Los manjares del pasado: alimentos que eran deliciosos y que ya no existen
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Los manjares del pasado: alimentos que eran deliciosos y que ya no existen

¿Por qué hemos permitido que desaparezcan tantos ingredientes que saboreábamos? ¿Qué impacto ha tenido su pérdida y qué lecciones nos puede enseñar para el futuro?

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Los primeros humanos preferían el mamut -jugoso y carnoso- a la hora de comer. A los antiguos romanos les encantaba tanto su especia favorita, el silfio, que la utilizaban para sazonar todo, desde cordero hasta melón. En los Estados Unidos del siglo XIX, la tarta de paloma migratoria era un alimento mucho más codiciado que un caldo de pollo. Y para el postre, los americanos de hace un siglo disfrutaban de una pera Ansault (mucho más jugosa), considerada la mejor pera jamás cultivada.

¿A qué sabían estos alimentos tan saboreados por las generaciones anteriores? Bueno, aparte de algunas descripciones recogidas en libros, nunca lo sabremos: están todos extintos. El geógrafo culinario Lenore Newman realiza un recorrido por los alimentos perdidos y reflexiona sobre qué podemos hacer para evitar que nuestras comidas favoritas actuales desaparezcan para siempre.

Martha, la última paloma migratoria

"Este proyecto comenzó debido a un pájaro", señala Newman en 'The Atlantic'. "Y ese pájaro era Martha", cuenta. El proyecto de Newman es un libro titulado 'Lost Feast: Culinary Extinction and the Future of Food'. Martha era una paloma migratoria y el último miembro vivo de su especie. Su muerte, el 1 de septiembre de 1914, representó -seguramente- la primera vez que la humanidad vio desaparecer a una especie con plena conciencia del concepto de "extinción" y nuestra culpa de causarla.

"No se podía negar que nosotros éramos los culpables", destaca Newman. De alguna manera, juntos, habíamos comido tantas palomas que habíamos borrado de la faz del planeta al ave más abundante en América del Norte.

El ser humano es el culpable de la extinción de varias especies (animales y vegetales) simplemente por una cuestión culinaria

Pero este ejemplar de ave no fue nuestra primera extinción culinaria. Newman realiza un recorrido por los alimentos que hemos comido hasta el final de su existencia; como la megafauna del Pleistoceno, que los primeros humanos destruyeron a medida que nuestra especie se extendió por todo el mundo; y el silfio con sabor a puerro que era tan valioso que los últimos tallos fueron acaparados -junto con oro y joyas- por los emperadores romanos. En todos estos casos, todas las pruebas apuntan al apetito humano como la principal causa de extinción.

Los romanos se aferraron a la creencia de que su amada especia quizás podría reaparecer espontáneamente algún día. La idea de que algo podría desaparecer para siempre era, en ese momento, inconcebible. El concepto de extinción, junto con la evolución, no se formuló hasta finales del siglo XVIII y finalmente le dio a los humanos un marco dentro del cual entender sus acciones. Pero, como cuenta Newman, el ritmo de la pérdida culinaria ha aumentado desde entonces, con miles y miles de variedades de plantas y razas de animales desapareciendo a principios del siglo XX.

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¿Por qué hemos permitido que desaparezcan tantos de los alimentos que saboreábamos? ¿Qué impacto ha tenido su desaparición y qué lecciones nos puede enseñar para el futuro? Newman tiene un podcast llamado Gastropod que ayuda a abordar estas preguntas, dejándonos con algo de esperanza y una perspectiva completamente nueva sobre el pollo.

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