LA MENTE FRENTE AL CAOS

Los rasgos psicológicos de las compras compulsivas por el coronavirus

Las colas en los supermercados de Madrid están dejando estampas de fiebre consumista por hacerse con los productos básicos. ¿A qué se debe este fenómeno y pánico colectivo?

Foto: Colas en un supermercado de Madrid, hoy martes. (Juan Vargas/EFE)
Colas en un supermercado de Madrid, hoy martes. (Juan Vargas/EFE)

El Ministerio de Sanidad elevaba ayer el escenario de alerta contra el coronavirus, pasando de contención a “contención reforzada”, lo que ha implicado el anuncio de cierre de centros educativos (guarderías, colegios, institutos y universidades) a partir de hoy y hasta, en principio, dos semanas. Acto seguido, los supermercados quedaban abarrotados de gente. Esta situación de pánico consumista se ha repetido en otros países azotados por el virus. En Twitter, cientos de usuarios han subido fotos de estantes de supermercados madrileños vacíos y la empresa Mercadona es 'trending topic'.

Es patente que el nerviosismo se ha instaurado entre los clientes en las cadenas de abastecimiento con largas colas y días de espera en los servicios de compra a distancia. Los productos más demandados son, en general, los relativos a la higiene y a la alimentación envasada. También están las legumbres, el arroz y las pastas, así como aquellos productos sanitarios como termómetros o desinfectantes de alcohol etílico. Ante este escenario, cabe preguntarse cuáles son los rasgos psicológicos que alientan a que cientos de personas se lancen a los supermercados ante la alarma de una hipotética cuarentena inminente.

Es lógico prepararse para algo malo, pero no comprar 500 latas de alubias para un período de aislamiento de un par de semanas

“La base de este comportamiento es la emoción de miedo”, explica Timanfaya Hernández, psicóloga del Colegio Oficial de Psicológos de Madrid, a este periódico. “Se desata ante situaciones de descontrol, real o imaginario.” En este sentido, la profesional reconoce que lo que ha hecho cundir el pánico ha sido la “incongruencia en la información ofrecida”, ya que en un principio “recibimos un mensaje de calma” pero “ayer salta una noticia importante de alerta que no se había dado”. Este miedo, como instinto biológico, se propaga al ver que “nuestro vecino está haciendo acopio”. Para más inri, no hace falta bajar al supermercado, sino que a través de redes sociales esta paranoia se alimenta, lo que provoca que los centros de consumo se abarroten de gente. “Somos el único ser animal que es capaz de imaginar y de suponer situaciones temibles”, prosigue Hernández, por lo que “el miedo al final tiene un fondo racional que es alimentado por lo irracional y lo emocional”.

La amenaza del aislamiento

Uno de los mayores expertos en este tipo de fenómenos es el británico David A. Savage, profesor de Economía del Comportamiento en la Newcastle Business School, quien publicó hace unos días una reflexión en 'The Conversation' sobre esta actitud consumista. En su opinión, la fiebre por adquirir productos básicos en poco tiempo responde a una respuesta lógica del cerebro para paliar la preocupación emocional que supone el hecho de aislarse por cuestiones sanitarias.

“Abastecerse de alimentos y otros suministros ayuda a las personas a sentir que tienen cierto nivel de control sobre los eventos que suceden o van a suceder”, explica el profesor. “Cuanta mayor sea la amenaza percibida, más fuerte será la reacción. En esta etapa, se cree que el virus tiene un período de incubación de hasta 14 días, por lo que las personas quieren estar preparadas para al menos 14 días de aislamiento”.

Nuestra empatía disminuye y debemos hacer uso de recursos cognitivos para no perder la calma y pensar en los otros

En este sentido, Savage no ve como algo negativo el hecho de aprovisionarse en la medida de lo posible ante una amenaza como la que estamos viviendo con el coronavirus. Sin embargo, en una reciente entrevista con la 'BBC' matiza sus palabras: “Es racional prepararse para algo malo que parece probable que vaya a ocurrir, pero lo que no es nada racional es comprar 500 latas de alubias para un período de aislamiento de un par de semanas”. Y en situaciones como esta, la respuesta lógica y racional de la masa se ve entorpecida por el pánico. Un contexto especialmente preocupante para aquellas personas que ya tienen trastornos mentales previos relacionados con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o de paranoia.

El pánico, al fin y al cabo, surge cuando ese miedo se colectiviza y actúa sin razón. El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, aseguraba en su libro 'Psicología de las masas y análisis del yo' que el sentimiento de pánico surge cuando una multitud comienza a disgregarse y las órdenes emanadas desde arriba dejan de ser obedecidas, cuidándose cada individuo solamente de sí mismo y restando atención a los demás. Así, en este caso, surgen escenas de conflicto entre los clientes: muchas personas se apresuran a adquirir más productos básicos de los que necesitan, dejando al resto sin nada, como ya ocurrió ayer en diversos supermercados de Madrid.

Menos empatía

"Por favor, madrileños, dejar de arrasar con el papel higiénico, solo nos queda un rollo y no encontramos en ningún supermercado", publicaba la periodista Patricia Menéndez en su cuenta de Twitter. Otras personas también veían con malos ojos la compra masiva de productos básicos propios del consumo de los más pequeños. "Por favor, como madre de una niña de cuatro años os ruego que no arraséis con los alimentos de primera necesidad en los supermercados, como pueden ser el ketchup, la Nutella, los Donuts o los San Jacobos", pedía la usuaria Bárbara Alpuente.

¿Nos hacen, por tanto, este tipo de situaciones menos solidarios? “Por supuesto, nos individualizan a un nivel máximo”, reconoce Hernández. “Nuestra capacidad de empatía disminuye, y ante una amenaza como esta debemos hacer uso de recursos cognitivos para no perder la calma y pensar en los otros, ya que al final habla nuestro instinto más biológico que es incapaz de pensar en los demás en momentos de crisis”.

La incertidumbre nunca es buena

Otro de los aspectos más característicos de esta crisis del coronavirus es el alto grado de incertidumbre que impera dentro de la sociedad. Esto condiciona muchísimo la compra compulsiva; ya que no es lo mismo prepararse para un desastre natural anunciado, que más o menos cuenta con una predicción fiable del número de días que los habitantes deben permanecer aislados, a la de esta enfermedad infecciosa, cuyo diagnóstico y tratamiento depende de muchos factores que pueden alargar el confinamiento, sin ir más lejos el atasco de los servicios sanitarios.

Es por ello que ante esta situación de no saber lo que pasará o el número de días que pueda durar la cuarentena, la sensación de pánico aumenta entre las masas, sobre todo en los supermercados, como respuesta a esa frustración de no tener el control sobre lo que va a ocurrir. Por otro lado, los consejos del Ministerio de Sanidad son claros y sencillos: entre otras medidas, lavarse bien las manos con jabón o desinfectante y mantener cierta distancia de seguridad con otras personas.

Estas recomendaciones sobre lo que hay que hacer son demasiado simples y cotidianas, de ahí que la respuesta de la sociedad sea desproporcionada, ya que como recuerda Taylor, “al ser un evento dramático se requiere una respuesta dramática, de ahí que las personas gasten mucho más dinero en los mercados con la esperanza de poder protegerse”.

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