in memoriam

Una de las mayores hazañas de la historia de la humanidad es española

Tras la muerte de Magallanes, Juan Sebastián Elcano quedó al mando de una de las proezas más importantes de la historia, donde demostró su valía

Foto: Foto: iStock.
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"El tiempo y la paciencia transforman la hoja de la morera en seda".

Confucio.

Más allá, al oeste de poniente, una noche sin fin impedía el sueño a los cartógrafos y marinos de la época. Delimitar espacios concretos, líneas de costa, bajíos, islas y continentes, era una tarea más que ardua, imposible. La idea del más allá, aquí en la tierra, barruntaba el riesgo – según las creencias del momento-, de caer hacia el infinito arrastrado tras las colosales cataratas que actuaban como frontera terminal entre la “Terra Incógnita” y las más increíbles leyendas. Una vez atravesada esa demarcación intangible, nadie volvía.

Ya en tiempos anteriores los vikingos habían desembarcado en Vinlandia (actual Canadá) y habían sido expulsados por una turba de indios en un hostigamiento infernal. Los vascos, en la ría San Lorenzo (actual baliza aérea de posición llamada Jai Alai) habían dejado su huella- con sus famosas balleneras de alto bordo y al otro lado de la costa, el tercer Ming había autorizado al eunuco Zheng He al sembrar una miríada de colonias y factorías de porcelana desde Antofagasta hasta Alaska. Mas nadie, absolutamente nadie, se había planteado diseñar mapas para dejar referencias para la posterioridad; y si los llegó a haber, debieron de ser ultra secretos.

La mayor hazaña

Pero Colon, un marino osado, sabía demasiado. Sabía que Catay y Cipango (India y Japón) estaban ahí camaleónicamente ocultas a los ojos de los ávidos occidentales en espera de ser descubiertas y sabía que los portugueses sabían que “eso” existía y era tangible. Portugal, siempre el vecino de al lado, nuestro pequeño vecino y hermano menor en lo ibérico, fue siempre ninguneado por España, y por ello, se vio impelida a echarse al mar sin más opciones que descubrir o sumirse en la pobreza más absoluta; y descubrieron, y bien que descubrieron. Sembraron África desde Guinea hasta Socotora, y Asia desde Goa hasta Macao, más una miríada de islas sin cuento. Los portugueses se instalaban, como antaño los fenicios, en pequeños e inaccesibles lugares y desde ahí, se dedicaban al intercambio de cromos con resultados asombrosos. Europa quedó admirada por el descubrimiento gastronómico de las especias y los lusos se hicieron grandes, muy grandes.

Aquellos marineros no eran conscientes de que acabarían siendo las estrellas indiscutibles de una de las hazañas más increíbles de la humanidad

Pero la mayor hazaña de aquel tiempo estaba por venir. Si bien Colón no esperaba encontrar América como tal, pues ese no era su propósito (de hecho murió sin saber lo que había descubierto y en un desconcierto total), un enjuto y espigado vasco de un pequeño pueblo marinero incrustado entre los bosques de esa mágica y milenaria tierra, un pueblo de pescadores llamado Guetaria, había alumbrado a uno de los marinos más grandes de la historia universal, de la historia que conocemos claro está.

Una expedición de cinco naos y alrededor de 239 hombres de tierra adentro -en su mayoría castellanos-, junto con algunos marinos profesionales cántabros y vascos, zarparon del puerto de Sanlúcar de Barrameda con una clara misión, tal que era la de llegar a las Indias Orientales navegando siempre en dirección a poniente. El empeño, desconcierto y frustración de Colon se perpetuaba en el tiempo y llovía sobre mojado con aquel reto tan refractario y escurridizo.

Pero aquellos marineros y exploradores no eran ni remotamente conscientes de que acabarían siendo las estrellas indiscutibles de una de las hazañas más increíbles que la humanidad podría llevar a cabo. La primera circunnavegación de la que tenemos datos colegibles, fue desarrollada por unos españoles que prácticamente morirían en el empeño en su casi totalidad en una apuesta heroica donde las haya.

Fernando de Magallanes.
Fernando de Magallanes.

