¿TRABAJO O ESCLAVITUD?

Lo que dicen las feministas sobre la prostitución: un debate encendido

El enfrentamiento entre las posturas a favor o en contra del oficio más antiguo del mundo sigue candente dentro de la sociedad. Y no parece que vaya a remitir

Foto: Una prostituta en la ciudad colombiana de Cartagena. (Ricardo Maldonado/ EFE)
Una prostituta en la ciudad colombiana de Cartagena. (Ricardo Maldonado/ EFE)

“El trabajo sexual es la versión más extrema de la opresión violenta hacia las mujeres”. Con estas contundentes palabras respondía Toni Van Pelt, la veterana presidenta de 72 años de la Organización Nacional de Mujeres estadounidense en un reciente debate político celebrado en Washington para decidir un proyecto de ley que tiene por objetivo despenalizar el trabajo sexual en la capital. Pelt aseguró que, de hacerse definitivo dicho plan, “Washington se convertiría en el primer destino internacional de turismo sexual” y representaría “una amenaza para las mujeres y niñas”, según recoge 'The Daily Beast'.

Esto recuerda mucho a las palabras pronunciadas por Carmen Calvo, vicepresidenta del reciente gobierno de coalición, durante una entrevista el año pasado en la que reiteraba la postura firme del PSOE en cuanto a la prostitución: “Que cada hombre que diga que la prostitución es una profesión, que apunte a su hija a una academia”, espetó. Así, se volvía a abrir el eterno debate intrafeminista en el cual hay dos bandos enfrentados: el abolicionista (en el que se encuentra Calvo y su partido, entre otras muchas asociaciones y teóricos feministas) y el regulacionista, representado por varios colectivos que piden que el oficio más antiguo del mundo se legalice y se considere como una profesión más.

Ocho de cada diez casos de trata de seres humanos tienen como fin la explotación sexual y el 90% de las víctimas son mujeres y niñas

Antes de entrar en materia, merece la pena considerar una serie de datos: España es el país europeo con mayor demanda de sexo pagado y el tercero a nivel mundial, según Naciones Unidas. Esto nos coloca a nivel internacional en una posición bastante sensible en lo referente al tema, ya que casi el 40% de los varones españoles ha consumido este tipo de servicios. Se debe tener en cuenta no solo el gran volumen de negocio (alegal), sino que también nuestro país es uno de los principales destinos de tráfico de mujeres del mundo. Es por ello que este posicionamiento de la justicia española frente al tema de la prostitución, en cierto modo neutral, es beneficioso para este tipo de organizaciones criminales, ya que ni se persigue ni se acepta, lo que coloca al país en una situación muy comprometida.

Si hay algo en lo que coinciden ambos bandos es precisamente en esta idea. Ya en el preacuerdo firmado para formar gobierno, Unidas Podemos y PSOE prometieron “erradicar la trata de mujeres con fines de explotación sexual” y una Ley integral que incorporase “medidas de prevención y persecución” contra las redes de tráfico de mujeres y niñas “que son obligadas a ejercer la prostitución”, según recogía 'Europa Press'. De algún modo, se tiende a asociar el crimen organizado con la prostitución. Y no es para menos: ocho de cada diez casos de trata de seres humanos tienen como fin la explotación sexual, según estos mismos datos de la ONU, y el 90% de las víctimas son mujeres y niñas. Por lo tanto, es normal hacer esta asociación de ideas, pero ello no quiere decir que haya que generalizar que todas las prostitutas están subyugadas a bandas criminales o son obligadas a ejercer su trabajo.

¿Libertad individual o esclavismo?

Esta lucha entre regular o bien perseguir el trabajo sexual lleva muchísimos años dentro de la arena del feminismo. “Los delitos de lenocinio y explotación de la prostitución ajena son distintos e independientes de los de trata, pues castigan a los terceros que se benefician de la prostitución independientemente de las condiciones en que esa se ejerza, e incluyen casos en los que todos los participantes, de manera voluntaria, ejercen la prostitución y se benefician de ella”, explica la académica Claudia Torres, de la Universidad Autónoma de México (UAM) en un estudio sobre el tema.

