perpetuando estereotipos

Los límites del humor o por qué si te ríes de un chino en España "no pasa nada"

La representación de los asiáticos está plagada de estereotipos racistas, especialmente en el ámbito humorístico. ¿Qué piensan ellos al respecto?

Foto: De arriba abajo: Quan Zhou, Liuyun Xiang, Susana Ye y Alejandro Lai.
De arriba abajo: Quan Zhou, Liuyun Xiang, Susana Ye y Alejandro Lai.

La comunidad china no deja de crecer en España desde finales de los años noventa, según el Instituto Nacional de Estadística. En la actualidad, son unas 202.093 personas las que nacieron en China y que actualmente viven en nuestro país, y esos datos no tienen en cuenta a los 'asiáticodescendientes': españoles con progenitores de nacionalidad china. Según los últimos escrutinios, los nacidos en la península Ibérica fueron un total de 2.555 en 2018.

En 2019, los trabajadores con nacionalidad china afiliados a la Seguridad Social marcaron un récord histórico en un país en el que en los últimos tiempos se considera el Año Nuevo Lunar una celebración más, como podrían serlo la Semana Santa o la Navidad. Estos españoles de ascendencia china parecen estar perfectamente integrados en la sociedad... ¿Seguro?

Hagamos un repaso televisivo: hace unos días, la ilustradora Quan Zhou, nacida en Algeciras en 1989, compartía en 'Medium' un artículo sobre sus impresiones acerca de una sección que suele salir en 'El hormiguero'. La sección en concreto se llama 'Oído conchina' y en ella dos personas de origen chino que no hablan español (o no lo hablan bien) tienen que cantar a duras penas temas en castellano para que el invitado de turno adivine la canción.

"Nos ningunean y nos perciben como una amenaza. Ay, los chinos, que ahora se cogen vacaciones. Ay, que se compran todos los locales"

"Recuerdo pensar que estas personas podrían ser mis padres", explica Zhou, "no sabéis la de veces que tenemos que lidiar en nuestras vidas con esas 'bromas sin mala intención' de personas desconocidas (...) la representación de la cultura china en España en medios nacionales suele ser del mismo estilo. Todo está lleno de estereotipos y chistes rancios. El humor estereotipado es solo otra cosa más que añadir a la falta de educación, tacto y conciencia que hay".

'Los Japón' o cómo perpetuar los estereotipos asiáticos en 2019.
'Los Japón' o cómo perpetuar los estereotipos asiáticos en 2019.

Muchos chinos creen que su representación en medios de comunicación no es más que un estereotipo burlón que les hace un flaco favor a la hora de integrarse en la sociedad. Bastantes aseguran haber vivido episodios de racismo en algún momento de sus vidas hasta el punto de no poder considerarse españoles, porque los de aquí no les aceptan como tales, pero tampoco chinos, pues cuando viajan al país de origen de sus padres no comprenden su cultura.

"Mafiosos, invasivos, competitivos"

"Hay una representación estereotipada que se repite en las películas y medios de comunicación españoles", cuenta la periodista Susana Ye a El Confidencial. Es responsable del documental 'Chiñoles y bananas' y colabora frecuentemente en 'El País' y 'Cuarto Poder'. "Chinos mafiosos, que eluden los impuestos, que se consideran una masa invasiva y competitiva. Esas ideas se consolidan en el imaginario y crean una desconfianza en los ciudadanos. Es una mezcla rara entre ningunearnos (vernos como los chinos que tienen que estar a tu servicio) y concebirnos como una amenaza. Ay, los chinos, que ya se cogen hasta vacaciones, ay, los chinos, que se compran todos los locales".

"Es verdad que en España todavía existe un mayor grado de discriminación a la diversidad en comparación con otros países europeos", dice Liuyun Xiang, que estudió Relaciones Internacionales. "Sobre todo si hacemos un paralelismo con Países Bajos o Alemania. Pero tengo confianza en que la integración se está consiguiendo día a día, con el esfuerzo de ambas partes, tanto por parte de la comunidad china como de la sociedad española".

La poca representación que tienen los asiáticos en Hollywood se ha puesto a menudo de manifiesto: "Solo hacemos papeles de putas o frikis"

En realidad, el tratamiento estereotipado de la comunidad en medios y televisión no es algo que suceda exclusivamente en nuestro país. En Estados Unidos, que lleva recibiendo emigración china desde hace muchos años, los ABC ('american born chinese') pocas veces tienen representación en la industria de Hollywood, y si la tienen, es generalmente estereotipada, salvo honrosas excepciones. Hace tan solo unas semanas, la actriz Awkwafina, protagonista de 'The Farewell', hizo historia en los Globos de Oro al convertirse en la primera mujer de ascendencia asiática en ganar el premio como mejor actriz principal.

Un soplo de aire fresco en un mercado donde los actores asiáticos ya se han quejado en más de una ocasión de seguir perpetuando estereotipos ofensivos: "Solo hacemos papeles de putas o frikis", explicó en 2017 el actor norteamericano de origen tailandés Pun Bandhu, que pese a haber estudiado interpretación en Yale asegura que en los 'castings' siempre le exigen lo mismo: poner acento asiático.

Como cuenta Naveen Kumar en un reciente artículo publicado en 'Vox', abundan los ejemplos de personajes de películas y televisión asiáticos extraños y exagerados. Mickey Rooney jugó a ser el casero japonés de Holly Golightly en 'Desayuno con diamantes' (1961), Marlon Brando hizo lo mismo en 'La casa de té de la luna de agosto' y los programas favoritos de los niños están llenos de estereotipos, como Long Duk Dong, que aparece en la comedia 'Dieciséis velas', Mushu, en 'Mulán', o Apu Nahasapeemapetilon, en 'Los Simpson', personaje al que recientemente el actor Hank Azaria ha dicho que no volverá a poner voz.

