infierno en filipinas

La crueldad del almirante Jacob Smith: "Matad a todo habitante mayor de 10 años"

La orden que el general dio durante la guerra filipino-estadounidense es la muestra de su ataque indiscriminado en la isla

Foto: Foto: iStock.
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- "Nos regalan miedo para vendernos seguridad".

Visto en Vallecas- Madrid. (Autor probable, viñeta de El Roto)

Mientras duraba el enfrentamiento entre España y Norteamérica en la llamada Guerra de Cuba, mientras tres docenas de soldados peninsulares vivían en el sitio de Baler una de las gestas más heroicas producidas en un enfrentamiento bélico, el ejército que acabaría venciendo en aquel ominoso enfrentamiento, impondría con severidad a la población autóctona, leyes manifiestamente inaceptables amparado en su enorme superioridad numérica y tecnológica. La Wikipedia anglosajona es muy explícita al respecto en torno a una de las sentencias más devastadoras de la historia moderna. Si buscamos con paciencia en Google, no hay que hilar demasiado fino para encontrar la lapidaria frase pronunciada por el almirante Jacob Smith en 1898.

En este compendio de conocimientos, se reconoce clara y diáfanamente que se dio la orden que a continuación se consigna, y que se dio ante un numeroso grupo de oficiales congregado ante el Dios de la muerte que sentenció una de las más escandalosas directrices, en sintonía con un Hitler o un Stalin, propia de la vehemencia del primero y de la frialdad del segundo.

Una frase escalofriante

La frase en cuestión, "Kill everyone over the age of ten" (matar a todos los mayores de diez años), ya en sí, produce escalofríos. Lamentablemente, en ocasiones hay quien se pone un uniforme y le crecen las gónadas exageradamente. Otras fuentes, aseveran que también dijo que "todo aquel que hablara español debía ser asesinado, independientemente de su edad...". En fin, sin comentarios. Un militar profesional debe de tener muy claro por principio la diferencia de apreciación y distingo que hay en un conflicto bélico entre un adversario uniformado y un civil desarmado. A este sujeto parecía asistirle una demencia no diagnosticada ignorando todas las “delgadas líneas rojas”. Si toda la rabia de la humanidad pudiera clamar en un solo grito al unísono, reventaría los tímpanos del creador por habernos dejado desnudos ante las fauces aterradoras de bestias tan inhumanas.

Aguinaldo ratificó la independencia de Filipinas y fue proclamado presidente. Todo el pueblo rechazó la anexión por parte de Estados Unidos

Mientras se producían refriegas a gran escala y el pueblo filipino con su líder Aguinaldo al mando rechazaba la anexión por parte de los Estados Unidos de América del norte, denunció el Tratado de Paris por el que España había vendido por 20.000.000 de dólares a los norteamericanos el conjunto del archipiélago. Aguinaldo frente a miles de irregulares, se estableció en la zona central de la isla Luzón, concretamente en Malolos y alimentó una insurrección a gran escala hoy enterrada por la historia y olvidada en los textos a pesar de la extrema crueldad con que se erradicó. Mientras tanto, los héroes españoles de Baler ("Los últimos de Filipinas") aún seguían combatiendo absolutamente aislados hasta el día dos de junio de 1899. El 23 de enero de ese mismo año, Aguinaldo ratificó la independencia de Filipinas siendo proclamado presidente de la república.

Todo el pueblo rechazaría la anexión de Filipinas por parte de Estados Unidos. Solo la inmensa superioridad norteamericana sumada a la crueldad con que se trató a los pueblos de habla Tagala, aplicada con una bestialidad contundente y pocas veces vista en la historia hasta aquel entonces, lograría vencer la tenaz resistencia de aquel pueblo siempre descalzo pero de puntería muy precisa.

La comisión Schuman

El 20 de enero de 1899, McKinley otro triste nombre para esta castigada humanidad, nombraría a la Comisión Schuman como rectora provisional del país. El 2 de junio de 1899, el Congreso de Filipinas, desde Malolos, ratificaría a Aguinaldo como primer presidente de la república y jefe del Ejército, declarando la guerra al gobierno de Estados Unidos.

McKinley que andaba escaso de azotea y era hombre de pocas luces, por no llamarlo directamente un animal de bellota, calificó a Aguinaldo como un ‘outlaw bandit’, una redundancia sin más, demostrando escasos conocimientos de su propio idioma, pues ‘bandit’ y ‘outlaw’, significaban lo mismo. No hay que olvidar que McKinley era un “prestigioso” abogado muy dado a las frases grandilocuentes cuando no directamente aterradoras. No se sabe si para bien de la humanidad, aquel sujeto que vomitaba perlas como "América, para los americanos" (desde Alaska hasta la Patagonia) fue dado de baja en este extraño lugar por un osado anarquista polaco (León Czolgosz) en paro de larga duración tal que un día seis de septiembre de 1901.

