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Qué ocurre si haces ejercicio para adelgazar y dejas de practicarlo

Si toda la vida has creído que entrenar o realizar algún deporte era solamente sinónimo de perder peso es hora de que cambies de pensamiento y empieces a disfrutar

Foto: Foto: iStock.
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Si piensas en adelgazar lo primero que se te viene a la cabeza es hacer deporte y dieta: correr, comer menos, ir al gimnasio, no tomar carbohidratos... Tranquilo, no estás solo, aunque creas que es siempre el mismo bucle infinito para estar saludable y tener un cuerpo diez. Si desde pequeño has relacionado el 'running', jugar al fútbol o las pesas con la pérdida de peso y no con la manera de disfrutar haciéndolo, debes cambiar el chip.

¿Siempre has estado apuntado a baloncesto para perder esos kilos de la adolescencia? ¿No entendías por qué mucha gente se lo pasaba bien mientras tú lo asociabas con el sufrimiento eterno de deshacerte rápidamente y de manera efectiva esos michelines? Si has vivido obsesionado con la báscula, con verte bien frente al espejo o con no engordar ni doscientos gramos porque entrarías en pánico, relájate y párate a pensar un minuto.

No es sorprendente que si llevas años así no hayas logrado quedarte con alguna de las rutinas de ejercicios a largo plazo. Seguramente sea porque o no disfrutabas con lo que hacías o simplemente lo que leíste o escuchaste sobre ese entrenamiento no cumplía con tus expectativas, a pesar de que sí te gustaba. Lo abandonabas durante un tiempo y después te sentías culpable. Y así, una y otra vez.

Relación tóxica

Si lo que quieres es un nuevo camino en el que vivirlo todo intencionadamente, deja esa relación amor-odio y aprecia lo que el ejercicio puede hacer por ti: beneficios en lo referente a la salud mental y física que nada tienen que ver con perder peso.

El deporte puede ayudar a prevenir problemas de salud mental. Además, varias investigaciones muestran que el ejercicio puede mejorar los síntomas de muchas enfermedades existentes como la depresión, la fatiga, la tensión, la ansiedad y disminuir la sensación se miedo, los ataques de pánico y la excesiva preocupación. Olivia Muenter, escritora, es una de las miles de personas que ha decidido cambiar su pensamiento tras años de derrotas.

Realiza ejercicio de 3 a 5 horas semanales, pero no es necesario que sea en el gimnasio: puedes pasar ese tiempo de manera activa y moviendo tu cuerpo

"Me bajé una aplicación para motivarme más y comencé a trotar una vez por semana. Después dos y sin pesarme antes y después de cada entrenamiento; de hecho tiré la báscula a la basura y me concentré en cómo me sentía después de hacer deporte", asegura en 'Health'.

"Poco a poco algo empezó a cambiar. Noté cómo me sentía un poco más fuerte en cada carrera. Mi respiración mejoró y mis piernas estaban más fuertes. ¿Y la ansiedad que me ha acosado desde la universidad, obligándome a preocuparme por cosas mundanas hasta el punto en que no podía concentrarme en nada más ni quedarme dormida por la noche? Después de cada 30 minutos corriendo, parecía que ese estrés se reducía a la mitad. A veces desaparecía por completo", añade.

No es un castigo

Si centrarte en los beneficios para la salud a largo plazo del ejercicio físico fuera del adelgazamiento no te motiva, considera las victorias instantáneas. "El deporte mejora y mantiene la función cognitiva", explica la especialista en bienestar Roxanne Summerville. "Además, tu cuerpo libera endorfinas, consideradas antidepresivos naturales. Experimentamos un cambio dramático en el estado de ánimo tras completar un entrenamiento", añade.

El deporte puede ayudar a prevenir problemas de salud mental. Además, el ejercicio puede ayudar a evitar la depresión o la fatiga

Las recomendaciones de esta experta es que hagas de 3 a 5 horas semanales haciendo ejercicio, pero no es necesario que sea en el gimnasio sino que pases es tiempo de manera activa y moviendo tu cuerpo. Recuerda que hacer deporte es un regalo y no un castigo. Cuando salgas a correr piensa en todo lo que estás haciendo por ti mismo y tu salud.

Todo esto también sucedía antes cuando estabas apuntado al gimnasio, cuando ibas a los entrenamientos de baloncesto o cada vez que te esforzabas por adelgazar. Tu cuerpo también lo agradecía y obtenía beneficios, pero tú no te dabas cuenta porque estabas centrado solamente en adelgazar.

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