El motivo de la expedición -el acceso a las exóticas especias, joyas y formas de mercado inimaginables-, fue financiado íntegramente por la Corona Española que esperaba en su exponencial expansión hacia el Lejano Oriente cubrir la demanda creciente que una Europa austera y gris quería redimir con su consumo para mostrarse más refinada. El emperador Carlos I eligió al portugués Fernando de Magallanes, desahuciado por la Corona portuguesa y tildado de loco, un navegante experimentado y con conocimientos más que sobrados del mar y secretos sin cuento de informaciones que albergaba desde hacía años ha.

Gracias a los textos del cronista italiano Antonio Pigafetta, un erudito historiador, explorador y cartógrafo autodidacta, uno de los supervivientes de aquella gloriosa y a la vez trágica expedición en la que solo sobrevivieron poco más del 8% de los tripulantes -18 en total- podemos conocer hoy el detalle de aquella monumental odisea. Los expedicionarios, acumularon provisiones para dos años, tiempo estimado que duraría la travesía. Llevaban cereales y legumbres además de galletas de pan ácimo, algunas parejas de puercos y gallinas que se irían reproduciendo durante la travesía e inicialmente u ocasionalmente hasta adentrarse en el Océano Pacifico, fruta variada. Como todos sabemos, el criminal escorbuto acechaba a aquellos valientes y más allá del agotamiento y las penalidades sobrevenidas, una serie de enfermedades solapadas hicieron estragos entre aquellos hombres que escribieron la palabra historia con mayúsculas. Hubo momentos en que a falta de agua se bebía la residual del roció en los pellejos de los curtidos, velamen o sencillamente en la acumulada en las barandas de las amuras.

La nao Santiago naufragó mientras tomaba sondas en la costa y la entera tripulación de la San Antonio se amotinaría contra el capitán volviendo a España

La inmensa mayoría de los tripulantes estaba formada por españoles, una docena de nuestros hermanos portugueses, algunos amigos italianos del Reino de Nápoles y Dos Sicilias, católicos franceses, marinos profesionales griegos, y alabarderos alemanes desmovilizados… Además, para rematar, Magallanes era el propietario de un esclavo probablemente de origen indonesio, Enrique "el Negro", que les sirvió de intérprete al llegar a las Indias. En las páginas 6 y 7 de su prematuro y premonitorio testamento redactado en Sevilla, Magallanes le otorgó la libertad a su esclavo, al que además dotó de 10.000 maravedíes.

Ya en marzo de 1520 surgieron las primeras complicaciones. La nao Santiago naufragó mientras tomaba sondas en la costa y la entera tripulación de la otra nao, la San Antonio, se amotinaría contra el capitán volviendo a España. Magallanes cada vez estaba más solo y los ánimos en general, soliviantados por le extrema dureza sicológica de un viaje que apuntaba hacia la nada, y eso, que todavía quedaba lo peor, la inmensidad del Océano Pacífico. Tres naves y un centenar largo de hombres era todo el capital del portugués para continuar el viaje. Tras tres meses de navegación por el océano Atlántico, solo se habían podido abastecer en Río de Janeiro, pero sin poder atisbar las inconmensurables distancias que habrían de afrontar.

El hombre y su gesta

El enorme escritor austriaco Stefan Zweig que dejaría voluntariamente su vida en la ciudad brasileña de Petropolis junto con su amada Lotte en el año 1942, menciona en su documentado y preciosista libro de impecable prosa ('Magallanes, el hombre y su gesta') un encuentro en el que apunta a una escaramuza entre los gigantescos patagones con una docena de exploradores españoles que al parecer acabarían convirtiéndose en un apetitoso asado. Vamos, que la cosa pintaba mal en aquella gélida vastedad y los ánimos estaban calentitos entre los tripulantes.

Magallanes moriría en un cuerpo a cuerpo en las Molucas cuando ya la expedición había llegado a las Indias Orientales (actualmente Indonesia y Filipinas). Fue entonces, el marinero español Juan Sebastián Elcano el que tomaría el mando evitando en todo momento las factorías y emporios portugueses (todavía no se había dado la fusión ibérica ocurrida bajo el reinado de Felipe II) por si las moscas, pues los portugueses les venían pisando los talones tras haber librado algunas escaramuzas.