El almirante Jacob Smith cometió grandes atrocidades contra más de 200 poblaciones. Pocas veces un país había mostrado tanta crueldad

Al final, Aguinaldo seria capturado por traidores de entre sus filas y entregado a los americanos. Solo quedaba allá por el año 1902, el general Macario Sakay en la aislada área de Katagalugan al sur de Luzón resistiendo durante cinco años más. Tras una resistencia enconada y en una notable inferioridad numérica, se acogió a la amnistía que le ofrecieron; horas después, sería asesinado por un comando especial de agentes del primer Roosevelt.

Las atrocidades perpetradas por el almirante Jacob Smith, no dejando vivo ni al Tato en las más de doscientas poblaciones que cayeron en sus manos, fueron la comidilla de la prensa amarilla y de otros colores en aquella época. Pocas veces, la vesania de un país había mostrado tan descarnada y abominable crueldad.

Más de 2.000 españoles quedaron abandonados a su suerte en la jungla y unos 600.000 civiles fueron asesinados vilmente, incluidos menores

En periódicos de la tirada del New York Journal-American o el Philadelphia Ledger, los corresponsales de guerra comentaban los testimonios de un numero de oficiales con arrestos suficientes como para declarar que aquellas carnicerías rozaban lo inhumano. (Sic)…Nuestros soldados han sido implacables, mujeres, prisioneros, insurgentes, cautivos, y gentes de cualquier laya sospechosos de tener más de diez años de edad, han sido ejecutados sin mediar una oración o un mínimo de compasión. Solo se salvan los perros, siendo la orfandad numéricamente inaceptable en una atmósfera rayana con lo infernal.

Se calcula que solo en los primeros dos años de guerra (solo nos queda en la memoria el destacamento de Baler), más de 2.000 españoles quedaron abandonados a su suerte en la jungla y que unos 600,000 civiles fueron asesinados vilmente, entre ellos cerca de 150,000 niños menores de catorce años en las masacres cometidas por la soldadesca al amparo de la carta blanca del gobierno de Estados Unidos. En Luzón y Samar, en el interior de los campos de concentración donde se hacinaban miles de desgraciados, la falta de comida y atención médica, generaron una monumental sangría humana. Además, el propio cuerpo médico permitió y alentó que cientos de miles de cautivos fallecieran en una gran epidemia de cólera que fue creada por ellos mismos.

Jacob Smith en Filipinas.
Jacob Smith en Filipinas.

La bacteria Vibrio cholerae, era el deliberado contaminante del agua y los alimentos, que con el vil propósito de diezmar a la ya mermada población en lo que hoy con claridad y sin eufemismos podríamos llamar sin corsés ni ambages, una guerra bacteriológica con mayúsculas. El escándalo organizado por los atropellos y matanzas contra la indefensa población civil (una constante a través de la historia del ejército norteamericano), deja su correlato en la auditoría general que el ejército implementó argumentando que solo la “moderación” de la mayoría de los subordinados de Smith, impidió que se consolidara un completo reinado del terror en Samar. No obstante y tras el enorme seguimiento internacional, los abusos fueron considerados suficientes como para entrar en la denominación de una masacre que quedaría esclarecida como tal finalmente en marzo de 1902.

La acusación

El consejo de guerra con un volumen de pruebas abrumador, comenzó el 17 de marzo de 1902 en principio contra el mayor Littleton Waller, un subordinado del demente Jacob Smith, acusado de haber ejecutado a once filipinos amotinados. Waller no quiso justificarse o apoyarse en las órdenes de Smith para exonerarle de sus acciones, pero la fiscalía ante tanta incongruencia y testimonios sumados, decidiría llamar a Smith cometiendo este crápula claramente perjurio el 7 de abril de 1902, negando haber dado dichas órdenes verbales con el claro propósito salvar su carrera. Entonces Waller aportó el irrefutable testimonio de tres capitanes que corroboraron la versión de la conversación y órdenes recibidas, así como las copias de varias órdenes por escrito que habían recibido de aquel descastado que no había sido parido si no cagado. Waller informó al tribunal que se le había ordenado no hacer prisioneros y matar a todo quisque que pasara por delante del punto de mira de cualquier rifle o fusil.

Gracias al honroso proceder de oficiales con elevado sentido del honor y una prensa de honradez incuestionable con periodistas de raza encastrados en aquellos cenagales, la verdad se hizo luz. De esta forma la vil orden fue divulgada y llegó a oídos del gran público. Juzgado por crímenes contra la humanidad, un tribunal de guerra expulsaría del ejército a aquel mendaz, sin pérdida de grado ni paga; algo en sí, bastante sospechoso, pues sus atrocidades en Filipinas habían empañado gravemente la imagen y la reputación del Ejército de norteamericano. Para rematar, fue enterrado en el mayor cementerio del mundo -Arlington-, junto a otros militares que hicieron su trabajo, pero de otra forma.

Alma, Corazón, Vida

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