Las trabajadoras sexuales en muchas ocasiones son silenciadas o desmentidas de inmediato cuando sufren una violación

En este sentido, uno de los puntos de divergencia más claros entre ambas visiones se da en 1992, cuando una famosa abogada anti-pornografía llamada Catherine MacKinnon afirmó en su libro 'Prostitution and Civil Rights': “Las mujeres son prostituidas precisamente para ser degradadas y sometidas a un tratamiento cruel y brutal sin límites humanos; eso es lo que se intercambia cuando las mujeres son vendidas y compradas para tener sexo”, en declaraciones recogidas del excelente trabajo de Marta Llanos de la UAM. De este modo, equipara el oficio con una “violación repetida” o una “esclavitud sexual femenina”, planteando que una prostituta es legalmente una “no persona”.

Un asunto... ¿de clase?

A lo largo de los últimos años, se ha publicado una cantidad ingente de literatura que aborda esta problemática cuestión. Una de las más firmes representantes de este feminismo contrario a la abolición es Virginie Despentes, autora de la influyente “Teoría King Kong”, quien ha vivido en sus propias carnes el oficio de trabajadora sexual y también ha sido víctima de una violación. Para ella, la prostitución no es tan diferente al resto de empleos, ya que hay otros ámbitos laborales en los que la violencia sexista está muy presente. Sobre todo en aquellos en los que nadie quiere y que, por ello, muchas mujeres inmigrantes se ven obligadas a aceptar, como vienen a ser los propios del terreno doméstico, de limpieza o en las zonas rurales.

Por ello, Despentes aquí hace una distinción de clase. Al igual que también existe la prostitución de lujo, en la cual la mayoría de las trabajadoras son bien tratadas y están en mayor medida protegidas, también abundan ciertos empleos relegados a las clases más bajas sin ninguna connotación sexual de antemano en los que la violación es el plato de cada día. Pero también sucede al revés: a raíz del fenómeno del #MeToo del año pasado, hemos visto cómo muchas mujeres de las clases altas creativas con mucha posición social han declarado haber sido abusadas, por lo que bien cabría hacer una reflexión aquí. Las conductas sexistas y las violaciones sexuales pueden ocurrir en todas las esferas; quizás más en la de la prostitución por el riesgo que conlleva, pero el problema aquí no es la decisión individual de hacerse prostituta; sino también como siempre, el machismo que existe como telón de fondo.

Esto también nos lleva a pensar en la cantidad de víctimas sexuales que puede haber en la industria pornográfica, y a las que no se les presta la suficiente atención o son acusadas de mentirosas. Por ejemplo, Nikki Benz, una actriz de cine para adultos estadounidense que confesó haber sido violada en la filmación de una película por sus compañeros de rodaje. Al declararlo por Twitter, no recibió el más mínimo apoyo, ni de las instituciones ni de la opinión pública, y actualmente sus supuestos agresores siguen libres.

La división de la izquierda

De vuelta en España, actualmente existe una gran confrontación entre ambos bandos. Hay un sinfín de asociaciones que piden la abolición inmediata de la prostitución al “ir en contra de los derechos humanos” y “reproducir la jerarquía sexual patriarcal”. Y dentro de la izquierda, el conflicto es aún más grande. Uno de los hechos que más ejemplifica este desacuerdo ideológico y programático es el de la dimisión forzada de Concepción Pascual de su cargo de directora general de Trabajo. El desencadenante: haber firmado la inscripción en el registro del Sindicato de Organización de Trabajadoras Sexuales (OTRAS). Al parecer, Pascual firmó el documento sin tener en cuenta a su superior, la ministra Magdalena Valerio.

Algo parecido sucedió en Barcelona con el equipo de Ada Colau, formado por el PSC y Barcelona en Comú cuando la alcaldesa de la ciudad aprobó subvenciones a la asociación Aprosex (embrión de OTRAS), lo que no sentó nada bien al bloque abolicionista del Ayuntamiento. Jaume Collboni, actual presidente de los socialistas de Barcelona, siempre se ha mantenido firme en su voluntad de abolir la profesión más antigua del mundo, considerándola como “la esclavitud del siglo XXI”. Por tanto, el enfrentamiento entre los dos bandos sigue recrudeciéndose y parece que no vaya a terminar así como así. Mientras tanto, el campo de batalla sigue repleto de minas. Y en el medio, las víctimas, las de siempre, aquellas que no tienen altavoz y suplican por una vida digna.

Alma, Corazón, Vida

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