TEN MUCHO CUIDADO CON LO QUE HACES

No lo hagas: esto es lo que ocurre si espías a tu pareja en redes sociales

Casi todo el mundo le ha cotilleado un poco el perfil a su media naranja, pero cuando se convierte en un obsesión puede desencadenar en una serie de problemas que nadie quiere

Foto: ¿Qué miras? (iStock)
¿Qué miras? (iStock)

Si eres de los que le gusta 'echar un vistazo' en el móvil de su pareja para espiarla, debes tener mucho cuidado. Fisgar en un teléfono ajeno se considera un delito. Así que ten mucho cuidado con las consecuencias de tus actos. Y si te lo preguntas, sí, ser condenado a prisión es una posibilidad real en este caso.

El Código Penal español castiga el descubrimiento y la revelación de secretos como un delito contra la intimidad, basado en el derecho constitucional a la inviolabilidad de las comunicaciones y a preservar la intimidad personal. La pena impuesta como consecuencia de esta conducta puede oscilar entre uno y cuatro años de cárcel. Ya sabes, piénsalo dos veces antes de nada.

¿Sigues creyendo que es una buena idea espiar a quien más quieres? Estás metiendo la pata y te vamos a contar cómo. La tecnología ha creado la oportunidad para que desde cualquier espacio electrónico haya un ambiente de control omnipresente. Ver los movimientos bancarios, leer conversaciones o saber dónde ha estado a cada momento puede convertirte en un abusón.

Poco saludable

Algunas personas se creen con el derecho a controlar a sus parejas. Piensan que tener el consentimiento del otro es suficiente para mirar sus emails, whatsapps o perfiles de las redes sociales. Estas inspecciones psicológicas son peculiarmente dañinas en cualquier tipo de relación y provocan un desequilibrio que conduce a la destrucción de la confianza.

Tal permiso rara vez se da voluntariamente y si alguien te deja sus contraseñas seguramente sea porque se haya creado una dinámica de miedo y ansiedad a que se busque continuamente material para crear acusaciones. "Nunca me atrevería a meter en su cuenta personal para ver qué habla y con quién, pero sí reconozco que he mirado fotos antiguas suyas para ver si había coincidido con alguno de sus ex o con hombres con los que sospechaba que conocía", asegura Miguel (35 años), nombre que hemos elegido para salvaguardar su identidad a 'El Confidencial'.

Una de cada tres personas espía a su pareja en las redes sociales, según un estudio realizado por una compañía de ciberseguridad

"Estaba convencida de que mi novio me había puesto los cuernos, así que continuamente le cogía el móvil cuando no estaba e incluso me instalé su WhatsApp en mi ordenador: así podía leer todas sus conversaciones. De esa manera me enteré de que él no me engañaba, pero uno de sus amigos sí lo hacía con su novia, que además era amiga mía. Resulta que al chico le gustaba frecuentar prostíbulos, pero yo estaba atada de pies y manos. Al final se lo acabé contando a ella porque me sentía muy mal y esta, a su vez, se lo dijo a su pareja y mi chico acabó enterándose de que le había mirado las conversaciones, dejándome, como consecuencia", explica Patricia (30 años) a este medio.

Stalkear

Si tienes Instagram, Facebook o Twitter los más probable es que alguna vez hayas sido o hayas 'stalkeado' a alguien. ¿Qué es este término? Acosar o espiar (de toda la vida) a alguien en sus redes sociales. ¿Cuándo cruzamos ese límite en el que nos convertimos en algo tóxico que puede destruir la mejor de las relaciones? La nomenclatura se utiliza más cuando miras lo que está haciendo tu ex, pero también vale para novios y novias.

"Como mucho le he cotilleado alguna vez su perfil, pero nada más allá. Si ha ido con sus amigas me he metido a ver las 'stories' para saber qué hacían, sin más", explica Fernando de 24 años. "Con mi actual pareja estaba teniendo una conversación un poco subida de tono y nos estábamos mandando fotos en ropa interior. Antes había estado 'stalkeando' a mi ex y sin querer le envié una de esas instantáneas a él. Al menos no fue a mi familia", comenta Ricardo, de 30 años.

Los actos tienen consecuencias

Otros no se molestan ni en pedir permiso para vigilar ocultamente. En ambos escenarios, dentro de las relaciones abusivas, el cotilleo cibernético puede ser adictivo y peligroso. A menudo provoca emociones negativas que conducen a discusiones. Según una investigación realizada por Megan J. Brem, psicóloga de la Universidad de Tennessee, puede incluso haber violencia cuando se agrega el consumo problemático de alcohol.

Me instalé su Whatsapp en mi ordenador para ver si me engañaba y descubrí que su mejor amigo sí le ponía los cuernos a su pareja

"Lo más loco que me ha pasado es que hice una captura de pantalla de nuestra conversación con ella para enviársela a algunos amigos y comentar qué les parecía la jugada y de repente mandarle el archivo y cagarla. Tener que dar explicaciones y no saber qué decir. No se enfadó, pero quedé fatal. Además, recuerdo otra ex que me acusó de crearme un perfil falso para mirar su Instagram y decirle a sus 'followers' que era una estúpida. Fue surrealista", confiesa Sonia, de 38 años.

"Lo cierto es que nunca he espiado a mi pareja por miedo a lo que pudiera encontrar o no he tenido la necesidad de hacerlo. Creo que lo más importante en una relación es la confianza y si alguna vez tienes la mosca detrás de la oreja y tienes que mirar cosas a escondidas es que algo no funciona", concluye Mireia de 50 años. De todas formas, aunque esté mal hecho, no te preocupes, no eres el único. Según un estudio realizado por la compañía de ciberseguridad Kaspersky Lab, una de cada tres personas lo hace.

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