Más luz no implica más productividad

El horario de invierno es mejor que el de verano para los españoles, según la ciencia

Según el estudio científico del cronotipo, son más los españoles matutinos que vespertinos, por lo que no tendrán grandes dificultades en adaptarse al cambio de hora de este domingo

Foto: Vista de la instalación 'Zeitfeld', del artista alemán Klaus Rinkes, en Düsseldorf, Alemania. (EFE)
Vista de la instalación 'Zeitfeld', del artista alemán Klaus Rinkes, en Düsseldorf, Alemania. (EFE)
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Los españoles habrán dormido en la madrugada de este sábado una hora más. La Comisión Europea propuso que el último cambio de hora se produjera en marzo u octubre de 2019, a raíz de los resultados arrojados por una consulta pública en el bloque comunitario a través de la cual el 80% de los 4,6 millones de ciudadanos encuestados abogó por eliminar la medida, pero finalmente ha apostado por postergar la fecha hasta 2021, de forma que los diferentes gobiernos nacionales tangan tiempo para decidir con qué horario se quedan.

Según el enfoque aprobado por los eurodiputados, los países deberán comunicar si se quedan con el horario de verano o con el de invierno, como muy tarde, en abril de 2020. Si optan por la primera opción, el último cambio de hora tendrá lugar en marzo de 2021, mientras que el reloj se cambiará por última vez en octubre de 2021 en aquellas naciones que decidan permanecer con el horario de invierno. No obstante, la Eurocámara se reserva la capacidad de prorrogar un año más el momento si considera que dicha eliminación pudiera "dañar significativamente y permanentemente" el funcionamiento adecuado del mercado interior.

Este fin de semana toca cambiar la hora

En el caso de España, el Gobierno aprobó hace un año un acuerdo para la creación de una comisión de expertos que estudiara las consecuencias para el país de un hipotético cambio de hora. Esta misión corresponde a 14 expertos que deben presentar propuestas dirigidas a la protección y mejora de la salud, especialmente de los grupos de población más vulnerables, así como a potenciar la sostenibilidad social, ambiental y económica, y a favorecer el principio de igualdad entre hombres y mujeres.

¿Horario de invierno o de verano?

Para Dolores Corella, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Valencia y consejera de la Fundación Gadea, “cada día se concede más importancia a los horarios y a la cronobiología en nuestra salud", pues "está demostrado que las personas que trabajan en turnos de noche y cambian con frecuencia de horario tienen más riesgo de diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares e incluso alteraciones psicológicas como depresión”. Sin embargo, “dado que el cambio horario solo implica el adelanto o retraso de una hora, tras una cierta alteración inicial, la mayoría de las personas se adaptan en menos de tres semanas sin problemas".

“El problema está en si se aplica el de verano o el de invierno, una diferencia nada trivial”, sostiene su compañera de la organización científica, la catedrática de Economía, y directora de la Fundación Iseak, Sara de la Rica, para quien “sería conveniente que España mantenga el mismo horario que Francia y Alemania, ya que son grandes socios económicos y a pesar de nuestra posición geográfica, compartimos intereses”.

Sería conveniente que España mantenga el mismo horario que Francia y Alemania, ya que son grandes socios económicos"

"En general, cuanto más tarde anochece, más vida social y mejor repercusión sobre el comercio, especialmente en la franja horaria posterior a la jornada laboral", concreta De la Rica, que ahonda: “Es cierto que en algunas regiones como Galicia amanecería muy tarde en invierno y anochecería más tarde en verano, pero en Cataluña y la cuenca mediterránea se verían mucho más perjudicados si se aplicase el cambio de horario de invierno. El turismo es una fuente de ingresos muy valorada y cuanta más luz, mejor para el gasto de los turistas”.

Su opinión coincide con la de Vicente Salas, catedrático de Organización de Empresas, que además reclama "medidas que ayuden a equilibrar las horas de sueño y descanso de los trabajadores con el ritmo del turista, lo cual no es tarea fácil”. En esta línea, Corella asegura que la luminosidad del entorno es muy importante porque regula múltiples procesos fisiológicos, así como el estado de ánimo, la capacidad de concentración, la memoria y las habilidades ejecutivas.

“La hormona de la melatonina, producida por la glándula pineal y localizada en el cerebro, regula el reloj biológico, estimulando el sueño y el descanso, así como la reparación de procesos. Se ha demostrado que la disminución de secreción de melatonina, inhibida por la luz y estimulada por la oscuridad, acelera los procesos de envejecimiento. Estar mucho tiempo expuesto a luz artificial, en lugar de adaptar nuestra vida a la luz natural, puede alterar nuestra secreción de melatonina y aumentar el riesgo de padecer algunas enfermedades”, concluye la experta.

Para Salas, “la luz solar es positiva para la actividad económica, siempre que no altere las pautas de sueño y descanso de las personas. Hay estudios rigurosos que demuestran que una hora más de sueño de promedio a la semana aumenta la productividad en un 5% aproximadamente”. Por tanto, “el debate en torno al cambio de hora debería enmarcarse en un debate más amplio sobre qué hacer para aumentar el tiempo medio de sueño de las personas en España”.

Más luz no implica más productividad

Respecto a la productividad laboral, De la Rica afirma que “repercutiría muy poco"." Las personas nos acostumbramos fácilmente a nuevos entornos y la productividad no se vería afectada por estar siempre en horario de verano. Además, si se permite cierta flexibilidad en la hora de entrada y salida, los ciudadanos podrían adaptarse a la luz que más les ayuda durante sus horas de trabajo”, defiende.

Por su parte, Corella recomienda tener en cuenta el cronotipo de cada persona, determinado por la genética y la edad. “A las personas que son más matutinas, se despiertan más pronto y son más activas durante las primeras horas de la mañana se las denomina alondras, mientras que los que se levantan más tarde y prefieren hacer actividades por la noche son conocidos como vespertinos. Atendiendo a estas características, en algunas universidades de Estados Unidos se están adaptando los horarios al cronotipo de los alumnos para conseguir un mejor rendimiento”.

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