una mutación

Por qué tantos gatos tienen manchas blancas en las patas

Si eres amante de los mininos quizá te hayas dado cuenta de que en su mayoría tienen 'calcetines' o 'botas'. La explicación se remonta mucho en el tiempo

Foto: Fuente: Pixabay.
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El segundo mejor amigo del hombre (dejémosle el privilegio de ser el primero al perro todavía) lleva muchos años a nuestro lado. Si bien es cierto que a veces sientes un poco de temor cuando te mira a los ojos, tumbado en el sofá, porque no sabes si realmente está a tu lado porque te aprecia o porque quiere convertirse en el rey de tu hogar (o del mundo), no hay motivo para ese miedo. Desde que la fascinante civilización faraónica pasó por este planeta, los felinos han sido buenos compañeros de los hombres. Ambos salimos beneficiados de esa sinergia: ellos encontraban alimento y, nosotros, un cazador de alimañas.

En un contexto así, es normal que hayamos evolucionado conjuntamente. Con los perros ha sucedido de la misma manera. Por ejemplo, los ojos de cachorrito que tu can te pone cada vez que quiere que lo saques a pasear están perfectamente diseñados: a diferencia de sus parientes los lobos, cuentan con un músculo pequeño que les permite elevar intensamente su ceja interna, lo que despierta en nosotros un deseo de nutrirlos, pues el gesto consigue que sus ojos parezcan más grandes y se asemejen a los de un bebé.

El piebaldismo

¿Y los gatos? Pues bien, aunque parezcan más independientes, también llevan mucho tiempo a nuestro lado, por lo que es natural que hayan evolucionado conjuntamente con nosotros. Si eres amante de los felinos o un poco observador, es probable que te hayas fijado en más de una ocasión en que muchos de ellos tienen en sus patas lo que parecen unos calcetines blancos. Quizá los llames botas, o guantes, y no son los únicos, pues otros mamíferos como los caballos o cerdos también presentan estas características.

Esta característica sirvió a los gatos del pasado para sobrevivir, probablemente porque los humanos tuvieron tendencia a protegerlos

De hecho, es tan común que tiene un nombre: piebaldismo. Se produce cuando hay una mutación y los melanocitos se distribuyen de manera irregular, provocando que algunas zonas no reciban coloración. En la mayoría de los casos esta despigmentación se produce en manos (patas), tronco y frente, y sucede cuando el animal es todavía un embrión y todos los melanocitos se encuentran en la columna del feto. Conforme avanza su desarrollo, empiezan a distribuirse: si lo hacen de manera regular, el gato tendrá un solo color, pero si hay una anomalía en la mencionada distribución, tendrá diferentes. Son, por tanto, los melanocitos los responsables del color del pelaje de las mascotas, al igual que de los lunares en nuestra piel.

Pero, hablábamos de la evolución, ¿qué tiene que ver con todo esto? Según cuenta en 'Live Science' Leslie Lyons, directora del Laboratorio de Genética Felina de la Facultad Veterinaria de la Universidad de Missouri, mucho más de lo que podemos imaginar. "A medida que los humanos dejaron de ser nómadas y se asentaron, comenzaron a ser granjeros y a cultivar la tierra, necesitaron más y más la ayuda de los gatos para que lidiaran con los roedores. El camuflaje les sirvió para sobrevivir y no es algo tan raro, las mutaciones genéticas están a la orden del día", explica.

Aparentemente los animales con manchas blancas tienden a ser más mansos. Es un patrón que se repite y al que la ciencia aún no ha dado explicación

La especie antecesora del gato doméstico es el 'felis silvestris', que vive en África y Eurasia. "No hay mucha evidencia que indique por qué los mininos eligieron a los humanos", añade Lyons, "pero sin duda el pelaje que observamos en los felinos actuales muestra que nuestros antepasados preferían a los gatos con manchas y los calcetines ya mencionados. Es probable que en un ambiente en el que prevalecen los bosques, los animales con patas blancas destacaran".

Los ojos del gato. (Pixabay)
Los ojos del gato. (Pixabay)

"Además, cuando los humanos comenzaron a interesarse por los gatos, es probable que las patitas blancas les llamaran la atención. Quizá muchas personas apreciaban ese rasgo, por lo que hicieron todo lo posible porque el animal sobreviviese, y por ello han conseguido llegar hasta nuestros días", indica la doctora. Además, también asegura que probablemente los seres humanos seleccionaron a los gatos que se encontraban más cómodos y tranquilos con ellos.

Aunque los rasgos de comportamiento a priori no parecen estar relacionados con el color del pelaje, sí que existe una relación aún no explicada entre manchas blancas e individuos más mansos. Es un patrón que se repite no solo en los protagonistas de este artículo, también en caballos, cerdos, ratones, vacas e incluso ratas. Sea como fuere, si han llegado hasta nuestros días es porque en el pasado los elegimos como compañeros fieles, y según los últimos estudios los felinos aportan grandes beneficios para la salud de los humanos. Así que, aunque parezca que quieren conquistar el mundo, mejor que los tengamos cerca. Y preferiblemente si tienen calcetines blancos en sus patas.

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