Con la muerte de Magallanes, fue Juan Sebastián Elcano el que tomaría el mando, mientras los portugueses les pisaban los talones

Fernando de Magallanes caería en una emboscada organizada por el cacique Silapulapu en una isla cercana. El almirante era el único que portaba la armadura integra, pero una flecha envenenada le atravesaría la pierna en medio del infierno de Mactán. Asimismo, el esclavo manumitido ya “preliberado” testamentariamente en el caso de que muriera Magallanes, desapareció misteriosamente entre Cebú y Malaca tras la matanza de una treintena de oficiales españoles a traición en un convite aparentemente diseñado para su exterminio.

La tripulación cada vez más mermada por el acoso de la sed, el hambre, el escorbuto, los ataques de los nativos y la hostilidad de un medio ajeno a las cartas de navegación entre una inextricable legión de islas; no podía operar las tres naos restantes, de tal manera que decidieron hundir la Concepción no sin antes hacer un traspaso de las cosas más indispensables. Ya solo quedaban la Victoria y la Trinidad frente a aquella inmensidad liquida.

Los supervivientes desembarcaron en varias islas del archipiélago de Filipinas y de Indonesia en busca de las famosas Molucas o Islas de las Especias, codiciadas productoras de canela, jengibre, clavo y nuez moscada. Para cuando esto sucedió, llevaban un año trastabillando sin rumbo y con el inmenso vacío de la nada, allá, en las lejanas antípodas. Para diciembre de 1521, la nave Trinidad tenía una vía de agua irreversible y el achique no compensaba el ingreso de esa agua, por lo que no podía afrontar una navegación seria. Entonces, Juan Sebastián Elcano al mando de la Victoria, decidió volver a la península siguiendo rumbo hacia el oeste en una decisión no solo tremendamente arriesgada sino que a la postre determinaría una de las mayores hazañas de la humanidad.

El viaje de regreso estuvo plagado de penurias. En los últimos meses carecían de lo más indispensable, ni agua ni provisiones

Según el Tratado acordado en Tordesillas y firmado en 1494, navegar por el océano Índico convirtió a la nao Victoria en objeto de una implacable búsqueda y captura. El viaje de regreso estuvo plagado de penurias sin cuento y con unas condiciones indescriptibles. En los últimos meses carecían de lo más indispensable, ni agua ni provisiones, lo estibado había mermado alarmantemente, no quedaba ningún animal al que hacerle una avería, y así, día y noche haciendo pequeñas paradas subrepticias en la costa oeste de África para hacer aguada y coger algo de fruta y cuatro bichos despistados que llevarse a la boca. En el registro o cuaderno de bitácora no se consignaban estas cosas por si caían en manos de los portugueses.

Al final de aquella hazaña histórica, tan solo 18 hombres desembarcarían en el puerto de Sanlúcar de Barrameda, famélicos, cadavéricos, exhaustos y lleno de harapos tras dos años, once meses y quince días de una experiencia sin parangón en la historia.

Sesenta años más tarde Nunho da Silva, un capitán portugués con experiencia considerable en la cartografía sudamericanas sería secuestrado por el infame Francis Drake. Drake seguiría la senda de Elcano-Magallanes robando los mapas, capturando pilotos españoles y haciendo lo único que sabía hacer sin rubor alguno; robar. Tras saquear las indefensas ciudades costeras del sur de Chile, y llenar las bodegas del Golden Hind (alusión a la pintura con pan de oro de la popa), volvió con cerca de 250.000 libras a Londres (el equivalente al presupuesto del parlamento británico de un año) siendo nombrado sire por la alopécica reina virgen, Isabel I.

Elcano era un hombre más grande que sus problemas aunque finalmente en esta segunda expedición moriría, más no así su fama

Se les había olvidado a los mendaces ingleses que no solo docena y media de españoles se les habían adelantado en más de medio siglo, sino que además, la fracasada segunda expedición de Loaysa y Elcano a las Molucas (cayeron prisioneros en manos de los portugueses)era otra bofetada a su proverbial arrogancia .Tras el tratado de Zaragoza, serían devueltos vía Lisboa a España circunnavegando el globo por segunda vez en 1525. Juan Sebastián Elcano era un hombre más grande que sus problemas aunque finalmente en esta segunda expedición moriría, mas no así su fama imperecedera.

In memoriam.

Alma, Corazón, Vida

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