Cómo evitar el síndrome del impostor y no arruinar una entrevista de trabajo
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LO SUFREN MUCHOS ASPIRANTES

Cómo evitar el síndrome del impostor y no arruinar una entrevista de trabajo

No sentirse la persona idónea para el empleo al que se aspira puede arruinar todas las esperanzas de conseguir ese puesto, aunque se sea el candidato perfecto

Foto: Cómo evitar el síndrome del impostor y no arruinar una entrevista de trabajo
Cómo evitar el síndrome del impostor y no arruinar una entrevista de trabajo

Una de las mayores pruebas a las que se enfrenta una persona a lo largo de su vida tiene que ver con las entrevistas de trabajo. Exponerse ante el ojo escrutador de los expertos en recursos humanos provoca en los aspirantes un miedo que supera muchas veces la lógica, aunque sean las personas más preparadas para el empleo que está en juego.

Si eso es algo habitual entre las personas que participan en un proceso de selección cuando quieren cambiar de trabajo, esa sensación se multiplica entre quienes se encuentran en paro y necesitan buscar un empleo con urgencia. Y muchos coinciden en la causa que les lleva a padecer esa situación de estrés: no se creen merecedores del puesto al que aspiran.

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Esa situación tiene un nombre en términos de psicología: se denomina síndrome del impostor y consiste, precisamente, en no considerarse válido para un determinado empleo, a pesar de estar sobradamente cualificado para ello. Y sufrir ese síndrome cuando nos enfrentamos a una entrevista de trabajo puede arruinar todas nuestras esperanzas de hacernos con el puesto.

El síndrome del impostor

Susan Peppercorn, experta en recursos humanos, explica en Harvard Business Review que quienes padecen el síndrome del impostor "sufren de dudas y una sensación de fraude intelectual que anula cualquier sentimiento de éxito o prueba externa de su competencia". Eso significa que pese a ser idóneos para un puesto, arruinan todas sus posibilidades en la entrevista.

El síndrome del impostor puede arruinar todas las esperanzas de conseguir un empleo, aunque se sea el candidato idóneo

Pero, ¿por qué sucede eso y cómo solucionarlo? Se trata de pensamientos que generan una sensación de ansiedad sobre la supuesta falta de cualificación de un candidato. Esos propios pensamientos provocan vulnerabilidad en la persona que se va a enfrentar a un proceso de selección por un nuevo trabajo, y la entrevista de trabajo es el desencadenante perfecto.

Para evitarlo, la experta reúne tres consejos que pueden ayudar a los aspirantes a un empleo a pasar las entrevistas sin venirse abajo. El primero es entender el sentido de la entrevista de trabajo. Porque, aunque la mayoría de los candidatos piensan lo contrario, no se trata de conocer los detalles de la carrera del candidato, o al menos no todo el tiempo: para eso está el curriculum en el cual la empresa se ha basado para convocarnos a la entrevista personal.

Ser juzgados profesionalmente por otras personas genera ansiedad y estrés
Ser juzgados profesionalmente por otras personas genera ansiedad y estrés

Lo que la compañía desconoce es si somos la persona ideal para ese puesto, si será fácil trabajar con nosotros, si el día a día con el equipo será cómodo, etc. Evidentemente, puede haber preguntas técnicas sobre trabajos anteriores, liderazgo de equipos, etc. Pero lo más importante es que la empresa que realiza el proceso nos vea como un miembro más del equipo. Si lo conseguimos, habremos dado un paso de gigante en el proceso de selección.

Practicar y luchar contra los nervios

El segundo buen consejo de Susan Peppercorn pasa por practicar, y mucho. Cuanto mejor hagamos las entrevistas de trabajo, más subirá nuestro nivel de confianza y, por eso, practicar esas entrevistas nos ayudará a responder de manera clara y concisa. Estas prácticas, además, nos ayudarán a encontrar algunos temas en los que no estemos cómodos y haya que perseverar y también las situaciones en las que somos más fuertes, pudiendo derivar la conversación hacia esos logros conseguidos con anterioridad.

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El tercer y último gran consejo es calmar los nervios. Y aunque suene a algo demasiado típico y fácil de hacer, no lo es para nada. En el fondo, nos enfrentamos a un juicio profesional y, por muy preparados que nos estemos para el puesto, no todo el mundo es capaz de mantener la calma. Por eso, hay que controlar todo lo que esté en nuestra mano y confiar en aquello que no lo está.

Por ejemplo, si nos pone nerviosos el hecho de poder llegar tarde, hagamos el trayecto varias veces para saber cuánto tiempo nos llevará y cuál es la mejor ruta; si es la propia entrevista lo que nos asusta, demos un paseo alrededor del edificio unos minutos antes de subir para intentar calmarnos; Peppercorn, además, nos invita a hacer algunas respiraciones profundas para concentrarnos en lo que vamos a hacer y llegar completamente tranquilos al momento clave.

Cuanta más confianza tengamos en nosotros mismos, mejor impresión causaremos en los expertos que nos hacen la entrevista

Con estos tres consejos para no sufrir el síndrome del impostor, conseguir el empleo perfecto está un poco más cerca. Si, pese a todo, seguimos teniendo miedos a la entrevista, hay que tener claro el objetivo: vendernos lo mejor posible y ser capaces de que los entrevistadores nos vean como una parte más del engranaje del futuro equipo. Eso nos hará llenarnos de confianza y responder más tranquilamente ante los retos que se nos presenten.

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