la reina. Estas difamaciones groseras y poco escrupulosas con el respeto que se merecía, no solo como persona si no como mujer, llegarían al punto de ser grotescas y de muy mal gusto, y más, para quien se autocalificaba de “caballero español” con capa incluida.

Foto: Fuente: Pedro Alvarado.

Como añadido a todas estas truculencias y turbulencias patrias, los reyes sufrieron un alevoso atentado en la calle Arenal (Madrid) el 10 de julio. La inestabilidad e incertidumbre eran más que patentes y se barruntaba algo. Gobierno y monarcas estaban advertidos. La serenidad de ambos quedó patente preocupándose por los heridos y haciendo caso omiso de los consejos de abandonar el lugar. Desde Italia llegaron furibundos ataques a la seguridad fallida del rey y de los servicios de información – llueve sobre mojado en este país con este tema -. Al día siguiente el rey visitaría el lugar del atentado y esa misma tarde el matrimonio regio saldría en su calesa descubierta, lo que enfervorizó a un entusiasta pueblo madrileño. Pero este país, es como una madre sin memoria de su condición.

Una vez producido el atentado, la reina se trasladó a El Escorial con sus hijos. Este lapso de tiempo lo aprovechó la prensa amarillista dirigida por el agraviado Ruiz Zorrilla para disparar toda su artillería contra la pareja real, acusándole básicamente al rey de serle infiel a su mujer con la parienta del corresponsal de The Times y otras alternativas infundadas o al menos, no probadas.

España nunca admite medias tintas

Como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie, consideraba a finales de 1872 la posibilidad de abdicar. No disolvió las Cámaras para no imponerse por la fuerza aunque legalmente podía hacerlo; entendía que por encima estaba la Constitución. Un gélido 11 de febrero del año 1873 el monarca envió a un oficial de caballería con un sobre lacrado su abdicación a las Cortes, indicando que había agotado todos los cartuchos en la búsqueda de una buena solución, pero España, nunca admite medias tintas; o arrollas al adversario y lo satanizas o si no lo fagocitas íntegramente, no hay formula que funcione. Y en esta fatalidad seguimos…Lo nuestro es un extraño karma.

Su fidelidad a la doctrina liberal le costó el trono; en ese momento, era muy revolucionario postularse en su defensa

Catorce diputados y senadores fueron convocados para despedir a los monarcas, al parecer, solo cuatro de ellos aparecieron, manifestando su desaprobación a tamaño oprobio. La reina, fue conducida en andas al tren en una situación que habría de haberse evitado habida cuenta su delicado estado de salud. La marcha de los monarcas fue un espectáculo más que triste, una desgracia para nuestro país. Este monarca liberal (entonces la palabra tenía un significado de amplitud y de ideología generosa), fue siempre un rey leal a la constitución y generoso con su fortuna y las ideas que presidian la administración del país. Pero como todos recordaremos, el genial pintor de Fuendetodos; Francisco de Goya y Lucientes ya dejó reflejado en su famosa pintura Saturno devora a sus hijos, un reflejo del espejo que le sugería este país apasionado y sanguíneo. Esta tierra tan cálida y vital, tan feliz y risueña, tiene aletargados a sus demonios y de ese estado letárgico, surgen de vez en cuando cuadros de horror absolutamente irracionales.

Con veintinueve años, el 6 de noviembre de 1876, la reina María Victoria, demacrada y ausente de sí misma, probablemente a causa de sus padecimientos físicos y psíquicos, inicia el Gran Viaje. Era una mujer que jamás tuvo palabras de descalificación para con el pueblo español ni manifestó desdén alguno hacia esta tierra de sol y sombras. Amadeo de Saboya murió el 18 de enero de 1890. Su muerte prematura a los 45 años, creó una imagen romántica del príncipe. Su fidelidad a la naciente doctrina liberal le costó el trono y aunque hoy veamos el liberalismo como algo anacrónico, en ese momento fue revolucionario postularse para su defensa. Es uno de los grandes olvidados en el panteón de ilustres. España siempre ha tenido problemas serios de memoria.

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