Durante la II Guerra Mundial, el sentimiento antijaponés propició que la imagen del asiático pasase a ser un estereotipo racista

"La comedia, particularmente la comedia estadounidense, tiene una larga historia de usar las diferencias raciales y étnicas para hacer bromas", indica Kumar, que intenta explicar dónde están los límites del humor, si es que existen. "Esto revela algo sobre la desigualdad institucionalizada y los prejuicios y la discriminación —racismo, sexismo y clasismo— que están arraigados en nuestra cultura".

Caricatura en 'The New Yorker' (1943).
Caricatura en 'The New Yorker' (1943).

Centrándonos de nuevo en los chinos, Ita Tsai cuenta en el documental 'Chino capuchino' cómo estos estereotipos afectan a la idea que los españoles tienen de los asiáticos, e intenta dar una explicación histórica al problema: durante la época del cine mudo en Hollywood, una estrella japonesa dominaba la gran pantalla, Sessue Hayakawa, un galán al puro estilo Rodolfo Valentino y uno de los primeros 'sex symbols' de la historia. Pero, con la llegada de la II Guerra Mundial, el sentimiento antijaponés se hizo tan fuerte que estos roles se convirtieron en caricaturas racistas, una tendencia que Tsai asegura se ha mantenido hasta nuestros días.

"En las películas, los asiáticos están representados como gente estúpida, servicial e infantilizada" cuenta Susana Ye. "Somos raros y, por tanto, objeto de burla y mofa. El porno también ha hecho mucho mal, convirtiendo a la mujer asiática en un fetiche, presentándola siempre como sumisa y dulce". Kumar, sin embargo, asegura en el artículo que su padre no siente que forme parte de un grupo minoritario oprimido: emigró a los Estados Unidos en los años setenta con muy poco y sus títulos médicos le avalan. "Hay una gran diferencia de mentalidad entre los inmigrantes de primera generación y la mía. ¿Debería relajarme y no tomármelo tan en serio?", se pregunta.

Con el asesinato de los periodistas y dibujantes de 'Charlie Hebdo' se abrió un debate: ¿es necesario el humor ofensivo? ¿Todo vale?

"Creo que como soy chino percibo más bromas racistas que el resto, como es lógico, pero yo personalmente nunca las he vivido en mis propias carnes", confiesa Alejandro Lai, ingeniero informático. "Supongo que no pasa solo con nosotros, durante muchos años los latinoamericanos han sido (y siguen siendo) también víctimas de bromas racistas en series como 'Aída' o 'La que se avecina'. Cuando se hacen bromas así, supongo que son desde la ignorancia y quizá piensan que a nadie le afectan o que no se pueden defender, simplemente porque nadie ha ido a decirles personalmente: 'Oye, esto no está bien", señala.

Los límites del humor

¿Es necesario el humor ofensivo? El asesinato de los dibujantes y periodistas de 'Charlie Hebdo' abrió un debate en 2015 que aún continúa. Los chistes irreverentes se mueven en los límites de lo que es políticamente correcto. ¿Tiene que haber tabúes o todo vale? ¿La sátira ha de terminar cuando se ofende a un colectivo o por el contrario debería haber una libertad absoluta para reírnos de cualquier cosa?

"El porno también ha hecho mucho mal convirtiendo en fetiche a la mujer asiática, que siempre se presenta como sumisa y dulce"

"Como ilustradora, defiendo la libertad de expresión", explica Quan Zhou a este periódico, "pero aquí hablamos de sentido común. Hace poco tiempo, vi un reportaje sobre Julen, ¿se puede hacer humor sobre su caso? En principio sí, debería no existir censura, por supuesto, pero traspasamos la frontera del mal gusto. El problema es que en España no se ha educado a nadie para que entienda que está mal hacer chistes sobre asiáticos. Lo que yo denuncio es que los medios nos tratan como una masa homogeneizada y simplista y muchos españoles no conocen chinos de primera mano como para entender que eso que ven en la tele es un simple estereotipo", añade.

"Creo que se debe diferenciar entre 'humor' y 'mensaje ofensivo", dice Liuyun, "sobre todo no se debe abusar del humor guiándolo hacia una connotación racista. Hay que saber distinguir y, para eso, es importante ponerse en la piel de los demás: no usar palabras ofensivas como una broma sin entender cómo lo percibe la otra persona. Se trata simplemente de empatía y educación", relata.

Los medios nos tratan como una masa homogeneizada y simplista. La educación y la visibilización son fundamentales

"Mi conclusión después de reflexionar durante mucho tiempo es que sí deben existir límites para el humor", señala Ye. "Se trata de una herramienta de visualización, tiene un mensaje ideológico y político detrás. Hay líneas rojas relacionadas con los derechos humanos o los valores que no deben sobrepasarse nunca. El humor se tiene que ejercer de abajo arriba, nunca ha de alimentar ideas que segreguen o marginen a los vulnerables. Ni lo comparto ni disculpo la excusa de la libertad de expresión", cuenta.

La solución a corto plazo para ellos es que las personas racializadas entren en los medios y se les dé mayor visibilidad para que se las deje de encasillar según su cara. Se deben incorporar distintas voces y realidades. "La educación y la representación son fundamentales", cuenta Zhou. "¿Entro dentro de los 'ofendiditos' por pensar así? Puede. ¿Me importa? Está claro que no", concluye.

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